en Londres
Londres, miércoles 23 de noviembre de 1859

23 de noviembre de 1859.
Querido Freiligrath:

Acabo de recibir copia de tu carta a Liebknecht, en la que figura el siguiente pasaje:

“Sólo tengo en mis manos una carta de Vogt, fechada el 1 de abril de 1859. Esta carta, como el sábado pasado aún me admitió Marx, no contiene una sola sílaba sobre la que pudiera fundarse una acusación contra Vogt.”

Siendo la exactitud buena en cosas de esta índole, debo hacer constar en acta mi protesta formal contra ese pasaje.

En primer lugar, no he admitido nada. Admitir (concedere) presupone un debate en el que se retrocede de una afirmación originalmente sostenida y se acepta una opinión contraria expuesta por el adversario. Nada de eso ocurrió entre nosotros. La iniciativa partió de mí. Yo te conté, no te admití nada. El asunto fue el siguiente:

Recordé que tú mismo habías preguntado al señor Blind si era el autor del panfleto anónimo, pues su relato oral coincidía por entero, en tono y contenido, con el folleto. Subrayé que, antes del encuentro con el señor Blind en el mitin de Urquhart del 9 de mayo, nada sabía yo de la actividad de Vogt en el embrollo italiano, absolutamente nada fuera de su carta a ti. Te traje a la memoria que aquella noche, cuando me comunicaste esa carta, ni remotamente pensé en sacar de ella conclusiones sobre el soborno de Vogt y cosas similares. En la carta no hallé más que su, para mí en modo alguno sorprendente, cháchara liberal insulsa. Todo esto lo puse de relieve para dar a cada señor todo honor — no menoscabar en modo alguno al señor Blind su mérito en el descubrimiento de la traición al país de Vogt.

En segundo lugar, no se me ha ocurrido decir que “la carta de Vogt no contiene una sola sílaba sobre la que pudiera fundarse una acusación contra Vogt”. Sólo he dicho que, tras la lectura de la carta, no se me ocurrió sacar tal consecuencia. Pero la impresión subjetiva que la carta me produjo inmediatamente dista como el cielo de la tierra de un juicio objetivo sobre el contenido de la carta o, peor aún, sobre las conjeturas que pudieran formularse al respecto. Para un examen crítico de la carta, necesario para semejante juicio objetivo, nunca tuve ni motivo ni ocasión. Que el señor Blind, por ejemplo, interpretaba de otro modo las cartas de Vogt dirigidas a ti, a él, etc., te es y te era conocido. En su artículo de la “Free Press” (27 de mayo) se mencionan expresamente esas cartas, por ejemplo, como corpora delicti, aunque sin dar nombre alguno. Lo mismo vuelve a ocurrir en su declaración de la “A.A.Z.”

Del señor Vogt paso ahora al señor Beta, cuyo núm. 43 he comprado a raíz de tu carta. Tras la lectura del opus resolví hacer lo mismo que he hecho desde hace diez años: ignorar semejante bazofia. Pero hoy recibo de dos amigos muy allegados a mí (de fuera de Londres) la instancia apremiante de hacer una declaración en interés del partido. Sopesaré el pro y el contra durante dos veces veinticuatro horas. Si tras madura deliberación decidiera hablar, mi declaración contendrá en esencia lo siguiente:

1) Si falsamente se me quisiera atribuir alguna influencia sobre ti, ésta sólo podría corresponder, a lo sumo, a la breve época de la “N. Rh. Z.”, en la que hiciste poemas famosísimos y, con seguridad, los más populares tuyos.

2) En pocas frases, un esbozo biográfico del señor Betzige, alias Hans Beta, desde sus tiempos de Berlín, cuando escribía un periódico teatral de chantaje, pasando por el “How Do You Do” del tabernero y payaso Louis Drucker (incluida mi visita a la cueva del “How Do You Do”), por su ulterior actividad en Leipzig, cuando simultáneamente me calumniaba en “Die Gartenlaube”, es decir, reproducía la porquería del “How Do You Do” y se apropiaba de mis panfletos contra Palmerston, hasta el presente, en que funge de factotum de Gottfried Kinkel. Tal vez fuera útil mostrar al público alemán qué banda de canallas lumpenproletarias croa en este instante con más fuerza en el hediondo pantano de la literatura cotidiana alemana.

3) Dos cartas de Heine a mí, según las cuales el público podrá decidir entre la competencia de Heine y la competencia de Beta.

4) Por último, un par de cartas de Johann Kinkel y Johanna Kinkel a mí de la época de la “N. Rh. Z.” Con estas últimas arrojaría al cura melodramático del altivo corcel que ese padre Bodrio (así es como hay que enmendar la lectura goetheana por ti aceptada) cabalga frente a mí en la arena, para él característica, de una “Gartenlaube”.

Te comunico todo esto para que, en caso de decidirme a hacer una declaración, estés, como corresponde entre amigos, informado de antemano.

En lo que respecta a Liebknecht, Kolb busca evidentemente justificarse ante Cotta, inmolando a Liebknecht, sobre la base de tu carta, como chivo expiatorio por su propio quid pro quo, no por el de Liebknecht. Peccant reges, plectuntur Achivi, sigue siendo siempre verdad.

Para cortar de raíz todo malentendido, he expedido a Liebknecht una copia de los pasajes de esta carta mía referentes al asunto Vogt, simultáneamente con estas líneas para ti.

Tuyo
K. M.