166. Marx a Karl Schapper – 27 de febrero de 1860

Karl Marx a Karl Schapper
en Londres
Manchester, lunes 27 de febrero de 1860
(Borrador)

6, Thorncliffe Grove, Oxford Road, Manchester,
27 de feb. de 1860.
Querido Schapper:

He escrito a Liebknecht para que te comunique el libro de Vogt, a fin de que te convenzas por ti mismo de la importancia del proceso berlinés contra la National-Zeitung (el que se sigue contra el Telegraph es secundario) para la vindicación histórica de nuestro partido y su futura posición en Alemania. Ayer recibí una carta de mi abogado en Berlín, según la cual es probable que el señor Zabel, de la National-Zeitung, pague su celo en favor de Vogt con un trato más íntimo con la casa de corrección. Mi abogado considera indispensable que, ante un magistrado londinense (el de Bow Street es nuestro hombre, ya conoce a Liebknecht, que puede acompañarte), prestes cuanto antes la siguiente declaración jurada, u otra de efecto similar:

«Por la presente declaro que, en el año etc., Cherval (alias Cramer, etc.)
fue presentado por mí en la sección londinense de la “friendly society” alemana llamada “Der Bund” (la Unión) (sociedad que, dicho sea de paso,
dejó de existir hace mucho tiempo); que en etc., 1848, el mencionado pasó
por Colonia, donde tuvo una breve entrevista conmigo, la cual ni siquiera
mencioné al Dr. Karl Marx, pues Cherval era entonces un individuo completamente
desconocido para el Dr. K. M.; que en 1851‑1852, durante su estancia en París, Cherval
perteneció a aquella sección de la “friendly society” alemana llamada “Der Bund”
que en aquel tiempo era dirigida por mí y por el Sr. Willich, hoy residente en
Cincinnati, Estados Unidos, y mantuvo correspondencia con ella; que durante el otoño
de 1852, después de su regreso de París a Londres, Cherval ingresó en la Sociedad
Obrera Alemana pública, llamada “Der Arbeiterbildungsverein”, de la que
anteriormente había sido miembro y que, en aquel tiempo, era dirigida por mí y por el
mencionado Sr. Willich; que, a consecuencia de las revelaciones hechas públicamente
en Colonia contra Cherval durante el proceso del Dr. Becker y otros, y de otras
informaciones obtenidas de diversas fuentes, el mencionado Cherval fue públicamente

expulsado del Club Obrero Alemán antes nombrado y, poco después, desapareció
de Londres.»

Engels te envía sus más cordiales saludos; por cierto, él mismo vendrá a Londres en el transcurso de la primavera. Te ruego que no pierdas tiempo.
Salut
D
K. M.

En la declaración jurada hablamos de “friendly society”, porque una cosa de esa índole suena del todo insospechada a un magistrado inglés y, a fin de cuentas, cada cual puede entender por “friendly society” lo que le plazca.

Peter Nothjung a Karl Marx
en Londres
Breslau, lunes 27 de febrero de 1860

Breslau, 27 de febrero de 1860.
¡Querido Marx!

En la Volkszeitung he leído tu alocución y tu declaración contra la National-Zeitung. Un artículo semejante al de la National-Zeitung fue publicado también por la Breslauer Zeitung, salido de la pluma de su colaborador diario, el Dr. Stein; el mismo Dr. Stein que en la Asamblea Nacional de Berlín se sentaba en la extrema izquierda junto con d’Ester y que presentó la conocida moción contra los oficiales del ejército prusiano. Ese gran Stein, de cuerpo pequeño, ha sido suspendido de su puesto de maestro y, desde que existe el actual ministerio, se ha dedicado a hacer agitación en su favor, no sólo durante las elecciones del año pasado, sino incluso ahora, para unir a la democracia silesiana con los constitucionalistas. A pesar de ello, el actual ministerio le ha denegado el permiso para dar clases particulares, y no una sola vez, sino varias. El ministerio que dimitió había tolerado tácitamente que lo hiciera; el actual, en cambio, lo ha prohibido por ilegal. Ahora ha ido a Berlín para obtener dicho permiso; en el mismo número de la Volkszeitung que contenía tu declaración se daban más detalles al respecto, aunque, desde luego, sin su consentimiento. Stein también hizo representar recientemente la «banda del azufre» en la Sociedad de Recursos de Breslau durante la procesión de carnaval de los locos; sin embargo, Stein, Schlehan, Semrau y sus devotos tienen que tragarse una humillación tras otra por parte de los constitucionalistas, pero esa calaña no se deja disuadir de continuar haciendo patriotismo. ¡Qué me dices de esta gentuza selecta!?

Después de mi condena, fui enviado, como probablemente sabrás, a la fortaleza de Glatz, y allí tuve el placer de que se me permitiera residir, y no de manera especialmente brillante, durante seis años. Tres días antes de mi liberación de la fortaleza, el comandante de ésta me comunicó la decisión del gobierno de Colonia, por la cual, a solicitud del presidente de la policía Geiger, se me expulsaba de Colonia, y a solicitud del alcalde de Mülheim, se me declaraba sin domicilio fijo a causa de largos años de ausencia, y se me prohibía la entrada en un radio de cinco millas alrededor de Colonia. En tan breve espacio de tiempo no pude hacer más que protestar contra ello, pues mi ausencia no fue voluntaria. Al llegar a Breslau me encontré con el antiguo teniente del

25.º Regimiento de Infantería, Adamski, uno de los dos oficiales que,
a instancias del tal Funk, fueron a Lüttich y de allí a París con motivo de un discurso pronunciado en la asamblea democrática de Colonia, y que más tarde se entregaron en Colonia y fueron enviados a la fortaleza por deserción. Él me acogió y me enseñó fotografía, que practica aquí con mucho éxito. Mi liberación coincidió con las elecciones, y a esta circunstancia debo el haber pasado desapercibido en Breslau y ser así tolerado por la policía, aunque en verano la gente se asombraba y creía que yo residía aquí sin haberme presentado. Cuando las autoridades empezaron a reparar en mí, solicité un permiso de comercio ambulante para ganarme el pan con la fotografía en mis viajes; como era de esperar, me fue denegado. Ahora se trataba de ir tirando un tiempo más y luego solicitar aquí el derecho de residencia; así lo hice, y tras un par de meses de demora lo obtuve el 14 del corriente; y ahora se supone que debo pagar el impuesto de inmigración, el impuesto de hogar y quién sabe cuántas cosas más, y no he ganado un solo céntimo en diez años. — Te ruego de todo corazón y con urgencia que hagas llegar la carta adjunta al cantante K. Tormes, pues no sé su dirección. Tormes es un amigo de mi juventud; fácilmente adivinarás que el asunto gira en torno a un préstamo. ¡Escríbeme dándome noticias y cuéntame cómo estáis tú y tu familia; el pequeño Müsch debe de estar ya muy grande!
Con saludos para ti, tu apreciable familia y tus amigos,
Tuyo
P. Nothjung
Fotógrafo, Zwingergasse nº 7, en el Establecimiento de Baños.

¡Te ruego una vez más, con la mayor urgencia y rapidez, que hagas llegar la adjunta!

Collet Dobson Collet a Karl Marx
en Manchester
Londres, martes 28 de febrero de 1860

28 de febrero de 1860
Muy señor mío:

Le ruego me devuelva lo adjunto a vuelta de correo. Tenga la bondad de enviarme sellos para la cuenta del impresor.
Suyo afmo.,
CDCollet
Dr. Marx

Ferdinand Freiligrath a Karl Marx
en Manchester
Londres, martes 28 de febrero de 1860

28 de febrero de 1860
Querido Marx:

He recibido tus diversas cartas. Te doy las gracias de corazón por las seguridades que me das en la última de que los recientes malentendidos no han empañado tu amistad, y te las devuelvo desde el fondo del alma.

Mi prolongado silencio como respuesta a tus cartas anteriores lo has interpretado con todo acierto. La contradicción entre el tono de aquellas cartas y la franca hostilidad de tu brusca visita de aquella noche no podía menos de parecerme extraña. Ahora todo está bien: tus explicaciones me satisfacen plenamente. Hace tiempo que sabes, desde los días de la tierra roja, que los pequeños resentimientos no van conmigo.

Hasta aquí, pues, estamos en completo acuerdo. Me regocija saberte todavía mi viejo amigo, y salgo a tu encuentro con esos sentimientos, tan cálidos y fieles como siempre, de cuya sinceridad y constancia has tenido ocasión de convencerte a lo largo de estos doce años.

Pero ahora permíteme que te hable abierta y francamente de otras cosas. Con toda mi amistad personal hacia ti, y con todo mi apego a nuestros principios comunes, debo sin embargo negarme resueltamente a hacer mía tu querella con Vogt, Blind, la National-Zeitung y el Daily Telegraph. Por muy repulsiva que me resulte, digas lo que digas acerca de su alcance ―no he tenido parte alguna en provocarla en modo alguno―, no me considero obligado a seguirte en sus laberintos.

Que, en el inminente proceso londinense, puedas citarme como testigo, y que para el proceso berlinés puedas dar ad acta viejas cartas mías, es otra cosa, y si procedes a ello en contra de mi deseo, naturalmente no puedo impedirlo.

No saldrá gran cosa de ello, sin embargo. Como testigo sólo puedo confirmar lo que el propio Blind admite y no ha hecho sino declarar hace poco en la Allgemeine Augsburger Zeitung en un anuncio «Contra Karl Vogt»: — a saber, que está convencido de la culpabilidad de Vogt, y que desde que recibió aquella carta de Vogt la primavera pasada nunca ha hecho un secreto de esa convicción. Pero este testimonio (y no puedo prestar otro) nada prueba en cuanto a la autoría de la hoja volante — que yo no he visto jamás, que no conocí hasta su reproducción en el Volk, y de la que sólo por ti y por Liebknecht supe que era de Blind.

Lo mismo vale para las cartas que han de darse ad acta, en la medida en que deban acreditar mi relación contigo y con el partido. Esa relación no necesita ser acreditada. Está suficientemente acreditada por mi participación en la Neue Rheinische Zeitung, por mi implicación en el proceso de Colonia y por mi renovado exilio desde 1851. La inclusión ad acta y la eventual publicación de esas cartas pueden, por tanto, resultarme indiferentes. ¡Todo el mundo conoce, y yo mantengo, mi pasado!

No obstante, y aunque siempre he permanecido fiel, y seguiré siéndolo, al estandarte de la «classe la plus laborieuse et la plus misérable», tú sabes tan bien como yo que mi relación con el partido tal como era y mi relación con el partido tal como es son de naturaleza completamente distinta. Cuando, hacia finales de 1852, la Liga fue declarada disuelta a consecuencia del proceso de Colonia, yo me liberé de todas las trabas que el partido, como tal, me había impuesto, y mantuve únicamente una relación personal contigo, el amigo y el camarada en las convicciones. Durante estos siete años me he mantenido al margen del partido; no he asistido a sus reuniones, sus resoluciones y sus acciones me han sido ajenas. De modo que, de hecho, mi relación con el partido estaba disuelta desde hacía tiempo; nunca nos hemos engañado al respecto; era una especie de convención tácita entre nosotros. Y sólo puedo decir que me he sentido a gusto con ello. ¡Mi naturaleza, y la naturaleza de todo poeta, necesita libertad! Incluso el partido es una jaula, y se canta mejor, incluso para el partido, fuera de ella que dentro. ¡Yo era poeta del proletariado y de la revolución mucho antes de ser miembro de la Liga y miembro del consejo de redacción de la Neue Rheinische Zeitung! ¡Así pues, de ahora en adelante pienso sostenerme sobre mis propios pies, pertenecerme sólo a mí mismo y disponer de mí por mí mismo!

Otra consideración más nunca me ha hecho lamentar mi alejamiento del partido. Cuando pienso en todos los elementos ambiguos y depravados que, a pesar de todas las precauciones, han sabido ya introducirse en el partido; cuando paso revista a Teilering, Bangya, Fleury y como quiera que se llamen todos; cuando, por último, tengo que considerar que en el proceso de Colonia mi nombre fue mencionado en un mismo auto de acusación con el de un sujeto como Reiff: — entonces, por un sentimiento de limpieza tan sólo, me regocijo de no haber pertenecido ya de facto desde hace mucho tiempo a una asociación que diariamente podría ponerme de nuevo en contacto similar.

169. Ferdinand Freiligrath a Marx – 28 de febrero de 1860

Si esta circunstancia de ya no pertenecer ha de expresarse también formalmente, deseo por la presente que se exprese formalmente – sine ira et studio, y reiterando con todo énfasis mis sentimientos amistosos, siempre invariables, hacia usted en lo personal.

No dejará usted de reconocer, querido Marx, que el asunto Vogt-Blind no ha hecho sino ocasionar la expresión de este estado de cosas, no el estado de cosas mismo. Cualquier caso análogo anterior habría conducido ya a las mismas aclaraciones.

¿Qué necesidad tengo de añadir mucho más? Únicamente la seguridad de que me alegrará de corazón que usted siga estando bien dispuesto hacia mí a la manera antigua, aun después de haberle hecho sin reservas las precedentes declaraciones.

¡Pero una cosa más! Hay un pasaje en su carta que no comprendo. Es éste: –
«Por lo demás, da usted la casualidad de ser el único miembro de la antigua Autoridad Central de Colonia que residió en Colonia desde finales de 1849 hasta la primavera de 1851, y desde entonces hasta ahora en Londres.» – ¿Quiere usted indicar con ello que los procesos de Berlín (el suyo propio y el de Eichhoff-Stieber, para el cual está usted suministrando material al redactor del “Hermann”), están destinados a traer consigo revelaciones acerca del proceso de Colonia de 1852? Por lo que a mí respecta, ¡aunque mi posición en la Liga no quedó en modo alguno establecida en las actuaciones de Colonia, – aunque mi caso sigue aún pendiente! –, esto no podría afectarme ulteriormente. Estar un poco más o menos negro en el libro negro nada me importa, y por tanto simplemente me asombraría que ahora, mediante estos procesos posteriores, se sirviera en bandeja a la policía prusiana, para su uso arbitrario, cosas que en 1852 quedaron sin probar. Pero usted no debe olvidar que en Alemania viven personas que podrían verse más seriamente afectadas por semejantes revelaciones subsiguientes, y que cualquier incidente de esta índole sería, con pleno derecho, agua para el molino de sus enemigos. Seguramente tampoco pretendía usted que yo leyera semejante significado entre líneas en ese pasaje. Como he dicho, no lo comprendo.

Con invariable amistad,
Suyo,
F. Freiligrath

Eduard Fischel a Friedrich Engels
en Manchester
Berlín, miércoles, 29 de febrero de 1860

Berlín, 29 de febrero de 1860
¡Muy señor mío!

He recibido hoy la carta adjunta de Duncker. He hablado con Weidling.

No quiere. El manuscrito está ahora en poder de Behrendt. Mañana escribiré o telegrafiaré la respuesta.

Suyo, con respeto y obediencia,
E. Fischel
49 U. d. Linden.

Wilhelm Liebknecht a Karl Marx
en Manchester
Londres, miércoles, 29 de febrero de 1860

14 Church Street, Soho
Miércoles.
Querido Mohr.

Schapper no tiene tiempo antes de mañana para ir a los magistrados, y no veré al presidente del club, cuya dirección no he podido averiguar, hasta esta noche en el club. Así que tendrás que tener paciencia otras 24 horas.

Schapper ha introducido los siguientes cambios en la declaración: en lugar de presentado por mí mismo – «presentado por un trabajador alemán, hallándome yo presente», además, en lugar de «entró en el Verein en la época que yo y Willich indicamos» – «visitó el Verein del que yo era miembro, al igual que Willich». Como las modificaciones no son esenciales, no puse objeción.

Habré terminado mis observaciones sobre el libro de Vogt a principios de la semana que viene.

Cálidos saludos de mi mujer y tuyo
W. Liebknecht.

P.D. Te habría escrito ayer, pero me sorprendió la lluvia en Islington con mi mujer, o mejor dicho una granizada, de modo que perdí el correo.