en Berlín  
Manchester, viernes, 24 de febrero de 1860  

11) 24 de feb. de 1860.  
6. Thorncliffe Grove,  
Oxfordroad, Manchester.  

Muy señor mío:

Me extraña que tampoco ayer hubiera llegado de Berlín ningún acuse de recibo de la carta certificada que le envié el 13 de febrero.

Ayer le envié desde aquí —Manchester— una segunda carta certificada, el poder junto con siete anexos, y me permito hoy, en relación con los anexos mencionados y numerados, añadir algunas observaciones marginales sobre los puntos principales que, a mi juicio, deben destacarse en la demanda por calumnia contra la «Nationalzeitung» berlinesa. Adjunto al mismo tiempo una carta del 19 de noviembre de 1852 y un ejemplar de mis «Enthüllungen», publicadas en 1853.

I) a) El folleto anónimo «Zur Warnung».

En el núm. 41 de la «Nationalzeitung» berlinesa, artículo de fondo, «Cómo se fabrican los folletos radicales», página 1, columna 3, dice textualmente:

«El partido Marx podía ahora muy fácilmente atribuir la autoría del folleto a Blind, precisamente porque y después de que éste se hubiera expresado en sentido análogo en la conversación con Marx y en el artículo del Free Press; aprovechando estas declaraciones y giros de Blind, pudo forjarse el folleto, de modo que pareciera fábrica suya (sc. de Blind).» Por lo demás, todo el animus de esa columna es presentarme como el forjador de dicho folleto y al mismo tiempo cargarme con la infamia de haberle dado la apariencia de haber sido fabricado por Blind.

Antes de pasar a las pruebas contenidas en los anexos enviados ayer, considero necesario exponerle brevemente la historia de esta controversia.

La Augsburger Allgemeine Zeitung, durante su proceso con Vogt, publicó, entre otras piezas del sumario, la siguiente carta mía:

«19 de octubre de 1859, 9, Graftonterrace, Maitlandpark, Haverstockhill, Londres.

Muy señor mío:

Mientras tuve alguna mano en la prensa alemana, ataqué a la Allgemeine Zeitung, y la Allgemeine Zeitung me atacó a mí: esto no me impide en modo alguno ser útil a la Allgemeine Zeitung, en cuanto pueda, en un caso en el que, según mi convicción, ha cumplido el primer deber de la prensa, el de la denuncia de embustes. El documento adjunto sería un documento judicial aquí en Londres. No sé si lo es en Augsburgo. Me he procurado dicho documento porque Blind se negó a responder de manifestaciones que hizo ante mí y otros, que yo conté a Liebknecht, y que no le dejaban duda alguna sobre la denuncia contenida en el folleto anónimo. Su seguro servidor, Dr. K. Marx.»

La pieza anexa a esta carta a la Allgemeine Zeitung, y también publicada por ella, reza así:

«Yo, el abajo firmante, declaro en presencia del Dr. Carl Marx y de Wilhelm Liebknecht que el folleto publicado anónimamente y sin indicación del lugar de impresión bajo el título ‘Zur Warnung’, reproducido en el núm. 7 de ‘Das Volk’, 1) fue compuesto e impreso en la imprenta de Fidelio Hollinger, 3 Litchfield-street, Soho, habiendo compuesto yo una parte del manuscrito, y F. Hollinger la otra; 2) que estaba escrito de puño y letra de Carl Blind, que conozco por manuscritos de Carl Blind para el ‘Hermann’, y por folletos anónimos escritos por Carl Blind, los cuales, bajo el falso pie de imprenta ‘Frankfurt a. M.’, fueron en realidad compuestos e impresos en casa de F. Hollinger, 3 Litchfield-street, Soho; 3) que Fidelio Hollinger mismo me ha designado a Carl Blind como autor del folleto ‘Zur Warnung’ dirigido contra el Prof. Vogt. August Vögele, cajista. La exactitud de la firma precedente la certifican W. Liebknecht, Dr. K. Marx. Londres, 17 de septiembre de 1859.» (Véase el escrito de Vogt: «Mein Process gegen die Allg. Zeit». Documentos, pp. 30, 31.)

En respuesta a ello, apareció en el núm. 313 de la Allgemeine Zeitung y en la Kölnische Zeitung la siguiente carta de Karl Blind, acompañada de los testimonios adjuntos de Hollinger y Wiehe:

«Londres, 23 Townshend Road, St. John's Wood, 3 de noviembre de 1859. Para rechazar la afirmación de que yo sea el autor del folleto ‘Zur Warnung’, publico únicamente el siguiente documento. Esto sólo como defensa —no como justificación de Karl Vogt, cuyo modo de proceder yo y mis amigos del partido republicano debemos condenar incondicionalmente, por todo lo que se nos ha hecho conocido desde hace medio año. Puedo atestiguar la veracidad de la comunicación hecha por el señor Julius Fröbel de que, en efecto, llegaron ofertas de dinero por parte de Vogt para inducir a los alemanes residentes aquí a influir en el sentido conocido sobre la prensa patriótica. Karl Blind.» a) «Yo, el abajo firmante, declaro que la afirmación del cajista Vögele contenida en el núm. 300 de la Allgemeine Zeitung, según la cual el mencionado folleto ‘Zur Warnung’ habría sido impreso en mi imprenta, o que el señor Karl Blind sería su autor, es una invención maliciosa. Fidelio Hollinger. 3, Litchfield-street, Soho, Londres, 2 de noviembre de 1859.» b) «El abajo firmante, que desde hace 11 meses reside y trabaja en el núm. 3 Litchfield-street, da por su parte testimonio de la veracidad de la declaración del señor Hollinger. Londres, 2 de nov. de 1859. J. F. Wiehe, tipógrafo.» (Véase el libro de Vogt, Documentos, pp. 37 y 38.)

A esto repliqué yo en el núm. 325 de la Allgemeine Zeitung, y el recorte correspondiente de la A. A. Z. se lo envié en mi primera carta desde Londres.

Por su parte, Karl Blind publicó una nueva réplica en el suplemento de la Allgemeine Zeitung del 11 de diciembre, en la que la redacción declara: «El señor Karl Blind declara en esencia: Remitiéndome reiteradamente a los documentos firmados por el dueño de la imprenta, señor Hollinger, y por el tipógrafo Wiehe, declaro por última vez que la insinuación, que ahora no pasa de ser mera insinuación, de que yo sea el autor del tantas veces mencionado folleto, es una pura falsedad. Las últimas afirmaciones sobre mí contienen las más groseras tergiversaciones. Una vez más: esto sólo como defensa contra la parte Marx-Biscamp-Liebknecht, no como justificación de Vogt, contra el cual ya me he pronunciado con anterioridad.» A esta declaración observó la redacción de la Allgemeine Zeitung: «Dado que ulteriores aclaraciones de estas relaciones, o el tirar y aflojar sobre ellas en estas columnas, han perdido hace ya tiempo todo interés para el gran público, rogamos a los señores interesados que renuncien a posibles nuevas réplicas.» (Cf. el libro de Vogt, Documentos, pp. 41, 42.)

Con ello, los sumarios quedaron cerrados por el momento. Tan pronto como los artículos de la ‘Nationalzeitung’ con el extracto del panfleto de Vogt y el comentario sobre el mismo llegaron a mi conocimiento, publiqué en primer lugar la circular inglesa (Anexo III), dirigida al redactor de la Free Press de Londres. Su finalidad era mover a K. Blind a presentar una demanda por injurias contra mí, y darme así la oportunidad, primero, de aportar en Londres las pruebas judiciales sobre la impresión y autoría del panfleto «Zur Warnung», y segundo, de obligar al verdadero autor del mismo a presentar sus pruebas de convicción contra Vogt ante un tribunal inglés.

La consecuencia inmediata de esta circular (Anexo III), que envié a Karl Blind en cuanto estuvo impresa, fue la declaración de K. Blind que apareció en la Allgemeine Zeitung del 13 de febrero, en el suplemento al núm. 44. En esta declaración, titulada «Contra Karl Vogt», Blind repite que él no es el «autor» del folleto dirigido contra Vogt «Zur Warnung», pero, forzado por mi circular, presenta algunos argumentos de que Vogt es un agente de la propaganda bonapartista en Londres. Ésta fue la consecuencia inmediata del primer paso que di mediante la publicación de la circular (Anexo III).

Entre tanto, me había procurado las dos declaraciones juradas de los cajistas Vögele y Wiehe (Anexos I y II). Estas declaraciones probaban: primero, que mi afirmación de que el folleto «Zur Warnung» había sido impreso en la imprenta de Hollinger y escrito de puño y letra de Blind era cierta. Segundo, que los testimonios de Hollinger y Wiehe aducidos por Blind en el núm. 313 de la Allgemeine Zeitung, igualmente en la Kölnische Zeitung, y de nuevo invocados por Blind en el suplemento de la Allgemeine Zeitung del 11 de diciembre, eran falsos. Tercero, que Blind y Hollinger (véase el Anexo II, la declaración jurada del tipógrafo Wiehe) entablaron una conspiracy (conspiración) para obtener falsos testimonios contra mí y denigrarme ante la opinión pública como un mentiroso y calumniador. Tal conspiracy es delictiva según el derecho inglés. La única circunstancia que me ha impedido perseguir criminalmente a Hollinger y a Blind es la consideración hacia la familia de Blind.

De las declaraciones juradas (Anexos I y II) de los dos cajistas Vögele y Wiehe envié copia a algunos emigrados que tratan con Blind, quienes se las comunicaron. La consecuencia inmediata fue la declaración del Dr. Schäuble en el Daily Telegraph del 15 de febrero de 1860, en la cual Schaible se designa como autor del folleto «Zur Warnung» y asume la responsabilidad de las acusaciones contenidas en él contra Vogt. (Véase el Anexo VI.) Si Vogt quiere, pues, probar su inocencia, tendrá que iniciar de nuevo el proceso... en Londres. La declaración de Schaible de ser el autor del folleto «Zur Warnung» no altera en modo alguno los hechos de que el folleto fue impreso en la imprenta de Hollinger, de que Blind lo hizo imprimir, de que estaba escrito de puño y letra de Blind, de que los testimonios de Hollinger y Wiehe aducidos por él eran falsos, y, finalmente, de que Hollinger y Blind trataron de librarse del embrollo y comprometerse a mí mediante falsos testimonios.

No necesito explicarle más que las dos declaraciones juradas de Vögele y Wiehe (Anexos I y II) y la declaración del Dr. Schaible en el Daily Telegraph del 14 de febrero (Anexo VI) le proporcionan las pruebas positivas de la falsedad de la calumnia de la Nationalzeitung citada por mí en el apartado I) a) de esta carta.

b) Mi relación con la Allgemeine Zeitung.

Las dos cartas de la redacción de la Allgemeine Zeitung a mí, de fecha 16 de octubre de 1859 (Anexos IV y V), y mi carta de contestación del 19 de octubre de 1859, que he citado más arriba sub I, a), constituyen toda mi correspondencia con la Allgemeine Zeitung. Ésta se limita, pues, sencillamente a que yo puse a disposición de la Allgemeine Zeitung un documento escrito que debía arrojar luz sobre el origen del folleto por cuya reproducción la Allgemeine Zeitung era perseguida judicialmente por Vogt.

El 9 de mayo de 1859, con ocasión de un meeting público convocado por David Urquhart, K. Blind me refirió todas las acusaciones contra Vogt que luego se repetirían en la hoja volante «Zur Warnung», la cual no apareció hasta el mes de junio siguiente. Me aseguró que las pruebas obraban en su poder. No concedí gran peso a esta comunicación. El panfleto de Vogt, titulado «Studien zur gegenwärtigen Lage Europa’s», así como la relación de Vogt con Fazy, el «tirano de Ginebra», y las relaciones de Fazy con L. Bonaparte, me habían convencido ya de que Vogt era un agente bonapartista. Si obraba con mala o buena intención, si era pagado o no, me era completamente indiferente. Dos o tres días después de la comunicación de Blind, se presentó en mi casa el señor Biscamp, con quien jamás había tenido relación alguna personal o política, introducido por Liebknecht. Biscamp me exhortó a que yo y mis amigos apoyásemos con colaboraciones literarias y contribuciones en dinero el periódico «Das Volk», fundado por él. Rechacé de momento su pretensión, en primer lugar porque mi tiempo se hallaba en verdad muy ocupado y, por otra parte, porque tenía que conocer más de cerca «Das Volk», del que hasta entonces sólo había aparecido un número, antes de poder exhortar a mis amigos a colaborar en el mismo. Recalqué al mismo tiempo que hasta ese momento había rehuido siempre por principio toda participación en los periódicos alemanes aparecidos en Londres. Durante esta reunión le referí a Liebknecht, en presencia de Biscamp, la declaración de Blind en el meeting de Urquhart. Mencioné al respecto, además, la propensión sudalemana a exagerar por afán de darse importancia. El señor Biscamp publicó más tarde, en el n.º 2 de «Das Volk», del 14 de mayo, bajo el título «Der Reichsregent als Reichsverräther», y bajo su propia responsabilidad y con adiciones que sólo a él le son imputables, un artículo que se cita en el escrito de Vogt:

«Mein Process etc.», entre los documentos, p. 17, 18, 19.

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Más tarde, hacia mediados de junio, en un momento en que yo me hallaba ausente de Londres, en Manchester, Liebknecht recibió de Hollinger, en su taller de composición, la prueba de imprenta de la hoja volante «Zur Warnung», que él reconoció en el acto como reproducción de las comunicaciones que Blind me había hecho verbalmente, y cuyo manuscrito, según supo por el cajista Voegele, había entregado Blind a Hollinger para su impresión. Liebknecht envió esta prueba a la «Allg. Zeit.», la cual la imprimió, atrayéndose así la querella por difamación entablada por Vogt. Liebknecht estaba tanto más autorizado a dar este paso (del cual yo nada sabía, pues no me hallaba en Londres) cuanto que sabía que Vogt mismo había exhortado a su acusador, Blind, a colaborar en el proyectado escrito de propaganda. Frente a una persona que se tomaba el trabajo de pagar una prima por todos los artículos favorables a los planes de Bonaparte en la prensa alemana (véase la confesión de Vogt al respecto en su libro, Carta al Dr. Löning, Documentos, p. 36), era un deber servirse, «Zur Warnung», de periódicos tan difundidos como la «Allgem. Zeit.». |

|4)| Tan pronto como Vogt entabló su querella por difamación contra la «A. A. Z.» a causa de la reproducción de la hoja volante «Zur Warnung», la redacción de la «Allg. Zeit.» escribió a Liebknecht pidiéndole encarecidamente que aportase pruebas. Liebknecht se dirigió a mí. Lo remití a Blind y lo acompañé, a petición suya, yo mismo a casa de Blind, como puede usted colegir de la carta de Blind (Anexo VII). No encontramos a Blind, que se hallaba en el balneario de St. Leonards. Liebknecht le escribió dos cartas. Quedaron semanas enteras sin respuesta, hasta el momento en que Blind pudo creer que el proceso de Augsburgo estaba a punto de concluir. (Este cálculo fue desbaratado por la prórroga que entre tanto había conseguido la «Allg. Zeit.» para su proceso.) Sólo entonces respondió Blind, por fin, a Liebknecht en la carta del 8 de septiembre (Anexo VII), en la que dice con la más fría desvergüenza que no tiene «participación alguna en el asunto mencionado, como ya señaló anteriormente», y que «ya llegará la ocasión de hablar más tarde oralmente sobre las observaciones hechas en la conversación privada». Liebknecht acudió a mí con esta carta.

Vi entonces que se habían hecho necesarios medios enérgicos para soltar la lengua a Blind. Recordé haber leído en el «Free Press» de Londres del 27 de mayo un artículo anónimo («The Grandduke Constantine to be King of Hungary») que contenía el contenido esencial de la hoja volante «Zur Warnung» y de las manifestaciones que Blind me había hecho verbalmente. El estilo y el contenido del artículo no me habían hecho dudar ni un instante de que Blind era su autor. Para cerciorarme de ello me dirigí con Liebknecht a casa del señor Collet, el editor responsable

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del «Free Press». Después de algún titubeo, declaró que Blind era el autor de dicho artículo. Poco después recibí la declaración escrita del cajista Voegele, en la que se hacía constar que la hoja volante había sido compuesta en la imprenta de Hollinger y que el manuscrito estaba escrito con la letra de Blind.

Liebknecht escribió entonces una vez más una carta más extensa a Blind, en la que le comunicaba que ahora estaban en nuestras manos pruebas sobre su relación con la hoja volante «Zur Warnung», remitiéndolo, entre otras cosas, al artículo del «Free Press», y exhortándolo de nuevo a dar las aclaraciones de que disponía. K. Blind no respondió; por el contrario, no rompió su silencio ni un instante, ni antes ni durante las vistas del proceso de Augsburgo. Quedaba, pues, claro, fuera de toda duda, que K. Blind se había decidido definitivamente por un sistema de negación y de ignorancia diplomática. En estas circunstancias declaré a Liebknecht que, si la «Allg. Zeit.» me lo pedía por escrito, estaba dispuesto a enviarle la declaración de Voegele que obraba en mi poder. Esto sucedió, en efecto, tras la recepción de las dos cartas de la «Allg. Zeit.» del 16 de octubre, en mi escrito de respuesta del 19 de octubre.

Los motivos que me determinaron a dar este paso fueron los siguientes:

Primero: Le debía a Liebknecht, que por mí había tenido la primera noticia de las manifestaciones de Blind sobre Vogt, aportar pruebas de que no difundía acusaciones contra terceros a la ligera.

Segundo: Según mi opinión, la «Allg. Zeitung» estaba plenamente autorizada a reproducir el panfleto «Zur Warnung», puesto que sabía que procedía de un sector al que el propio señor Vogt había exhortado a colaborar en su escrito de propaganda. La circunstancia de que la «Allg. Zeit.» pertenezca a un partido que me es hostil y me haya tratado siempre personalmente con hostilidad, incluso publicando repetidamente los chismes más disparatados contra mí, no alteraba en nada mi opinión, como tampoco la circunstancia de que |
|5)| yo me halle casualmente fuera de la jurisdicción del tribunal de Augsburgo, por lo que la «Allgem. Zeit.» no podía citarme forzosamente como testigo.

Tercero: Vogt había publicado en el «Bieler Handelskourier», n.º 150 del 2 de junio, Suplemento (cf. p. 31 de los Documentos en el libro de Vogt) un pasquín contra mí, evidentemente bajo el supuesto de que yo fuera el autor del artículo publicado contra él por Biscamp en «Das Volk» el 14 de mayo. Del mismo modo, en su querella contra la «Allg. Zeit.» partía del supuesto de que yo era el autor de la hoja volante «Zur Warnung». Blind estaba manifiestamente decidido a perpetuar el quid pro quo tan grato a Vogt.

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Cuarto, y esto era para mí lo principal: Quería poner frente a frente a Vogt y a sus acusadores, y precisamente en un terreno donde la cosa tuviese que llegar a una decisión y en el que estuviesen cortadas de antemano todas las argucias por ambas partes. Para ello era esencial que sacase por la fuerza de su escondite al autor real y al publicador de la hoja volante «Zur Warnung». Que había calculado correctamente lo prueban la declaración del Dr. Schaible (Anexo VI) y la carta de Blind, antes citada, en la «Allg. Zeit.» del 13 de febrero, Suplemento al n.º 44.

Mi correspondencia con la «Allg. Zeit.» se limita a las dos cartas (Anexo IV y V) del Dr. Orges y a mi escrito de respuesta del 19 de octubre, citado más arriba (sub I, a). Esto le ha bastado al señor Vogt (y a la «Nationalzeitung») para nombrarme colaborador de la «Allg. Zeit.» y para presentarse él mismo ante el público alemán como víctima inocente de una conspiración entre los reaccionarios y la extrema izquierda.

Liebknecht es corresponsal de la «Allg. Zeit.» desde 1855, del mismo modo que el propio señor Vogt fue antes corresponsal suyo. Liebknecht declarará la verdad bajo juramento en caso necesario, a saber: que jamás se ha servido de mí para introducir de contrabando en la «Allg. Zeit.» ni una sola línea. Su relación con la «Allg. Zeit.» no me concernió ni me concierne absolutamente en nada. Por lo demás, su corresponsalía se limita exclusivamente a la política inglesa, y las mismas opiniones que sostiene en la «Allg. Zeit.» las sostuvo y las sostiene en periódicos radicales germano-americanos. No hay ni una sola línea en su corresponsalía que no contenga su opinión, y que, por tanto, no pudiera sostener en todas partes. En la política exterior inglesa, Liebknecht persigue aproximadamente la misma opinión anti-Palmerston que Bucher en la «Berliner Nationalzeitung». En la política interior inglesa, ha sostenido siempre las opiniones del partido inglés más avanzado. Jamás ha escrito ni una línea en la «Allg. Zeit.» sobre el cuchicheo de los refugiados londinenses.

Esto en cuanto a mi pretendida relación con la «Allgem. Zeitung».

I) En el n.º 41 de la «Nationalzeitung», artículo de fondo «Wie man radikale Flugblätter macht», página 1, columna 2, línea 45 desde arriba y siguientes, se dice literalmente:

«En mayo del año pasado fue fundado en Londres por el ya mencionado Biscamp un periódico “Das Volk”... De dónde procedía el dinero para el periódico, profusamente repartido, lo saben los dioses; que Marx y Biscamp no tienen dinero superfluo, lo saben los hombres.»

En el contexto de todo el artículo del n.º 41, y asimismo del artículo de fondo del n.º 37 de la «Nationalzeitung», donde se me presenta como «aliado de la policía secreta en Francia y Alemania», y señaladamente

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en relación con el pasaje que citaré sub III), el lugar recién aducido apunta a que el dinero para «Das Volk» fue procurado por mí de manera deshonrosa. |

|6)| A este respecto señalo:

El propio Vogt, en su panfleto comentado por la «Nationalzeitung», cita en la p. 41 de los «Dokumente», que forman el apéndice de su libro, la siguiente nota editorial del n.º 6 de «Das Volk», de fecha 11 de junio:

«Tenemos la satisfacción de poder comunicar a nuestros lectores que K. Marx, Fr. Engels, Ferd. Freiligrath, W. Wolff, H. Heise, etc.... han decidido conceder su apoyo a “Das Volk”.»

Así pues, hasta mediados de junio no había yo prestado aún apoyo alguno a «Das Volk», y su situación financiera hasta esa fecha no me incumbe en absoluto. Sin embargo, puedo señalar de paso lo siguiente: Biscamp, que entonces vivía en Londres de dar clases, redactó «Das Volk» siempre gratuitamente. Del mismo modo, todos los colaboradores, desde la primera aparición hasta la desaparición del periódico, entregaron sus artículos gratuitamente. Los únicos costos de producción que había que cubrir consistían, por tanto, en los gastos de impresión y los gastos de expedición. Pero éstos eran siempre considerablemente mayores que el producto del periódico. Antes de que yo prestara mi colaboración al periódico, los déficit se cubrían mediante colectas públicas entre los alemanes residentes en Londres. Posteriormente, yo procuré 20-25 libras esterlinas (133 a 166 táleros), que fueron aportadas exclusivamente por el Dr. Borchardt, médico práctico, el Dr. Gumpert, ídem, el Dr. Heckscher, ídem, Wilhelm Wolff, maestro, Friedrich Engels, comerciante (todos ellos residentes en Manchester), y por mí mismo. Una parte de estos señores no coincide en absoluto con las opiniones políticas mías, de Engels y de W. Wolff; pero todos consideraron muy oportuno oponerse a las maquinaciones bonapartistas en la emigración (y éste era el principal objetivo de «Das Volk»).

Finalmente, «Das Volk» dejó una deuda, creo que de 8 libras esterlinas (53 táleros), de la que Biscamp es responsable, y por la que Hollinger tiene en su poder un pagaré suyo.

Ésta es toda la historia financiera de «Das Volk».

En lo que respecta al Sr. Biscamp, él mismo ha declarado ahora, en el suplemento al nº 46 del Allg. Zeitung, del 15 de febrero de 1860:

«Toda mi relación política con el Sr. Marx se limita a unas pocas contribuciones periodísticas que él suministró para el semanario Volk fundado por mí.»

En cuanto a mis propias fuentes de ingresos, sólo quiero señalar que desde 1851 soy colaborador permanente de la «New York Tribune», el primer periódico angloamericano, para el que no sólo envío correspondencias, sino también artículos de fondo. El periódico cuenta con unos 200 000 suscriptores y paga en consecuencia. Soy además, desde hace varios años, colaborador de la Cyclopaedia Americana editada por el Sr. Dana, uno de los redactores de la New York Tribune. Pienso que para las actuaciones judiciales recibiré todavía una carta del Sr. Dana, de Nueva York, referente a estas circunstancias. Pero en caso de que esta carta no llegara a tiempo, bastará con que os remita al Sr. Ferdinand Freiligrath, gerente de la General Bank of Switzerland, 2, Royal Exchange Buildings, Londres, quien durante muchos años tuvo la amabilidad de cobrar mis letras de cambio giradas sobre América.

La desvergüenza de Vogt y del Nationalzeitung, coligado con él, al sospechar de mí por mi participación en un periódico que no pagaba, es tanto mayor cuanto que el mismo Vogt, en la página 226 de su libro reseñado por el Nationalzeitung, dice abiertamente que «él» también, «en lo sucesivo», «tomará el dinero para sus fines allí donde pueda conseguirlo».

III) En el nº 37 del Nationalzeitung, artículo de fondo titulado: «Karl Vogt y el Allg. Zeitung», página 1, columna 2, línea 22 y siguientes desde arriba, el Nationalzeitung dice —y considero este pasaje como el más agravante de la querella por calumnia—, textualmente como sigue:

«Vogt informa en las págs. 136 y sigs.: Bajo el nombre de la banda del azufre, o también Bürstenheimer, era conocido, entre la pléyade de refugiados de 1849, un número de individuos que, al principio dispersos por Suiza, Francia e Inglaterra, se fueron reuniendo poco a poco en Londres y allí veneraban al Sr. Marx como su visible cabeza... Una de las ocupaciones principales de la banda del azufre consistía en comprometer a personas en la patria de tal modo que éstas tenían que pagar dinero para que la banda guardase el secreto de su comprometimiento. No se escribió una sola, sino cientos de cartas a Alemania, en las que se amenazaba con denunciar la participación en tal o cual acto de la revolución si, antes de un plazo determinado, no llegaba cierta suma a una dirección señalada... Los “proletarios” (cuya cabeza se me presenta a mí) llenaban las columnas de la prensa reaccionaria en Alemania con sus delaciones contra aquellos demócratas que no les rendían pleitesía. Se convirtieron en los aliados de la policía secreta en Alemania y Francia.»

En relación con este infame pasaje, que el Nationalzeitung se apropia sin más del Sr. Vogt y al que dio circulación entre sus 9000 suscriptores, observo lo siguiente:

En primer lugar: Como ya señalé en mi primera carta a usted, la tarea del Nationalzeitung será ahora presentar, de las «cientos» de cartas amenazadoras, una sola carta o una sola línea cuyo autor fuera yo o algún hombre notoriamente vinculado a mí.

En segundo lugar: Repito lo que ya dije en mi primera carta: que desde julio de 1849 no escribí nunca para un periódico alemán, excepto para la Neue Oderzeitung de Breslau (en 1854), en la época en que era redactada por el Dr. Eisner y el Dr. Stein. Tanto como muestran los propios números del periódico, como los Sres. Eisner y Stein estarán seguramente dispuestos a testificar, nunca consideré que valiera la pena mencionar a la emigración ni con una sola palabra.

De las columnas de la «prensa reaccionaria», «llenas» por mí o por mis amigos con «delaciones», será tarea del Nationalzeitung aportar una sola columna. En cambio, es verdad, y demostrable, que una gran parte de la emigración alemana en Londres llenó sistemáticamente, durante años, periódicos alemanes de todos los colores con sus chismes contra mí. Jamás he utilizado ni mi relación con la New York Tribune, ni con los periódicos cartistas, ni con la Free Press para tomarme la revancha.

En cuanto a la «relación con la policía secreta en Francia y Alemania», Hörfel, de París, un notorio agente de la policía francesa, fue durante mucho tiempo el agente principal de la asociación de emigrados de Kinkel. Éste, por su parte, estaba en relación con Beckmann, quien a la vez era agente de la policía prusiana y corresponsal del Kölnische Zeitung. Por otra parte, Engländer, también notorio agente de la policía francesa, fue durante bastante tiempo corresponsal en París de la camarilla de Ruge. De este modo, la «emigración democrática» en Londres había establecido por completo su «relación con la policía secreta en Francia y Alemania», naturalmente sin saberlo.

Finalmente, Vogt y con él el Nationalzeitung hablan de «un número de individuos que, bajo el nombre de banda del azufre o también de los Bürstenheimer, era conocido entre la pléyade de refugiados de 1849, que al principio, dispersos por Suiza, Francia y Alemania, se reunieron poco a poco en Londres y allí veneraban al Sr. Marx como su visible cabeza».

Considero este pasaje como algo secundario, pero, para esclarecimiento y desenmascaramiento de la intención calumniosa de Vogt y del Nationalzeitung, quiero hacer las siguientes observaciones:

Banda del azufre era el nombre de una sociedad de jóvenes refugiados alemanes que se alojaron en Ginebra en el año 1849-50 y habían establecido allí su cuartel general en el Café de l’Europe. Era ésta una sociedad ni política ni socialista, sino, en el sentido propio de la palabra, una «sociedad de alegres hermanos», que intentaban superar la primera resaca del exilio con desmadradas ocurrencias. Componíanla las personas siguientes:

Eduard Rosenblum, estudiante de medicina; Max Cohnheim, dependiente de comercio; Korn, químico y boticario; Becker, ingeniero, y L. S. Borkheim, estudiante y artillero. Nunca había yo visto a ninguno de estos señores, excepto al Sr. Becker una vez en el Congreso Democrático de Colonia, en 1848. A mediados de 1850, los miembros de la sociedad, con excepción de Korn, fueron expulsados de Ginebra. La sociedad se dispersó a los cuatro vientos.

Debo a la bondad del Sr. Borkheim, actualmente al frente de una gran casa de comercio en la City (44, Mark Lane), las precedentes noticias sobre esta sociedad, que antes me era por completo desconocida. Al propio Sr. Borkheim lo conocí personalmente hace apenas unos catorce días, cuando me dirigí a él por escrito para recabar información.

Baste esto sobre la banda del azufre.

En lo que concierne a los Bürstenheimer, era éste un apodo injurioso que un tal Abt, ahora secretario del obispo de Friburgo, aplicó a la sociedad de formación obrera de Ginebra. En efecto, Abt había sido declarado indigno en una sociedad general de refugiados, en la que, junto a antiguos parlamentarios de Frankfurt, se encontraban también miembros (refugiados) de la sociedad de formación obrera. Para vengarse, escribió un panfleto en el que bautizó a la sociedad de formación obrera como «Bürstenheimer», porque un fabricante de cepillos de nombre Sautern/ze/m presidía entonces la sociedad. Esta sociedad de formación obrera de Ginebra no tenía relación alguna conmigo ni con la sociedad comunista londinense a la que yo pertenecía. En el verano de 1851, dos miembros de ella, el abogado Schilly, ahora en París, y P. Imandt, ahora profesor en el seminario de Dundee, fueron expulsados por las autoridades suizas y se dirigieron a Londres, donde ingresaron en la asociación obrera entonces dirigida por Willich y Schapper, que abandonaron, sin embargo, tras unos meses. Su relación conmigo era la de paisanos y antiguos amigos personales. La única persona en Ginebra con la que yo mantuve relación, desde mi expulsión de Prusia (1849), fue el Dr. Dronke, ahora comerciante en Liverpool.

Los nombres de banda del azufre y de Bürstenheimer, así como las dos sociedades dispares que designaban, pertenecían, pues, exclusivamente a Ginebra. Ambas sociedades no estuvieron nunca en relación alguna conmigo. En Londres se dieron a conocer por primera vez a través de los artículos de fondo del Nationalzeitung, que el Daily Telegraph, un periódico diario londinense, reprodujo en extracto.

Mi relación con la «banda del azufre» y con los «Bürstenheimer» es, por tanto, una mentira consciente de Vogt, de la cual el Nationalzeitung se ha hecho canal.

IV) El Nationalzeitung, nº 41, artículo de fondo «Cómo se hacen hojas volantes radicales», pág. 1, columna 1, línea 49 desde arriba, dice:

«Vogt habla al principio meramente del “partido de los proletarios” bajo Marx», con lo cual me identifica, pues, con el «partido de los proletarios», y todo lo que dice sobre este partido me afecta, por tanto, personalmente.

Ahora bien, se dice más adelante en el mismo artículo, columna 2, línea 18 y siguientes desde arriba:

«De esta manera se urdió en 1852 una conspiración de la especie más infame, con fabricación masiva de papel moneda falso (véanse los detalles en Vogt) contra las asociaciones obreras suizas, una conspiración que habría causado los más graves inconvenientes a las autoridades suizas si no hubiese sido descubierta a tiempo». Y más abajo, en la misma columna, línea 33 desde arriba: «El “partido de los proletarios” tiene un odio especial contra Suiza, etc.».

Por el proceso de los comunistas de Colonia, de octubre de 1852, tenía que saber la Nationalzeitung (exactamente como Vogt lo supo por mis «Revelaciones sobre el proceso de los comunistas») que yo jamás estuve en contacto con Cherval, de quien se dice que en 1852 llevó a cabo las maquinaciones en Suiza; (el señor Karl Schapper, de Londres, 5, Percystreet, Bedfordsquare) que estuvo en contacto con Cherval antes del proceso de Colonia, está dispuesto a dar toda clase de aclaraciones al respecto); que yo denuncié a Cherval, durante el proceso de los comunistas de Colonia, por medio de los abogados, como aliado de Stieber; que según las propias declaraciones de Stieber, arrancadas a la fuerza, Cherval, en 1851, cuando organizaba el complot franco-alemán en París bajo la dirección de Stieber, pertenecía a una sociedad que me era hostil. La Nationalzeitung sabía por el libro de Vogt, al que dedica dos artículos de fondo, que yo, igualmente, tras la conclusión del proceso de Colonia, en un escrito enviado a Suiza para su impresión: «Revelaciones sobre el proceso de los comunistas en Colonia», había denunciado a Cherval como mouchard. Cuando Cherval, durante el proceso de Colonia, supuestamente se fugó de la cárcel de París, pero en realidad vino a Londres como mouchard, fue recibido con los brazos abiertos en la asociación obrera de Willich-Schapper de entonces, pero fue expulsado a raíz de la interpelación que los abogados en Colonia (en particular Schneider II), instruidos por mí, dirigieron a Stieber respecto a Cherval durante las vistas judiciales.

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Era, pues, la calumnia más desvergonzada y más intencionada de Vogt y de la Nationalzeitung, a él afiliada, el hacerme responsable de las supuestas hazañas suizas de este individuo por mí desenmascarado, perseguido y notoriamente hostil hacia mí. Vogt habla de afiliados de Marx en Ginebra con los que Cherval se habría relacionado. Ahora, como en 1852, no estoy en contacto con una sola persona en Suiza.

Repito lo que ya le escribí anteriormente: el 15 de septiembre de 1850, yo y mis amigos nos separamos de una parte de la autoridad central londinense de la sociedad comunista alemana entonces existente (llamada: «Liga de los Comunistas») – de la parte que, bajo la dirección de Willich, se entregó a las (por lo demás, sumamente infantiles e inofensivas) maniobras de revolución y conspiración de la «emigración democrática». Trasladamos la autoridad central a Colonia y no mantuvimos más correspondencia con parte alguna del continente fuera de Colonia. ||11)| Esta correspondencia, como demostró el proceso de Colonia, no contenía nada criminal. Desde la primavera de 1851, en cuanto se produjeron las detenciones de miembros individuales de la sociedad en Colonia, nosotros (la parte londinense de la sociedad) rompimos toda y cualquier conexión con el continente. Sólo seguí carteándome con un amigo de los detenidos, por lo demás personalmente desconocido para mí (el señor Bermbach, ex diputado del Reichstag, en Fráncfort), en relación con los medios de defensa. Mis amigos en Londres se reunían una vez por semana para frustrar las maniobras policiales aplicadas por Stieber del modo más desvergonzado y renovadas a diario. A mediados de noviembre (de 1852), tras la conclusión del proceso de Colonia, declaré, con el asentimiento de mis amigos, por disuelta la «Liga de los Comunistas» y desde entonces hasta ahora no he pertenecido ni a una sociedad secreta ni a una pública. Ferdinand Freiligrath, que fue miembro de la sociedad comunista, que se encontró en Colonia desde el otoño de 1848 hasta la primavera de 1851 y que desde la primavera de 1851 hasta ahora reside en Londres, puede atestiguar la verdad exacta de las afirmaciones precedentes. Por lo demás, una pieza probatoria suficiente es la carta adjunta, del 19 de noviembre de 1852, provista de los matasellos de Londres y Manchester, que mi amigo F. Engels ha vuelto a encontrar entre sus viejos papeles.

El folleto adjunto, citado por Vogt y por la Nationalzeitung, lo mandé imprimir en Boston (en América), después de que la edición original, aparecida en Basilea en casa de Schablitz, fuera confiscada en la frontera de Baden en 2.000 ejemplares. Por él verá usted, así como más tarde por el proceso Stieber-Eichhoff ahora pendiente en Berlín, que la sociedad comunista a la que yo pertenecí hasta mediados de noviembre de 1852,

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no ofrecía absolutamente ningún hecho constitutivo de delito para la acusación, y que yo y mis amigos de Londres, por otra parte, desgarrábamos con nuestros muy limitados medios tan enérgicamente todas las redes de la intriga policial, que la condena de los acusados, según dice el antiguo agente de Stieber, un tal Hirsch, actualmente preso en Hamburgo, en sus confesiones en la «New-Yorker Criminalzeitung del 22 de abril de 1853», debía ser asegurada finalmente, además, haciendo que Hirsch viajara a Colonia bajo el nombre de Haupt y jurara en falso en nombre del Haupt por él representado. Este golpe estaba a punto de ejecutarse cuando, dice Hirsch, el señor von Hinckeldey escribió:

«El procurador del Estado esperaba, dada la feliz composición del jurado, obtener el veredicto de culpabilidad incluso sin medidas extraordinarias, y él (Hinckeldey) rogaba, por tanto, que no se hicieran más esfuerzos.»

Se entiende de suyo que el folleto adjunto sólo tiene valor jurídico para esclarecer mi lucha contra Stieber-Hinckeldey y el sistema policial prusiano de entonces. Las sociedades en él mencionadas pertenecen desde hace muchos años a la historia.

|12)| V) Finalmente, para ponerle en claro la importancia que esta querella por calumnia contra la Nationalzeitung tiene para mí, quiero mencionar aún muy brevemente las consecuencias londinenses de los artículos de fondo de la Nationalzeitung.

En el Daily Telegraph (un periódico que aparece diariamente en Londres) del 6 de febrero de 1860 apareció un artículo de dos columnas y media de extensión bajo el título: «The Journalistic Auxiliaries of Austria» (Los auxiliares periodísticos de Austria).

Este artículo, fechado en Fráncfort del Meno, pero realmente escrito en Berlín, es, como muestra la comparación más superficial, en parte mera paráfrasis, en parte traducción literal de los dos artículos de fondo de la Nat. Zeit., núm. 37 y núm. 41, por mí incriminados. Le enviaré el número correspondiente del Daily Telegraph en los próximos días. En este artículo del Telegraph, yo, junto con mis amigos, soy convertido, en primer lugar, exactamente igual que en la Nationalzeitung, en «un aliado de la policía secreta»; en segundo lugar, todo el pasaje del que ya hablé sub IV) sobre la banda de azufre, las cartas amenazantes de dinero, mi conexión con la falsificación de moneda de Cherval en Suiza, etc., está traducido literalmente de la Nationalzeitung.

Tan pronto como apareció este artículo, escribí inmediatamente al redactor del Daily Telegraph y le intimé, bajo amenaza de una querella por calumnia (action for libel), a que me diera una satisfaction honorable. Me respondió: que había enviado mi carta a su corresponsal en

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Alemania y que esperaría su respuesta. Esta respuesta apareció en el número del Daily Telegraph del 13 de febrero de 1860, y en traducción literal dice como sigue (recibirá usted el original dentro de pocos días):

«Fráncfort del Meno. Febr. 8. Seré breve en mi despacho de las observaciones que el Dr. Marx ha dirigido a usted en respuesta a uno de mis informes. Sencillamente ha dirigido mal su carta. Si el erudito señor hubiera dirigido sus observaciones al propio Dr. Vogt, o a uno de los cien redactores alemanes que han citado el libro del Dr. Vogt, su proceder habría correspondido a lo que el asunto parece exigir. Pero así, el Dr. Marx deja sin refutar las numerosas acusaciones levantadas contra él en su propio país natal y prefiere desahogar su enfado mediante un ataque al único periódico inglés que acogió en sus columnas un dato que ha sido impreso y vuelto a imprimir en casi todas las ciudades alemanas de cierta importancia. El erudito señor parece olvidar por completo el hecho de que no tiene el menor derecho a quejarse de la publicación de cierta pieza de noticia desagradable en un periódico inglés, mientras no tenga a bien pedir cuentas a los autores y propagadores del mal en su país natal. Cierro estas líneas con la declaración de mi disposición a admitir la falsedad de las afirmaciones contenidas en la susodicha comunicación, tan pronto como el Dr. Marx haya convencido al mundo de su falsedad. Si está en posesión de las pruebas necesarias para tal fin, nada puede serle más fácil que alcanzar cosa tan deseable. Dispone de al menos 50 ciudades alemanas donde puede incoar procesos y hacer que los redactores reciban el debido castigo. Si no tiene a bien emprender este camino, no es deber de un corresponsal inglés retractar lo que no ha asegurado él, sino que sólo ha repetido sobre la autoridad incontrovertida de las fuentes más respetables.»

Sólo llamo la atención de pasada sobre las exageraciones con las que el corresponsal berlinés del «Daily Telegraph» (creo que un judío de nombre Meier) trata de ocultar su plagio de la Nationalzeitung. Primero son cien redactores alemanes, luego muchos miles (a saber, tantos redactores como ciudades de alguna importancia hay en Alemania) y, por último, son por lo menos 50 redactores a los que yo tendría que demandar. Por lo demás, bajo las fuentes más respetables entiende su única fuente, la Nationalzeitung de Berlín.

Menciono también sólo de pasada que en mi carta del 6 de febrero dirigida al editor del «Daily Telegraph»,

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que él, según me escribió él mismo, envió a su corresponsal alemán, yo había comunicado al editor del «Telegraph», y por tanto también a su corresponsal, que iba a entablar una querella por calumnia contra la Nationalzeitung de Berlín.

Lo que aquí considero como lo único y decisivamente importante es que el Daily Telegraph, escudándose tras su corresponsal, me niega toda satisfacción antes de que yo haya llevado a cabo el proceso contra un periódico alemán. Se remite a la autoridad «respetable» de la Nationalzeitung, que es precisamente la única que presenta en este contexto los datos por él aducidos.

Comprenderá usted qué escándalo provocó en Londres el artículo del Telegraph. Este escándalo se lo debo a la Nationalzeitung. Ya en interés de mi familia tengo que entablar una querella por calumnia (action for libel) contra el «Telegraph», para lo cual los anticipos necesarios aquí ascienden, antes de la decisión del proceso, a por lo menos 200 libras esterlinas. La bajeza sin fondo a la que Vogt es capaz de descender la habrá visto usted por la insinuación canallesca de que mi supuesta conexión con la Neue Preußische Zeitung ||14)| se explica porque mi mujer es la hermana del ex ministro prusiano v. Westphalen.

Espero ahora a vuelta de correo (si no ha salido ya antes una carta hacia mí) el aviso de que ha recibido usted las siguientes cartas:

1) Carta desde Londres del 13 de febr., junto con un anticipo de 15 táleros.
2) Carta desde Manchester del 21 de febr., junto con el poder y 7 anexos.

3) Esta carta desde Manchester del 24 de febrero, en la que se incluyen  
el folleto: «Enthüllungen über den Communistenproceß zu Köln» y  
una carta que escribí el 19 de noviembre de 1852 a F. Engels y que está provista de los  
matasellos de Londres y Manchester.  

Con la más alta consideración,  
su más devoto  
Dr. Karl Marx |  

Registrado  
Documentos judiciales  
Al señor consejero de justicia real  
Sr. Weber  
Berlín I  

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