Querido Mohr:

Adjunto te devuelvo a Ephraim Gescheit. Su plan por tu causa es realmente descabellado. Tú no puedes, por lo demás, declarar absolutamente nada sobre lo ocurrido en Colonia. Sin embargo, Ephraim sí podría ser de utilidad en este asunto; al menos tiene más agallas que las propias viejas implicadas en Colonia, que prefieren soportarlo todo pasivamente. También habría que intentar si desde Colonia no se podría hacer algo, después de todo.

En lo que respecta a Fischel, habrá probablemente que cantarle las verdades al barquero y darle cierta aclaración sobre hasta qué punto la palabra «reaccionario» se le ha convertido en una mera frase. Ocasionalmente, también podrías inducirlo a que explique por qué él, Ephraim el Profundo, coincide en realidad con nosotros y con Fischel en el «antipalmerstonianismo». Por lo menos no se ve hasta qué punto. La riña privada berlinesa entre Lassalle y Fischel no puede importarnos, y F. se ha portado demasiado bien como para que nosotros le abandonemos de algún modo por complacer a L. Por supuesto, no habrá más remedio que dar al oscuro Heráclito algunas indicaciones misteriosas de que en política exterior no se logra nada con el término «reaccionario», y de que en este terreno son utilizables asnos aún mucho mayores que Fischel, con tal de que sepan dónde Barthel va a buscar el mosto. ¡Cómo se escandalizaría nuestro pensador revolucionario de amplio alcance y práctico demócrata cortesano prusiano real si oyera que Urquhart quiere acrecentar el poder de la Corona! Por lo demás, en este campo separado de la foreign policy es posible una separación especulativa tan bonita de la política interior, que seguramente te divertirás aclarándole que lo subjetivamente reaccionario es esta vez lo objetivamente revolucionario en política exterior, con lo cual el hombre se quedará tranquilo. Désele a este hombre una transición y quedará teóricamente satisfecho, por mucho que prácticamente tenga que irritarle nuestra conexión con Fischel, tanto más cuanto que sabe que él se ha encargado de mi folleto.

También podrías hacerle notar a ese hombre que se ha obrado de un modo muy revolucionario al quitar o dejar quitar a los alemanes, bajo sus pies, su mejor tierra y suelo y sus condiciones nacionales de existencia, con el pretexto de que los actuales detentadores del poder sobre esa tierra y suelo son reaccionarios, y luego contar con la revolución. Tampoco estaría de más alguna alusión a la superstición sobre la iniciativa revolucionaria de los Crapauds. Todo ello en el estilo acostumbrado, lleno de insinuaciones, de modo que tenga para roer durante cuatro semanas, y el asunto quede zanjado con un manuscrito de cuatro pliegos al que, a su vez, no contestarás.

Mi viaje de ida el sábado fue muy útil. Enseguida el domingo me enteré de todo tipo de cosas importantes para la negociación, y ahora tengo que estudiar el proyecto de contrato.

Saludos cordiales a tu mujer y a los niños. Siebel quiere irse.