Londres, viernes, 1 de junio de 1860  

1 de junio de 1860  
A Fischel. Muy señor mío,  

Vengo padeciendo desde hace 3 semanas una afección hepática que me ha hecho imposible todo escribir y trabajar, y de la que aún no estoy restablecido del todo. Con ello he incurrido en tal retraso con mis trabajos, que para las próximas semanas estoy completamente absorbido y, por tanto, bajo ninguna circunstancia puedo empezar a enviar correspondencias de inmediato para el nuevo periódico. ¿No podría usted remitirme 1 o 2 números del mismo para echarles un vistazo? ¿Y asimismo instruirme acerca de los principales *managers* de la nueva empresa? El elemento negro‑rojo‑dorado es un color que ahora, frente al extranjero, puede ser empleado con cierto efecto.  

Le recomiendo como corresponsal en Ginebra para el periódico al señor Georg Lommel, 85, rue du Nord, Café Court, Ginebra. Ginebra es hoy un foco principal de la intriga bonapartista, y Lommel está bien informado. Estoy convencido de que aceptará una correspondencia en condiciones muy moderadas.  

*Ad vocem* Abel: Mi más sincero agradecimiento por este descubrimiento. ¿Quién es Abel? Me haría usted un gran favor con algunos detalles más precisos, y, por cierto, me interesaría obtener noticias lo más pronto posible.  

Probablemente ya le habré comunicado que el fiscal jefe «Schwarck» ha confirmado el rechazo de mi querella por calumnia por parte del fiscal, por no existir ningún «interés público». De modo que ahora proseguirá la demanda civil.  

Habrá visto usted por los periódicos que el caballero industrial judío Reuter, propietario de la agencia telegráfica de Londres, fue presentado a la reina. La cosa es sencilla. El factótum de Reuter —él mismo apenas sabe escribir ortográficamente— es el refugiado vienés Sigmund Engländer. Este Engländer fue antes, en París, colaborador de una correspondencia litográfica dirigida bajo los auspicios del entonces ministro de policía; al mismo tiempo, espía francés. Al comienzo de la guerra de Oriente fue expulsado de París porque se había descubierto que era espía ruso. Vino luego a Londres, donde finalmente entró al servicio de Reuter, con quien ya antes estaba en contacto. Puesto que Reuter, por medio de su agencia telegráfica, domina toda la prensa europea, y la legación rusa, por medio de Engländer, domina la agencia telegráfica, comprenderá usted por qué Pam presentó a Reuter a la reina. En relación con esta presentación está, según sé, la entrada de Rusia en la conexión telegráfica austro‑prusiana. He comunicado los hechos a Collet. Quizá usted, por su parte, pueda hacer uso de ellos.  

Suyo, muy atentamente,  
K. Marx  

De los folletos de Engels, salvo un ejemplar, no ha llegado nada todavía, ni a Engels ni a mí. Parece, además, que el señor librero ni siquiera ha hecho el habitual anuncio de librería en los periódicos.