en Manchester  
Londres, martes 13 de noviembre de 1860  

13 de nov. de 1860.  
Querido Engels,

Por tu carta veo que tú mismo estás en apuros de dinero. No obstante, como ya no me queda nada empeñable, he de pedirte que me envíes las £5 prometidas, a ser posible en el transcurso de esta semana. El próximo sábado (17 de nov.) he de pagar 25 libras mediante letra de cambio a Hirschfeld, y aún no tengo reunido el dinero.

El libro (12 pliegos, lo que equivale a 24 páginas de impresión corrientes) estará terminado la semana próxima. He reescrito por completo la sección sobre el proceso, que originalmente solo tenía un par de páginas, a raíz de la sentencia del Obertribunal. Ahora ocupa aproximadamente 1 pliego de impresión. Todo el último pliego va en petit (apéndices). No te he enviado los pliegos sueltos, porque eso habría echado a perder el efecto total del escrito, lo mismo que el de cualquier otro. Te enviaré 6 ejemplares: 1 para ti, 1 para Lupus, 1 para Gumpert, 1 para Borchardt, 1 para Heckscher, 1 para Charley.

Tu pregunta acerca del folleto de Lommel, del que no has vuelto a saber nada «y que ha costado dinero», parece encerrar una especie de reproche hacia mí. Para empezar, aunque no haya salido ni un céntimo, no habría podido escribir el capítulo más importante para el ataque personal contra Vogt, «Agencia», sin Lommel. El hombre ha tenido que escribir al menos 40 cartas en respuesta a mis diversos cross-examinations. Además, me remitió su declaración contra Vogt, destinada originariamente a la Allgemeine Zeitung. No veo por qué personas completamente ajenas a nuestro partido hayan de estar obligadas a trabajar gratis para nosotros. Por lo demás, Petsch me dijo ayer que ya ha vendido ejemplares por valor de 2-3 libras, y el resto (acaba de publicar un nuevo anuncio en Alemania), en la medida en que no se venda, lo liquidará de todos modos en los Estados Unidos y Australia.

La opinión de que mi escrito podría colocarse en Alemania por mediación de Siebel, quien solo tiene conexiones en el ámbito de las bellas letras (quizá en 1880), la abandonarás en cuanto hayas leído el escrito. Siebel ha escrito.

En el título te he dado la razón y he puesto (ayer) «Herr Vogt». Mi mujer se oponía terminantemente y se empeñaba en «Dä-Dä Vogt», observando, con gran erudición, que hasta en las tragedias griegas a menudo el título y el contenido no muestran a primera vista conexión alguna.

No sé si has visto «Stimmen der Zeit» de Kolatschek. El artículo «Juchheisten» (en el que nuestro amigo Lassalle sale muy malparado) ofrece de hecho (aunque el asno de Kolatschek ha olvidado verlo) una revelación, a través de un hecho que comunica, sobre el motivo de Vogt para venderse a Bonaparte. A principios de 1858 se fundó en Ginebra una sociedad anónima, un banco de crédito inmobiliario cualquiera, «La Cimentaire». Aparte del director, que no es nombrado, Vogt era codirector. A finales del año 1858 los señores directores se habían comido todo el capital, bancarrota. El managing director fue encerrado. Iba a seguir un proceso criminal. Vogt, desde el Consejo Nacional en Berna, se precipita a Ginebra. Fazy hace caer el proceso. Los accionistas no reciben ni un céntimo.

Del mismo artículo «Juchheisten» (¿por qué Kolatschek, dicho sea de paso, llama a esos vendidos a los austriacos, no los llama «Juchheiten»?) veo que el «¡Juchhe! a Italia» (pues yo no podía vencerme a mí mismo hasta leer los «Estudios democráticos» de la pandilla de Vogt que Borkheim puso a mi disposición), es decir, el banquero «L. Bamberger» en París, en 1848 redactor de la «Mainzer Zeitung», asquerosa cucaracha, se ha atrevido a hablar de «comunistas a media paga». Por eso he anotado aún a última hora a ese sabihondo entre los compinches de Vogt, e intercalado asimismo un par de malos chistes sobre los demás Juchheisten, L. Simon, Hartmann (quien dijo a Borkheim en Suiza que Vogt me había matado) y H. B. Oppenheim.

Salut  
D  
K. M.