Mi más sincero agradecimiento por sus gestiones con Duncker respecto a mi folleto. Habría aceptado el arreglo de figurar con mi nombre si no hubiera sido porque entretanto otro editor ya había aceptado (es probable que el asunto ya esté publicado cuando llegue esta carta) y porque me interesa que el «autor de Po y Rin» se forje primero una posición en la literatura militar antes de presentarse oficialmente (es decir, en la portada) como civil ante los tenientes. Su argumento de que usted nos convencería con toda seguridad, y que, por ello, considera que es de nuestro interés no comprometernos con nuestro nombre en nuestra concepción hasta ahora expuesta sobre los asuntos italianos, tiene ciertamente un valor subjetivo decisivo, como también podemos asegurarle que estamos igualmente seguros de convencerle a usted, tanto más cuanto que nuestra concepción se basa en un estudio minucioso de un material diplomático que, al menos en algunos puntos, está bastante completo en Londres, pero que en Berlín seguramente no está a disposición del público (y en gran parte ni siquiera existe en Berlín).

Marx recibió anteayer su carta y contestará; entretanto, adjunto le envío el anteriormente olvidado «Ritter vom edelmüthigen Bewußtsein».

A propósito. Hace unos días recibimos una carta de Nothjung. A este pobre diablo, tras su liberación, le han declarado la pérdida de su derecho de vecindad en Mülheim «por largos años de ausencia» (!!!) y le han prohibido dejarse ver a menos de cinco millas de Colonia. Se ha hecho fotógrafo en Breslau y ha obtenido allí, con mucho esfuerzo, el derecho de residencia. Ahora tiene que pagar el impuesto de entrada, el impuesto de establecimiento y otras x historias que solo aparecen en los diccionarios prusianos. Puede usted imaginarse que el pobre muchacho, después de un largo arresto que, encima, le ha dejado sin patria (¡en qué país ocurren tales cosas!), no está en condiciones de hacerlo, y con las alegres leyes que allí aún imperan no puede existir sin cumplir con todos esos trámites. ¿No sería posible hacer algo allí por él? Antes de 1848, tales cosas eran inauditas en la provincia del Rin, e incluso los burgueses que contribuyeron a imponernos esas leyes vergonzosas están obligados a ayudar a un pobre diablo como él. Sin patria por largos años de ausencia en una fortaleza prusiana... ¡cuénteselo usted a un inglés! Su dirección es: P. Nothjung, fotógrafo, Zwingergasse N° 7, en el establecimiento de baños. Con sus conexiones en Breslau le será fácil hacer algo por él. Por lo demás, nuestro exsastre se ha ido formando muy bien en la universidad de la fortaleza, según parece, y escribe de manera muy civilizada.

Ahora escribo pequeñas cosas sobre la nueva organización militar prusiana, y se las he ofrecido a Duncker.

Tout à vous

F. Engels.

Para que no se me olvide: Marx ha escrito al lobo rojo, pero no hemos sabido nada de él en años. Entretanto, Vogt ha vuelto a cenar con el homme entretenu & swindler Klapka en casa de Plonplon.

Abro de nuevo la carta, que ya había cerrado sin el «Caballero», para decirle que no podemos encontrar el único ejemplar que aún quedaba aquí de la cosa; alguien debe de habérselo llevado. Marx todavía tiene algunos en Londres y escribe que nos enviarán enseguida algunos, tras lo cual le remitiremos uno inmediatamente.

Me haría usted un gran favor si me enviara por correo urgente y sin franquear algunos números de la Volksztg. y de la Nationalztg. en los que se trate de la organización del ejército, así como también 1 o 2 pequeños folletos publicados allí sobre el tema —todo puesto en una sola faja de correo—. De lo contrario, tarda una eternidad en llegarme el material, y los periódicos no los veo de ninguna otra manera.