Hay que evitar a toda costa la impresión de tu folleto en Londres. He vuelto a escribir en seguida a Siebel. En primer lugar, la cosa sería confiscada de inmediato, quizá ya en la frontera o en Leipzig, y, en segundo lugar, aunque ello no sucediera, la difusión resultaría de nuevo tan pésimamente mala que nadie llegaría a ver el asunto. Con la literatura de la emigración hemos hecho ya cien veces la misma experiencia: siempre la misma ineficacia, dinero y trabajo tirados al barro, y encima el disgusto. Además, ¿de dónde va a salir todo el dinero? Según tu carta, harían falta más de 50 a 60 libras, y Lassalle no conseguirá, seguro, las 30 libras. Por lo demás, el texto tiene que estar redactado de manera que pueda imprimirse y circular en Alemania; ¿de qué nos serviría una respuesta a Vogt que nadie llega a ver? Tampoco alcanzo a comprender en absoluto por qué habría de ser necesario aquí un contenido confiscable. Incluso con las actuales condiciones de prensa siempre puedes decir lo suficiente para que los prusianos revienten de rabia, y eso es, a fin de cuentas, mejor que una satisfactio in partibus que no llega al público y que, por así decirlo, te concedes meramente en privado.

89. Engels a Marx, 15 de septiembre de 1860

Hace unas tres semanas escribí un artículo para la Allgemeine Militär-Zeitung de Darmstadt sobre el movimiento del rifle, y en la carta adjunta les dije a esos tíos que yo había participado en la campaña de Baden del lado de los insurgentes, porque con estos militares oficiales no podía navegar bajo bandera falsa. No obstante, han impreso el artículo sin problema, y ahora ha aparecido también aquí en inglés. Te lo enviaré, a ser posible, esta misma noche; no necesito que me lo devuelvas, pues dentro de ocho días recibiré mi propio ejemplar. Este contacto me es muy valioso para los asuntos militares.

El asunto de la Santa Alianza es muy funesto y ayuda enormemente a Bonaparte en Francia. El incidente con Garibaldi es la única salvación. Entretanto, siento curiosidad por saber lo que dirá la filistea liberal prusiana al verse de nuevo bajo Rusia. Hojas asquerosas como los periódicos berlineses, por cierto, no las hay en el mundo; parece que al final también a Wieselthier le han resultado demasiado. Te digo que es imposible siquiera tomar en la mano la National-Zeitung y la Volks-Zeitung; la soporífera cháchara y la fatua sabihondez le apestan a uno ya desde mil pasos de distancia.

También el señor Miquel ha perorado en la Asociación Nacional con auténtica sabiduría nacionalasociacionalista. Heinrich, en cambio, ha encontrado por fin su punto de vista.

Saluda a tu mujer y a tus hijos.

Tuyo

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