6, Thorncliffe Grove,
Oxford Road, Manchester.

Muy señor mío:

He recibido su carta del 22 de febrero y le doy ante todo mi mayor agradecimiento por haber aceptado mi mandato.

Convengo plenamente con el modo y manera de tratar el asunto. Aun cuando uno de los puntos de acusación por mí mencionados no tuviera éxito jurídico por razones formales, es en cualquier caso de la mayor importancia para el público que sea presentado.

Me permito, a modo de comentario de los anexos adjuntos y para la definitiva ejecución de mi información, añadir algunas glosas marginales adicionales, advirtiendo previamente que, como no poseo copia de mi carta a Vd. expedida el 13 de febrero, la numeración de los puntos de acusación corresponde a mi última carta del 24 de febrero.

ad IV. ad vocem Cherval.

Por las *Enthüllungen über den Communistenprozess zu Köln* que le he remitido habrá visto usted que el señor Karl Schapper era uno de los dos jefes de la fracción de la Liga de los Comunistas que en 1850 estaba enemistada conmigo, a la que yo acusé de haber creado, mediante una falsa interpretación del fin de la sociedad secreta entonces existente —la cual, según mi convicción, debía difundir ideas pero mantenerse alejada de toda y cualquier actividad conspiradora—, tanto por boca de los abogados en la audiencia de Colonia como más tarde en mi folleto arriba mencionado publicado en Suiza y América, de haber proporcionado a Stieber y a sus agentes los pretextos para sus maniobras policíacas, y haber dado así lugar a la persecución judicial de mis amigos en Colonia.

Por muy duro que tuviera que ser para el amor propio del señor Schapper confesar judicialmente sus errores, yo sabía, no obstante, que era un hombre de honor (fue corrector de la *Neue Rheinische Zeitung* 1848-1849), y por eso le rogué en una carta desde aquí que prestara su declaración jurada sobre este punto ante un magistrado de Londres. Inmediatamente correspondió a mi expectativa. (Véase Anexo a) (Traducción: Anexo f. 1).

El señor Schapper, lo mismo que yo, se ha retirado de toda agitación desde hace muchos años.

La declaración jurada de Schapper despeja también la última incertidumbre acerca de mi relación con el miserable Cherval, sobre la cual, por lo demás, la *Nationalzeitung* no podía abrigar duda alguna si hubiera examinado, aun superficialmente, las vistas públicas del proceso de los comunistas de Colonia (octubre y noviembre de 1852), que fueron reproducidas en los periódicos prusianos más importantes. Pero ése era su deber antes de lanzar contra mí una acusación tan infamante. Tanto más era su deber cuanto que ella misma, en sus artículos de fondo, mencionó repetidamente dicho proceso. La declaración jurada de Schapper prueba que Cherval nunca estuvo ligado a mí, sino únicamente a mis adversarios de entonces. Acerca de Cherval puedo añadir todavía lo siguiente:

De una vieja carta que escribí a Friedrich Engels en Manchester (28 de octubre de 1852), y que él ha conservado, entresaco el siguiente pasaje:

“Que Cherval es espía policial se prueba por lo siguiente:

En primer lugar: Su asombrosa fuga de la cárcel de París inmediatamente después de la condena;

En segundo lugar: Su estancia no molestada en Londres, a pesar de ser un vulgar delincuente;

[2] En tercer lugar: El señor de Rémusat (he autorizado a Schneider II a nombrarlo en caso necesario) me hizo saber que Cherval se le había ofrecido como agente para los príncipes de Orleans. Que, en consecuencia, había escrito a París y recibido los siguientes documentos (que me mostró en copia), de los cuales resulta que Cherval fue primero agente de la policía prusiana y ahora es bonapartista.”

El contenido del pasaje citado será testimoniado por el abogado señor Schneider II de Colonia, si usted considera necesario citarlo como testigo a Berlín. El señor de Rémusat mencionado en el extracto de la carta a Engels fue, si no me equivoco, ministro bajo Luis Felipe, en todo caso uno de los diputados más destacados de la época de Luis Felipe y uno de los escritores más importantes del llamado partido doctrinario de aquel período.

ad II. (ad vocem: dinero para el periódico “*Volk*”)

Le envío, Anexo b (Traducción: Anexo f 2), mi propia declaración jurada sobre el origen de los fondos que puse a disposición del “*Volk*”.

Como tengo que permanecer algún tiempo en Manchester, porque mi procurador para el juicio por difamación contra el *Daily Telegraph* de Londres vive en Manchester, tuve que prestar la declaración jurada ante un *Justice of the Peace* (juez de paz) de Manchester. Por eso, de acuerdo con la ley inglesa, no lleva sello.

ad I no tengo nada que añadir.

ad III observo:

En lo tocante a mi “conexión” con la “policía secreta”, yo podría hacer comparecer como testigo a mi cuñado, el ex ministro prusiano von Westphalen. Mi mujer, hermana suya, desea sin embargo, si no es necesario, evitar ese escándalo familiar. Por tanto, debo dejar eso por completo a su discreción.

El Anexo c (Traducción: Anexo f, 3) contiene una declaración jurada de G. Müller, presidente de la pública “Asociación de formación obrera” alemana de Londres. Ésta es la única asociación obrera (aparte de la mencionada sociedad secreta, “Liga de los Comunistas”, disuelta a propuesta mía en noviembre de 1852) a la que yo pertenecí en Londres desde mi llegada allí (septiembre o agosto de 1849) hasta mi retirada de la misma, anunciada por mí públicamente entonces en diversos periódicos alemanes (también en el *Londoner Deutschen Zeitung* entonces existente) a mediados de septiembre de 1850. Es, en general, la única asociación obrera alemana con la que jamás tuve relación alguna durante mi estancia en Londres. En su fiesta de fundación (6 de febrero de 1860), esta asociación (precisamente ese día había aparecido la reproducción de los artículos de la *Nationalzeitung* en el periódico londinense *Daily Telegraph*) adoptó por unanimidad un acuerdo en favor mío y contra Vogt, a pesar de que llevo diez años alejado de ella.

Este acuerdo lo ha hecho levantar en forma judicial en Londres el presidente de la misma, como usted ve por el anexo.

ad V. Adjunto el artículo del *Daily Telegraph* que parafrasea a la *Nationalzeitung* (bajo el Anexo d); igualmente la respuesta del corresponsal (berlinés) del *Daily Telegraph* dada a consecuencia de mi reclamación (bajo el Anexo e), cuya traducción he dado en mi carta del 24 de febrero.

Considero ya del todo superfluo mencionar en modo alguno el nombre de mi amigo Ferdinand Freiligrath en el curso del proceso, con la única excepción de la carta a F. Engels fechada el 19 de noviembre de 1852, que le adjunté en mi carta del 24 de febrero. Considero esta carta esencial para la constatación judicial de los hechos.

Adjunto a esta carta, además de la subsiguiente información complementaria, los siguientes anexos:

Anexo a: Declaración jurada de Schapper; b) Mi propia declaración jurada; c) Declaración jurada de G. Müller; d) *Daily Telegraph* del 6 de febr., pág. 5, columna 1, artículo titulado: “*The Journalistic Auxiliaries of Austria*” (“Los auxiliares periodísticos de Austria”); e) *Daily Telegraph* del 13 de febrero, pág. 2, columna 6, bajo el encabezamiento *Germany*. (*From our own correspondent*) *Frankfort on-the-Maine, Feb. 8*); f) Traducción de las 3 declaraciones juradas; g) “*Der Ritter vom edelmüthigen Bewußtsein*”. Impreso. Nueva York. Diciembre 1853; h) Carta de Flocon, miembro del gobierno provisional, París, 1 de marzo de 1848; i) Carta de Lelewel, Bruselas, 10 de febr. de 1860; k) 1) Carta de L. Jottrand, Bruselas, 19 de mayo de 1849, y 2) Carta del mismo, Bruselas, 25 de febr. de 1848; l) 1 ejemplar de “*Zwei Politische Prozesse. Verhandelt vor den Februar-Assisen in Köln*. Colonia. 1849”; m) Carta de Ernest Jones. Londres. 11 de febr. de 1860; n) Carta del *Sheffield Foreign Affairs’ Committee*. 5 de mayo de 1860, Sheffield; o) Carta de David Urquhart. Glasgow. 9 de dic. de 1854; p) Traducción de los anexos m), n) y o).

El único documento que aún he de enviarle es una carta del redactor de la *New York Tribune* —carta que espero de día en día— sobre mi relación con este periódico, que se halla a la cabeza de la prensa anglo-americana, desde mediados de 1851 hasta este momento.

Con la mayor consideración,
su muy atento y seguro servidor,
Dr. Karl Marx

Información complementaria

Se sobreentiende que en un proceso contra la *Nationalzeitung* yo tocaré únicamente los puntos del libelo de Vogt que la propia *Nationalzeitung* ha incorporado en sus artículos de fondo, ya sea por simple reproducción, ya sea por glosas marginales; y también, en lo que respecta a la *Nationalzeitung*, solo aquellos puntos que son punibles jurídicamente. Todo lo demás debe reservarse para mi respuesta literaria a Vogt, que solo podrá aparecer después de concluidas las vistas judiciales.

Esta información complementaria persigue, por tanto, únicamente lo siguiente:

1) Añadir, para una eventual réplica contra el abogado adversario, algunas observaciones sobre aquellos pasajes de la *Nationalzeitung* que para la querella misma son del todo indiferentes;

2) Como yo mismo soy hijo de un abogado (el difunto consejero de justicia Heinrich Marx, de Tréveris, quien durante mucho tiempo fue *bâtonnier* del colegio de abogados de allí y se distinguió tanto por la pureza de su carácter como por su talento jurídico), sé cuán importante es para un abogado concienzudo estar completamente en claro sobre el carácter de su cliente. Verá, además, que algo de lo aportado para el punto 2) puede ser ventajosamente utilizado durante las vistas.

ad 1

Se dice en la *Nationalzeitung*, después del pasaje por mí citado en la carta del 24 de febrero sub III: (núm. 37 de la *Nationalzeitung*, columna II, línea 65 y ss. desde arriba):

“Para mayor caracterización, Vogt comunica, entre otras cosas, una larga carta del ex teniente Techow del 26 de agosto de 1850, en la que etc.”

Ahora bien, esa carta no contiene en absoluto nada, ni una sola línea —como el lector que solo lee la *Nationalzeitung*, y no el propio libelo de Vogt, podría fácilmente verse tentado a creer— de lo que inmediatamente antes la *Nationalzeitung* afirma con y según Vogt, a saber: de “compromisión de personas en la patria para extorsionarles dinero mediante la amenaza de denuncia”, de “conexión con la policía secreta en Francia y Alemania” y cosas por el estilo.

Todo lo que Techow dice, en realidad, es que bebió conmigo, con Engels y con Schramm (fallecido posteriormente, entonces (1850) gerente de la revista que Engels y yo publicábamos en Hamburgo), y que tomó por la más solemne seriedad las bromas que le gastábamos, porque él quería impresionarnos haciéndose pasar por muy serio y dándose importancia como enviado de una sociedad secreta en Suiza. Esto se refiere a la parte teórica de su carta, en la que describe su conversación con nosotros (que jamás tuvo lugar así) con los más extraños malentendidos y las más cómicas falsificaciones. Nadie esperará de mí, que hace más de quince años ha hecho imprimir sus opiniones en alemán, francés e inglés, que entre seriamente en un informe sobre mi teoría de parte de un ex teniente que en toda su vida sólo pasó conmigo un par de horas, y precisamente en una taberna. La ambigüedad y mala fe del señor Techow en aquel entonces se desprenden claramente del hecho de que, anteriormente, desde Suiza atacaba a Willich ante mí y ante Engels (véase el anexo g: «El caballero de la conciencia generosa», pp. 3, 4), y más tarde, en su carta ahora publicada, se dedicaba a colportear sin más las imaginaciones de Willich (Willich se movía entonces en la más loca imaginación sobre la importancia de su propia persona y las trampas que le tendían supuestos rivales) y las calumnias contra mí, aunque, naturalmente, después de unos pocos días de estancia en Londres y de trato exclusivo con nuestros enemigos de entonces, con el más mínimo grano de entendimiento hubiera tenido que comprender que no estaba autorizado para formarse juicio alguno en ningún sentido.

Hasta ahora sólo he hablado de la parte, por así decir, teórica de la carta de Techow (reproducida por Vogt, naturalmente ignoro si sin falsificaciones, pp. 142 ss.).

Paso ahora a la parte agravante de la carta, en la que habla del duelo de mi difunto amigo Conrad Schramm con Willich. Si la Nationalzeitung hubiera reproducido la carta, habría insertado yo una carta de Schramm en la que, mucho después del duelo, me reprochaba estar influido por Willich, porque yo, aunque en vano, había desaconsejado a Schramm el duelo. Aquí basta simplemente con remitir al anexo g, pp. 5-9. (Cuando esto apareció en Nueva York en diciembre de 1853, ambos, Willich y C. Schramm, se encontraban en América.)

Respecto al folleto (anexo g), será necesario aportar algo concerniente a la historia de su génesis.

En diciembre de 1852, pocas semanas después de finalizar el proceso de los comunistas de Colonia, envié el manuscrito de mis «Revelaciones» sobre dicho proceso a Basilea, al librero Schablitz. Tras meses de demora en la impresión, cometió S. tales tonterías en el envío que toda la tirada expedida a Alemania fue confiscada en la frontera de Baden. A consecuencia de este suceso, envié el manuscrito a los Estados Unidos de Norteamérica, donde apareció en Boston, en marzo de 1853, primero en la Neu-England-Zeitung en números sucesivos, y luego fue impreso como folleto independiente.

Simultáneamente con la aparición de las «Revelaciones» en América, apareció allí el señor Willich junto con Kinkel, ambos en interés de un empréstito para la revolución, ya que según las opiniones que Kinkel hacía imprimir por entonces en los periódicos alemanes de América, «las revoluciones son tan fáciles de hacer como los ferrocarriles», con tal de que se disponga del «dinero necesario». Era esa clase de necedades a las que yo me oponía decididamente. Willich, tras la publicación de las «Revelaciones» en América, esperó por lo menos 4 meses y publicó luego una réplica en el «Kriminalzeitung» de Nueva York. Contenía las mismas calumnias y necedades que la carta de Techow. (En realidad, en 1850, Techow no había hecho más que escribir a Suiza lo que Willich le había soplado al oído en Londres y lo que Willich hizo imprimir en Nueva York en 1853.) Tanto más obligado estaba a responder cuanto que ya entonces ocupaba una posición pública y reconocida en la prensa angloamericana, a raíz de mis artículos en la New York Tribune. Decidí, sin embargo, despachar el asunto de manera adecuada, pero en tono jocoso, como luego ocurrió en «El caballero de la conciencia generosa». Techow, naturalmente, podía responder, al igual que Willich, pero ambos consideraron más prudente callar, sin romper su silencio durante 7 años hasta ahora.

¡Cuán pérfida y estúpidamente, pues, la Nationalzeitung (que solo busca vengarse de la crítica que le dediqué en 1848-49 en la Neue Rheinische Zeitung) presenta al público, como verdad auténtica, un chisme que hace ya mucho tiempo fue refutado públicamente!

Por lo demás, al llegar a Londres el libro de Vogt, le remití el libro, junto con una carta, al señor Techow a Australia, y probablemente dentro de 4 meses podré presentar al público su respuesta.

La historia siguiente de la publicación de esta carta es, por lo demás, característica para Vogt.

El abogado Schilly, de París, me escribe a este respecto en una carta fechada en París el 6 de febrero de 1860:
«Esta carta (a saber, la de Techow) pasó por diversas manos hasta que finalmente llegó a las mías, donde quedó depositada, hasta que, a consecuencia de mi expulsión de Suiza (verano de 1851), pasó a posesión de Vogt por medio de Ranickel (un obrero que estaba en contacto con Willich). En efecto, yo no pude ordenar mis papeles, pues fui detenido en las calles de Ginebra, donde me hallaba residiendo forzosamente, sin previa orden de expulsión ni notificación alguna, y de inmediato fui trasladado de un lado a otro, pasando por diversas estaciones carcelarias, primero a Basilea y luego más lejos. Mis amigos me ordenaron los papeles, tarea en la que estuvo especialmente activo Ranickel, quien de ese modo pudo apoderarse de aquel escrito… Más tarde, desde Londres, reclamé por escrito a Ranickel dicho escrito, pero no lo obtuve. Como hombre de especial confianza de Willich (había vivido antes con él en Besançon), bien podía tener otros proyectos o instrucciones.

Se dice que Ranickel tiene ahora un brillante establecimiento como encuadernador y, además, la clientela del Gobierno de Ginebra (a cuyo frente está Fazy, patrón de Vogt)… Junto a su idolatría por Willich, Ranickel era el correveidile de Vogt.»

Por este honrado camino ha obtenido el señor Vogt esa carta de Techow.

Le ruego que no mencione el nombre de Schilly, en caso de que llegue a tratarse este punto, pues Vogt, como agente bonapartista, tiene poder suficiente para hacer desterrar a Schilly de Francia.

Sobre este punto solo me queda añadir que, tan pronto como Willich (1853) publicó las necedades suyas que ahora reproduce la carta de Techow, apareció inmediatamente en el mismo Kriminalzeitung neoyorkino, antes de que yo pudiera tener noticia alguna en Inglaterra, una respuesta victoriosa de Joseph Weydemeyer (anteriormente teniente de artillería prusiano, más tarde corredactor del «Neue Deutsche Zeitung» de Francfort, actualmente Deputy-Surveyor en el estado de Iowa), quien durante toda la escisión londinense y el proceso de los comunistas de Colonia se encontraba en Francfort del Meno y había sido miembro de la «Liga de los Comunistas». Dicha declaración estaba firmada conjuntamente por el Dr. A. Jacoby, hoy médico en ejercicio en Nueva York, quien se halló él mismo entre los acusados en Colonia, pero fue absuelto.

En relación con el siguiente pasaje del nº 37 de la Nationalzeitung, columna II, línea 31 y ss. desde arriba: «Entre la emigración, ellos (es decir, yo y consortes) continuaron la obra de la 'Rheinische Zeitung', que en 1849 disuadía de toda participación en el movimiento, del mismo modo que atacaba constantemente a todos los miembros del parlamento, etc.», observo:

Es muy cierto que la Neue Rheinische Zeitung nunca intentó, como la Nationalzeitung, hacer de la revolución una vaca lechera, sino que se mantuvo únicamente con grandes sacrificios económicos y grandes peligros personales por mi parte, hasta que fue suprimida por el gobierno prusiano. La ridícula acusación, sobre todo en boca de la Nationalzeitung, de que la Neue Rheinische Zeitung «disuadía en 1849 de toda participación en el movimiento», queda mejor refutada por las propias columnas del periódico. Por lo demás, respecto al modo como actué yo durante la revolución, remito al anexo 1) («Dos procesos políticos, etc.»).

Es igualmente cierto que la Neue Rheinische Zeitung trató siempre al señor Vogt y demás hueros fraseómanos de la Asamblea Nacional de Francfort de manera irónica y de acuerdo con su contenido. Por lo demás, Vogt, quien, según su propia confesión en su panfleto, ya era ciudadano suizo naturalizado desde 1846, es decir, miembro de un Estado extranjero, no tenía absolutamente nada que hacer en Alemania. Es falso que la Neue Rheinische Zeitung atacara a «todos» los miembros del parlamento. Mantenía la más amistosa relación con muchos miembros de la extrema izquierda. Hasta qué punto el mismo Vogt y sus consortes cortejaban su favor hasta poco antes de la desaparición del periódico se desprende simplemente del hecho de que, cuando fundaron la Liga de Marzo, enviaron una circular por toda Alemania en la que recomendaban con urgencia al público, para su suscripción, los periódicos «buenos» con una estrella y los «mejores» con dos. La Neue Rheinische Zeitung fue honrada con «dos estrellas». Tan pronto como cayó en mis manos aquel mamarracho, protesté inmediatamente en un breve artículo de fondo de la Neue Rheinische Zeitung (creo que en un número de marzo de 1849) contra aquella inoportuna protección de gentes cuyo carácter personal e inteligencia política tenía yo en igualmente poca estima.

ad 2) En 1842 (tenía entonces 24 años) me convertí en redactor jefe de la antigua «Rheinische Zeitung», la cual, sometida primero a simple censura y luego a doble censura, fue finalmente suprimida por la fuerza (primavera de 1843) por el gobierno prusiano. Uno de los hombres con los que entonces trabajaba era el señor Camphausen, que tras la revolución de marzo fue presidente del consejo de ministros en Prusia. La antigua Rheinische Zeitung quebrantó sin duda el poder de la censura en Prusia. (Señalo confidencialmente, desde luego no para uso público: Después de la supresión de la Rheinische Zeitung, el gobierno prusiano me hizo ofertas por mediación del consejero secreto de revisión Esser, amigo de mi padre. Esser se encontraba conmigo en el balneario de Kreuznach, donde me casé con mi actual mujer. Tras esta comunicación, abandoné Prusia y me fui a París.)

En París publiqué los Deutsch-Französische Jahrbücher, junto con Friedrich Engels, Georg Herwegh, Heinrich Heine y Arnold Ruge. (Con Herwegh y Ruge rompí más tarde.) A fines de 1844 fui expulsado, a instancias de la legación prusiana en París (por medio de Guizot), y de allí me trasladé a Bélgica. La posición que ocupé entre los radicales franceses durante mi estancia en París se desprende mejor del anexo h, de la comunicación de Flocon del 1 de marzo de 1848, en la que me llamaba de nuevo a Francia en nombre del Gobierno Provisional y anulaba la orden de expulsión de Guizot. (Confidencial 11: En el verano de 1844 recibí en París, tras la bancarrota del librero (Julius Fröbel) de los Deutsch-Französische Jahrbücher, una carta (junto con 1000 táleros) del Dr. Claessen en nombre de Camphausen y de los demás accionistas de la Rheinische Zeitung, carta en la que mis méritos aparecían hiperbólicamente coloreados y que precisamente por eso no adjunto.)

En Bruselas residí desde comienzos de 1845 hasta comienzos de marzo de 1848, cuando fui expulsado de nuevo y, a raíz de una carta de Flocon, regresé a Francia. En Bruselas escribí, aparte de colaboraciones gratuitas para distintos periódicos radicales de París y de Bruselas, la «Crítica de la crítica crítica», junto con F. Engels (un escrito sobre filosofía) (publicado en 1845 en Fráncfort del Meno por Rütten), la «Misère de la Philosophie» (escrito de economía, publicado en 1847 por Vogler en Bruselas y Franck en París), el «Discours sur le libre échange» (Bruselas 1847), una obra en dos volúmenes sobre la más reciente filosofía alemana y el socialismo (que no llegó a aparecer; véase mi prólogo a la «Crítica de la Economía Política», F. Duncker, Berlín, 1859) y multitud de folletos. Durante toda mi estancia en Bruselas impartí conferencias gratuitas sobre «economía política» en la Asociación de Instrucción Obrera Alemana de Bruselas. El folleto impreso en el que las había recopilado fue interrumpido en su impresión por la Revolución de Febrero. Mi posición entre los radicales (de los más diversos matices) en Bruselas queda caracterizada por el hecho de que, en la pública sociedad internacional, fui miembro del Comité por los alemanes; Lelewel (hoy octogenario, veterano de la revolución polaca de 1830-31 y docto investigador histórico) lo era por los polacos; Imbert (más tarde gobernador de las Tullerías de París) por los franceses, y Jottrand, abogado bruselense, antiguo miembro de la Asamblea constituyente y jefe de los radicales belgas, por los belgas, quien presidía a la vez. De las dos cartas de Jottrand (hoy un señor entrado en años) dirigidas a mí (anexos k 1 y k 2), así como de la carta de Lelewel (anexo i), se desprende la relación que tuve con estos señores durante mi permanencia en Bruselas. La carta de Jottrand (anexo k, 2) está escrita después de un altercado que tuve con él en un mitin público el 22 de febrero de 1848, a raíz del cual le había presentado mi dimisión de la sociedad internacional. La segunda carta me la escribió cuando yo fundaba en Colonia la Neue Rheinische Zeitung.

En París residí de nuevo desde marzo hasta finales de mayo de 1848.
{Confidencial: Flocon nos ofreció, a Engels y a mí, dinero para la fundación de la N. Rh. Z. Lo rechazamos, porque, siendo alemanes, no queríamos aceptar subvenciones ni siquiera de un gobierno francés amigo.}

Desde mayo de 1848 hasta finales de mayo de 1849 publiqué en Colonia la «Neue Rheinische Zeitung». Del anexo l se desprende que fui elegido uno de los tres directivos de la Democracia renano-westfaliana. {Confidencial: A mi llegada a Colonia, un amigo de Camphausen me conminó a ir a Berlín, a su lado. No hice caso alguno de la insinuación.}

En París, desde junio de 1849 hasta agosto de 1849. Expulsado bajo la presidencia de Bonaparte.

Desde finales de 1849 hasta hoy, 1860, en Londres. Publiqué en 1850, en Hamburgo, la «Revue der Neuen Rheinischen Zeitung», «El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte» (en Nueva York, 1852), «Diplomatic Revelations of the 18th Century» (Londres, 1856), «Crítica de la Economía Política», primer fascículo, Duncker, Berlín, 1859, etc. Colaborador del New York Tribune desde 1851 hasta el presente. Mientras fui miembro de la Asociación Obrera Alemana (desde finales de 1849 hasta septiembre de 1850), impartí conferencias gratuitas. Del anexo o (que es confidencial) se desprende cómo entré en contacto con David Urquhart. Desde entonces y hasta hoy colaboro en su Free Press. Le acompaño en su política exterior (oposición a Rusia y al bonapartismo); no en la interior, donde voy con el partido cartista (que le es hostil). Para los periódicos de éste (singularmente el «People’s Paper»), he trabajado gratuitamente durante 6 años. (Véase el anexo m.)

Mis artículos contra Palmerston, escritos en 1853 en el New York Tribune, han sido repetidamente reimpresos en Inglaterra y Escocia en forma de folleto, con tiradas de 15 000 a 20 000 ejemplares.

Del anexo n, que me fue dirigido en 1856 por el secretario de uno de los clubs urquhartistas —que se ocupan exclusivamente de diplomacia— por encargo del Club de Sheffield, se desprende cuál es mi posición respecto a los urquhartistas, pese a la divergencia en política interior.

La carta del anexo m procede de Ernest Jones, abogado (barrister at law) en Londres, reconocido jefe del partido cartista, reconocido asimismo como poeta.

Las traducciones de los anexos o, n, m se encuentran en el anexo p.

Acerca de los chismes difundidos contra mí en Londres desde ciertos sectores alemanes, es característica la carta de mi amigo Steffen (antiguo teniente prusiano y profesor en la escuela de división, actualmente en Boston), reproducida en el anexo g «Ritter vom edelmüthigen Bewußtsein» (página 14).

Jamás he importunado al público alemán con una sola palabra sobre mi biografía, pese a diez años de ataques ininterrumpidos. Frente a mi abogado, lo consideré indispensable en un caso como el presente.

Con referencia a la guerra italiana debo señalar aún que mi opinión al respecto coincide por completo con la que expresa mi amigo F. Engels en el conocido panfleto aparecido en 1859 en la editorial F. Duncker de Berlín: «Po und Rhein». El manuscrito del mismo me fue enviado por Engels antes de remitirlo a Berlín.

Estamos por una Italia libre e independiente, tal como lo manifestamos con la máxima decisión, en 1848, en la Neue Rheinische Zeitung, por encima de todas las hojas alemanas, exactamente igual que por Hungría y Polonia. Pero no queremos que Bonaparte (en secreto entendimiento con Rusia) tome como pretexto la libertad italiana o cualquier otra cuestión de nacionalidad para arruinar a Alemania.

Vía Ostende.

Recomendado

Al Sr. J. Weber, Consejero de Justicia Real

Brüderstraße N° 11.

Berlín

Documentos judiciales.

Certificado

Vía Ostende

Al Consejero de Justicia Real

Sr. Weber

Berlín

Brüderstraße 11.

Documentos judiciales

Franco de porte

177
La Redacción del periódico
«Der Freischütz» a Karl Marx
en Manchester
Hamburgo, martes, 6 de marzo de 1860

Sr. Dr. Karl Marx,
Thorncliffe Grove
Manchester

En interés de la imparcialidad, la Redacción que suscribe está dispuesta a acoger una declaración de su parte, siempre que la misma esté redactada en un tono decoroso. El texto enviado no respeta, ni con mucho, los límites que impone el decoro literario, del mismo modo que su escrito, con una amenaza de abogado, no guarda la cortesía de la que, sin embargo, se hace gala cuando se dirige una solicitud a alguien.

La Redacción del Freischütz.
Atentamente
Hamburgo, 6 de marzo de 60