en Saint Hélier  
Londres, lunes 16 de abril de 1860  

16 de abril de 1860.  

9, Grafton Terrace,  
Maitland Park, Haverstock Hill,  
Londres.  

Muy estimado señor general:  

En interés de un escrito que publico sobre los manejos bonapartistas, me tomo la libertad de dirigirme también a usted, como a uno de los más valientes paladines de la libertad europea. Durante la última guerra italiana, emitió usted una declaración en la que mostraba haber calado la patraña y, en consecuencia, se retiraba oportunamente —prueba fehaciente de la superioridad de usted sobre el comediante Kossuth y sus sicofantes— del escenario. Por desgracia, he extraviado esa declaración. Por ello me dirigí a Szemere, en París. Él me remitió a usted. Si tuviera usted, pues, la bondad de enviarme esa declaración en copia, junto con aclaraciones sobre el engaño perpetrado contra los húngaros en Italia, prestaría usted un servicio a la buena causa.  

Ya en el verano de 1859, en artículos que hice publicar en la New York Tribune y en la London Free Press, señalé su nombre como el único de la emigración militar húngara que no pertenecía ni a los comprados ni a los embaucados por la diplomacia francorrusa, ni se dejaba imponer por las fantasmagorías de Kossuth, y de buen grado le asignaría a usted el merecido lugar de honor en el nuevo libro que proyecto.  

Me tomo la libertad de recordarle que ya en 1848/49, como redactor jefe de la «Neue Rheinische Zeitung», fui en Alemania el más decidido paladín de la Hungría revolucionaria. Sigo considerando hoy, como entonces, la independencia y la autonomía de Hungría como conditio sine qua para la redención de Alemania de la servidumbre. Pero con igual determinación rechazo los empeños que quieren degradar las nacionalidades a manto encubridor de intrigas moscovita-decembristas.  

Con la más distinguida consideración,  
su muy atento y seguro servidor,  
Dr. Karl Marx