en Aquisgrán  
Londres, viernes, 7 de septiembre de 1860  

17 sept. 1860.  
9, Grafton Terrace, Maitland Park,  
Haverstock Hill. Londres.  

Querido Lassalle,

Me ha alegrado recibir por fin una señal de vida tuya, por mucho que lamente que no puedas darme noticias más favorables sobre tu estado de salud. Yo mismo padezco continuamente del hígado; no es tan doloroso como la gota (ni tan distinguido, al menos según los conceptos ingleses), pero para el trabajo intelectual quizá resulte aún más perturbador.

La demora en la aparición de mi escrito contra Vogt tiene, aparte de mis ocupaciones necesarias con trabajos urgentes, dos causas principales:

1) Quería esperar al final del proceso contra la *Nationalzeitung*, cosa que ahora he abandonado.

El proceso ha pasado por las siguientes fases: el fiscal y luego el fiscal superior rechazaron la querella porque no existía «ningún interés público» para intervenir de oficio. Vino entonces la demanda civil. El tribunal municipal dictó una «providencia» para que se rechazara la demanda, porque los pasajes injuriosos solo habían sido «citados» (lo cual, *notabene*, es falso). El *Kammergericht* declaró errónea la motivación del tribunal municipal, pero llegó al mismo resultado, porque los pasajes calumniosos no se referían a mí ni podían referirse (lo cual queda demostrado por una «cita falsa» por parte del tribunal), la *Nationalzeitung* no había tenido intención de injuriar, etc. El estilo de la «providencia» basta para demostrar el apuro de esos tipos. Ahora estamos ante el *Obertribunal*. Así pues, he enriquecido mi conocimiento de la justicia prusiana hasta el punto de saber ahora que depende de los funcionarios judiciales que un particular pueda llegar siquiera a un proceso público. Pues todas estas providencias no son más que «algo provisional» para impedirme de entrada comparecer públicamente ante el tribunal con la *Nat. Z.*

El consejero de justicia Weber, que no parecía saber nada de mis relaciones amistosas con el gobierno prusiano, se lleva las manos a la cabeza en sus cartas sobre estas «inexplicables» providencias.

Sabes que entablé el proceso contra la *Nat. Z.* antes de estar en posesión del libro de Vogt. Sin embargo, había acertado, porque la *Nat. Z.*, con un tacto digno de reconocimiento, había resumido todas y cada una de las calumnias jurídicamente perseguibles (hablo aquí de calumnias en el sentido del *Code*: no quería atacar judicialmente las meras injurias de esos tipos) del engendro de Vogt, y en algunos puntos incluso las había agravado. Pero me encontraba en la situación de no poder exigir del adversario la prueba de la verdad en cada punto concreto, sino de tener que aportar yo la prueba de la falsedad. Única excepción: las cientos de cartas amenazadoras con fines de extorsión de dinero enviadas a Alemania. Aquí era, naturalmente, asunto de la *N.Z.* hacerse enviar por el amigo Vogt una de esas cartas amenazadoras. Así pues, los tribunales vieron que tan pronto como el asunto llegara al procedimiento público, la *N.Z.* tendría que ser condenada, y esto, y más aún una victoria judicial por mi parte, iría sin duda «contra el interés público». El «*Obertribunal*» encontrará alguna nueva artimaña. De todos modos, los prusianos me ponen así en las manos un material cuyas agradables consecuencias habrán de notar pronto en la prensa de Londres.

2) Esta es la dificultad con la que ahora se estanca el asunto: los libreros. En Prusia no puede publicarse la cosa sin más, ya que ciertos pasajes relativos a Stieber, etc., acarrearían al librero un proceso. En Hamburgo y otros lugares he negociado hasta ahora en vano. O bien esos tipos no quieren entrar en el asunto de ninguna manera, o bien se permiten condiciones relativas al tono y al contenido del escrito que, naturalmente, no puedo aceptar. O. Meißner habría tomado el asunto si no hubiera publicado antes los *Demokratischen Studien*, en los que, aparte de ti y de Grün, han colaborado Vogt con toda su parentela, Bamberger, Simon, etc.

Lo mejor sería imprimir aquí el trasto y hacerlo distribuir al continente por medio de un librero alemán de aquí (como hizo Vogt desde Ginebra). Pero yo no tengo, como Vogt, subsidios bonapartistas para hacer imprimir aquí el folleto de 12 a 15 pliegos.

Así están las cosas. Comprenderás que no procedo contra Vogt de la manera suave que los libreros alemanes desean frente al señor profesor. Lo trato como canalla y como figura cómica, es decir, conforme a su esencia.

También he recibido multitud de preguntas de Suiza y América sobre la publicación de ese mamarracho.

Mi mujer te envía sus mejores saludos. Hace muchos meses que evito ver a Freiligrath, porque no quiero tener ningún encuentro desagradable con él; por otra parte, la consideración cobarde (por mor de su conexión comercial con James Fazy, que es su principal) en un momento decisivo no podía convenirme. (Pero sobre todo encontré impropio que él continuara su trato íntimo con Blind después de que yo le demostrara con documentos judiciales que Blind había sonsacado fraudulentamente al cajista Wiehe, en circunstancias agravantes, un falso testimonio destinado a la publicación en la *A.Z.* (en relación con la hoja volante: «*Zur Warnung*»).) No obstante, ante el mundo seguimos siendo, como antes, «amigos». Pero el trato familiar se ha interrumpido por completo. Mi mujer es, como sabes, de naturaleza enérgica.

Espero que pronto me des mejores noticias de ti mismo.

Salud  
Tu  
K. M.