A G. Lommel. (Ginebra)
Ciudadano:

Siebel, a quien vi hace un día o dos en casa de Freiligrath cuando regresaba de Suiza, me ha informado de que una carta que yo envié desde Manchester el 26 de febrero a los redactores de la «Neue Schweizer Zeitung», y que iba dirigida a usted, ha caído en manos de Brass. En efecto, me habían dicho que usted era el redactor de la «Neue Schweizer Zeitung», periódico que nunca he visto. En esa creencia le escribí a usted, pues su nombre me era conocido por haber figurado con tanto mérito en los anales de la revolución. Al señor Brass no le habría escrito.

Lo que quería de usted era averiguar algo acerca de las actividades de Vogt. Sobre las actividades de V. y de otros agentes bonapartistas me ha estado llegando material de personas pertenecientes a las emigraciones de diversos países y a las diferentes corrientes de pensamiento dentro del partido revolucionario. Pero yo deseo proceder con discernimiento y con un estricto respeto a la verdad. Una contribución suya, con su conocimiento íntimo de cómo están las cosas en Suiza, sería por tanto del máximo valor para mí.

En cuanto a su libro *Hinter den Coulissen*, del que Siebel me entregó un ejemplar, lo encontré sumamente interesante y creo que es importante que aparezca la segunda parte. Para esta última, tal vez pudiera conseguirle aquí un librero financieramente fiable. En lo tocante a la primera parte, creo que podría colocar 300 ejemplares a 1 franco cada uno, en parte mediante venta directa en las diversas sociedades de Londres y en parte a través de libreros. Pero primero tendrían que estar aquí los ejemplares. Si esto le conviene, envíe los ejemplares a los libreros «Petsch, etc., London».

Por último, tengo una propuesta más que hacerle. Mi amigo J. Weydemeyer (antes co-redactor de la *Neue Deutsche Zeitung* de Fráncfort) ha dejado su puesto de subagrimensor en el estado de Wisconsin a petición de la Liga de los Trabajadores de los Estados Unidos (que ha trasladado su sede de Nueva York a Chicago), para hacerse cargo en Chicago de la redacción de *Die Stimme des Volks*, periódico diario fundado por el Club de Trabajadores y de Gimnasia. Él me ha pedido que busque corresponsales en Europa, y así lo he hecho aquí, en París y en Berlín. Me tomo la libertad de invitarle a usted a actuar como corresponsal para Suiza, por de pronto sobre la base de una contribución semanal. Honorarios: 2 dólares (10 francos) por artículo; los pagos, como cabe esperar de un periódico de este género y particularmente al comienzo, serán modestos por el momento, pero mejorarán a medida que el periódico crezca. Hasta ahora no ha habido más que un diario en el estado de Illinois, la *Staatszeitung*. Día a día, sin embargo, Chicago se convierte cada vez más en el centro de todo el Noroeste de América, donde hay una población alemana muy numerosa. Puedo garantizar un pago puntual. Si acepta esta propuesta, tenga la bondad de empezar inmediatamente esta misma semana y de comunicármelo. La dirección es:

. Weydemeyer, a cargo de Chicago Arbeiterverein, Apartado 1345, Chicago (Illinois), Estados Unidos.

Volviendo a Vogt, habrá usted visto una declaración mía (principios de febrero) en varios periódicos alemanes, en el sentido de que responderé a su libelo una vez resuelta la acción por difamación que he entablado contra la *National-Zeitung* de Berlín por haber reproducido fragmentos del engendro de Vogt.

En las págs. 180-181 (cf. el pasaje) Vogt habla de una «conspiración» que desbarató en la fiesta de los trabajadores de Lausana. ¿Puede darme alguna información sobre esa baladronada? El pasaje dice lo siguiente: «°? ¿Cuál es la verdad del asunto?»

Por último, me tomo la libertad de señalar que el relato que usted me hiciera sobre las actividades de Vogt, y que podría enviarme en forma de carta —con lo cual se hallaría usted en la muy honrosa compañía de otros refugiados (aunque no pueda aparecer hasta más tarde a causa del pleito de Berlín)—, figuraría en mi folleto como una sección autónoma, aportada por usted, y yo, naturalmente, le transferiría los honorarios por pliego que el editor me pague por la sección que usted hubiera aportado. Digo esto porque sé muy bien lo que es ser un refugiado, pues yo mismo he vivido en esas condiciones casi ininterrumpidamente durante diecisiete años, y sería de lo más injusto que uno de nosotros aceptase un pago de un editor a expensas de otro. Debido al pleito de Berlín, y también porque el ataque principal de Vogt, etc., se dirige contra mí, mi folleto tendrá una gran demanda y encontrará un buen editor en Alemania. Uno se inclina a preguntarse si no sería deseable, en interés de la causa, una concentración de fuerzas atacantes. Sobre ese punto será usted, por supuesto, su único juez, y bajo ninguna circunstancia debe usted malinterpretar mi manera franca de hablar.

Con saludos fraternales, suyo,
K. M.

Cuando me escriba, dirija sus cartas a: A. Williams, Esq., 9 Grafton Terrace, Maitland Park, Haverstock Hill, Londres.