en Manchester
Londres, jueves, 9 de febrero de 1860

9 de Febr. de 1860.
Querido Engels:

Que hayas ofrecido tu folleto a 2 luises de oro por pliego es vergonzoso. Tales folletos no se venden por pliego, sino a bulto. 40 táleros por pliego sería todavía poco. Por lo demás, Campe es mejor que Duncker. También el librero en que aparece la Gaceta Militar de Darmstadt tomaría con gusto el folleto. La cuestión principal es, en efecto, que la cosa salga rápidamente, y yo en tu lugar zanjaría el asunto por telégrafo con el piojoso de Duncker.

Mantengo una correspondencia secreta y confidencial con el Daily Telegraph desde el día en que apareció esa mierda. Pues el tipo, antes de hacer una reparación honorable —le había escrito de forma groserísima—, quiere la respuesta de su corresponsal. Yo, por el contrario, exijo que publique de inmediato por lo menos una nota. Ahora, publique lo que publique, le voy a meter una acción por difamación. Dadas las circunstancias en que está el asunto, siempre se encuentran con gusto abogados que toman el caso por cuenta propia. Así, Edwin James se ofreció voluntariamente en la acción por difamación de Ernest Jones contra Reynolds. Por eso escribí ayer a Ernest Jones. Por lo demás, el mismo martes en que apareció la cosa, escribí al editor del papelucho populachero de Palmerston, entre otras cosas: «Esa carta que pretende haber sido escrita desde Fráncfort del Meno, pero que de hecho fue redactada en Berlín, no es más que una burda amplificación de dos artículos de fondo, etc., etc.» de la Berliner Nationalzeitung. El autor, es decir, el cochino corresponsal berlinés del D. T., es un judío de nombre Meier, pariente del propietario de la City, que es un judío inglés llamado Levi. Por eso ambos tipos —con la ayuda de Vogt— le echan en cara a Heine, y con razón, el que sea un judío bautizado. 

Adjunto la última carta de Itzig, que has de guardar como una rareza. ¡Este objetividad! Imagínese la plasticidad de este, el menos griego de todos los judíos polacos acuosos. Le he contestado al tipo únicamente anunciando de inmediato en los periódicos —también en la Volkszeitung— la presentación de una querella por calumnias contra la N. Z. (La circular sobre Blind va adjunta en todas partes, aunque yo, según el gran Itzig, no debo «engañarme sobre el alcance de este argumento».)

Por lo demás, en toda esta semana aún no he logrado escribir ninguna carta a la Tribune. He tenido que enviar al mundo —sin contar las vueltas a Collet y a Dios y al diablo— por lo menos 50 cartas. Entre ello, correspondencia con el asqueroso Telegraph y correspondencia con el Star, al cual le había enviado toda la correspondencia con el Telegraph. La carta adjunta del Star guárdala. También he escrito a Reynolds. Ya veré lo que hace. Entretanto, vueltas por lo de Wiehe y a la policía. El resultado, más abajo. A mis cartas al continente —en cuanto no van dirigidas sólo a los periódicos— hasta ahora dos respuestas. Una de Schily. Impagable. Contiene toda la historia de la banda de azufre y de Bürstenheimer. Otra carta de Szemere. Muy valiosa por las revelaciones sobre los fondos monetarios «propios» (sin contar a Bonaparte) de los húngaros revolucionarios, de los cuales Vogt pretende haber recibido su dinero. Una carta de Imandt, no del todo mala. Al menos uno o dos puntos. Espero aún respuesta, sobre todo del señor Reinach en Neufchâtel, quien debe ser una crónica escandalosa ambulante sobre el regente imperial. (A propósito. ¿Qué dirección dio el espía Hafner en la A. A. Z.? Necesito un punto de él.) También he escrito a Borkheim (a quien nunca he visto personalmente). Era jefe de la banda de azufre en Ginebra, que moraba en el Café de la Couronne, y a la que tú, según me escribe Schily, en tus excursiones ocasionales a veces también obsequiabas con tragos.

Mi escrito de acusación contra la Nat. Zeit., para la fiscalía del tribunal municipal de Berlín, está listo. Será enviado antes de que yo vaya a verte. Pero antes tengo que esperar la respuesta de Fischel en lo tocante a pies y cabeza, por la forma prescrita del saludo, etc. El paquete (puesto que hay que adjuntar toda clase de escritos y documentos), ¿debo enviarlo por correo o por compañía de paquetería a Berlín? En cualquier caso, ha de ir certificado.

He revuelto todo lo que tengo aquí en Londres de cartas y periódicos del período 1848-59. He separado y ordenado lo necesario. Prepárate nada más para que yo encuentre todo lo que se halle en Manchester en un «montón reluciente».

El lunes, pues, fue el banquete obrero. 80 personas presentes. Se adoptó, con indignada unanimidad de «los proletarios», un acuerdo contra Vogt. El piojoso del Hermann me pidió un informe. Lo rechacé, pero le dije que se procurase una breve nota con el padre Liebknecht.

A propósito, para volver a nuestros carneros, esto es, a Lassalle. Como cuando recibí su primera carta no sabía si tú ya le habías escrito conforme a nuestro acuerdo original (cuando las circunstancias aún eran otras), le dije en dos líneas: había creído tener que explicar su silencio de muchos meses por el enfado a causa de mi última carta, un tanto grosera (fue groserísima). Me alegra que no haya sido así. Ya te había comunicado mi reparo. ¡Bueno! ¡Y el animal arma tal escándalo por ello! ¡Cómo se pavonea moralmente el tipo frente a Liebknecht, el mismo sujeto que empleó los medios más desvergonzados y se puso en contacto con las personas más desvergonzadas al servicio de la condesa de Hatzfeldt! ¿Olvida ese bicho que, aunque yo quise admitirlo en la Liga, un acuerdo unánime de la autoridad central de Colonia no lo aceptó por su mala reputación? De hecho, creo que, por delicadeza, le he mantenido todo eso en secreto, incluso la diputación obrera que hace algunos años fue enviada a mí desde Düsseldorf y que presentó contra él las acusaciones más escandalosas, en parte irrefutables. ¡Ahora mira al mono hinchado! Apenas cree —viéndolo a través de sus ojos teñidos de bonapartismo— sorprendernos en un punto débil, cómo se infla, cómo pontifica, cómo se coloca en una postura —por lo demás, ridícula. Por otro lado, de puro miedo a que yo me deje arrinconar así sin más por Vogt en beneficio de mi tierno amigo Lassalle, ¡se le escapa todo instinto jurídico! ¡Cómo se contradice! ¡Cómo se envilece! No debería yo «revolver más el asunto». «No sería bien recibido». ¡No bien recibido! ¡Uno! ¡Para complacer a sus filisteos de cerveza blanca debo dejarme pisotear por el maestro de escuela Squeer, alias Zabel! Ahora lo veo claro con el señor Lassalle.

A Blind le había escrito de inmediato —mejor dicho, metí en un sobre la circular, que lo atañe tan íntimamente. Naturalmente se ha callado el pico. En lugar de eso, el animal corretea por la ciudad y piensa salir del paso con chismes privados. (Véase más abajo de qué le servirá eso.) En las últimas semanas, el individuo ha desplegado una actividad febril, publicando panfleto tras panfleto, poniéndose por las nubes a sí mismo a sangre y fuego en el Hermann, lamiendo por delante y por detrás a los pocos burgueses que ha conocido en el comité de Schiller, entrometiéndose como secretario de la nueva asociación Schiller que se medita, ya renegando de sus «amigos patrioteros», ya dándose importancia con ellos en alusiones semiveladas de estadista, etc. Bien, ya verás en seguida que todo eso es agarrarse al clavo ardiendo del que se ahoga.

El que peor se porta es el panzón filisteo de Freiligrath. Le mandé la circular. Ni siquiera acusa recibo. ¿Cree ese animal que, si yo quiero, no puedo sumergirlo hasta las cejas en el charco de azufre? ¿Olvida que tengo más de 100 cartas suyas? ¿Piensa que no lo veo porque me da la espalda? Ayer envié al filisteo también el emplasto que sigue más abajo, con la expresa condición de que a nadie, por tanto tampoco a su amigo, el demócrata secreto Karl Blind, le dijera ni una palabra. Eso le hará cosquillas, y pronto le entrará sofoco por la excesiva cercanía de su amigo con causas penales, junto con quien figuró ante el público en la A. A. Z. (cosa que le recuerdo de pasada en mi última carta). Excepto Freiligrath, casi todo el mundo en esta crisis se porta decentemente conmigo, incluso personas muy distantes. 

Ahora, al asunto principal. En primer lugar, averigüé por medio de Juch que Wiehe robó antes en Bremen y por eso tuvo que irse a Londres. En segundo lugar, supe por Schapper que él —a quien Wiehe se presentó como cajista del Volk— le proporcionó al muchacho su actual puesto. Instruí a Schapper, quien en secreto le susurró a Wiehe que sabía la historia de Bremen; luego, en presencia de su patrono leyó mi circular y lo sometió a un interrogatorio cruzado. El tipo lo admitió todo. El resultado lo ves en el documento siguiente, del cual poseo un duplicado certificado oficialmente. Uno va a Berlín. El otro me lo guardo aquí para pasos muy decisivos contra el perturbador. Sólo un detalle más. Qué clase de gente es con la que tratan estos «hombres de bien» lo ves aquí. Naturalmente, yo le había hecho saber a Wiehe que le resarciría por la pérdida de una jornada de trabajo que tuviera que pasar conmigo ante el magistrado de policía. Cuando todo acabó, le di 2 chelines y medio. Se queja. Le pregunto: ¿Cuánto gana usted al día? Unas 3 chelines, dice, pero usted tiene que darme 5. Ya que he dicho la verdad, algo tengo que sacar. — Pero lo más hermoso es esto. Yo: You have declined the money offer made by Blind and Hollinger in order to bribe you? He: Why, decline! The rogues promised, but never gave me anything. Éste es el cajista Wiehe. Hollinger es un bicho mucho más infame aún. El tal Vögele, que estaba citado ayer, no vino. Seguro que Blind-Hollinger lo retuvo con dinero. Pero con eso lo han tirado todo al barro. Sé que el tipo todavía tiene conciencia y lo pondré en movimiento. Mi circular los indujo a dirigirse al hombre equivocado. Creyeron deducir de ella que yo no podía yo mismo con Wiehe. Así pues, ad rem:

«Uno de los primeros días de noviembre pasado —no recuerdo la fecha exacta—, por la tarde, entre las 9 y las 10, el señor F. Hollinger me sacó de la cama; yo vivía entonces en su casa y estaba empleado por él como cajista. Me presentó un papel según el cual yo había estado empleado ininterrumpidamente por él durante los 11 meses anteriores y en todo ese tiempo no se había compuesto ni impreso en la oficina del señor Hollinger, 3 Litchfield-street, Soho, determinado pasquín alemán «Zur Warnung» (Una advertencia). En mi estado de perplejidad, y no dándome cuenta de la importancia del asunto, accedí a su deseo y copié y firmé el documento. El señor Hollinger me prometió dinero, pero nunca recibí nada. Durante esa operación, según me informó mi mujer en aquel momento, el señor Charles Blind esperaba en la habitación del señor Hollinger. Unos días más tarde, la señora de Hollinger me hizo bajar mientras cenaba y me condujo al cuarto de su marido, donde encontré al señor Charles Blind solo. Me presentó el mismo papel que el señor Hollinger me había presentado antes y me rogó que escribiera y firmara una segunda copia, pues necesitaba dos: una para él y la otra para su publicación en la prensa. Añadió que me estaría agradecido. Copié y firmé de nuevo el papel.»

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134. Marx a Engels - 9 de febrero de 1860

«Declaro bajo juramento la veracidad de las afirmaciones arriba consignadas, y que:

1) Durante los 11 meses mencionados en el documento, seis de ellos no estuve empleado por el Sr. Hollinger, sino por un tal Sr. Ernani;

2) No trabajé en la oficina del Sr. Hollinger justo en el momento en que se publicó la hoja volante «Zur Warnung»;

3) Supe a la sazón por el Sr. Voegele, que entonces trabajaba para el Sr. Hollinger, que él, Voegele, había compuesto, junto con el propio Sr. Hollinger, la hoja volante en cuestión, y que el manuscrito era de puño y letra del Sr. Blind;

4) los tipos del folleto todavía estaban en pie cuando regresé al servicio del Sr. Hollinger. Yo mismo los deshice en columnas para la reimpresión de la hoja volante «Zur Warnung» en el periódico alemán «Das Volk», publicado en Londres por el Sr. Fidelio Hollinger, 3, Litchfieldstreet, Soho. La hoja volante apareció en el n.º 7, de fecha 18 de junio de 1859, de «Das Volk».

5) Vi al Sr. Hollinger entregar al Sr. William Liebknecht, de 14, Churchstreet, Soho, Londres, la prueba de imprenta del folleto «Zur Warnung», prueba en la que el Sr. Charles Blind había corregido de su propio puño 4 o 5 errores. El Sr. Hollinger vaciló al principio en entregar la prueba al Sr. Liebknecht, y cuando el Sr. Liebknecht se hubo retirado, él, F. Hollinger, me expresó a mí y a mi compañero de trabajo Voegele su pesar por haber dejado la prueba de imprenta fuera de sus manos.

Johann Friedrich Wiehe.»

«Declarado y firmado por el citado
Johann Friedrich Wiehe

en el Tribunal de Policía de Bow Street (englisches Wappen)
a 8º día de febrero de 1860, Bow Street,
ante mí, J. Henry,
Magistrate de dicho Tribunal.»

Había llevado el asunto adrede justamente ante Henry, por ser el magistrate del gobierno, ante quien competen todos los procesos políticos. De la clase de inglés que contiene lo de arriba no me hago responsable. En cambio, sí lo soy de la especificación exacta de los facts. What do you say now, Sir! «El argumento no tiene alcance», dice Itzig. ¡Vive Itzig! Por conspiracy contra mí, unida a attempt at bribery of witnesses —dice el magistrate—, puedo ahora poner de patitas en la calle al señor Blind. ¡Eso es lo que sale de la astucia pequeñoburguesa!
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K. M. I

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