en Manchester  
Londres, jueves, 3 de noviembre de 1859  
13 de noviembre del 59  

Querido Frederick,

Leßner no tiene los nombres de las personas a quienes se remitía «Das Volk». Solo conoce la cantidad de ejemplares (12) que enviaba regularmente a Thimm.

Biskamp afirma que no encargó los libros a Thimm por cuenta suya, sino por cuenta del curita a quien servía de maestro de escuela. Por lo demás, Thimm nunca ha dicho una palabra al respecto. Le escribirá por esta historia, así como por los apetitos de apropiación de Panzer. Ahora está contratado, desde hace un par de días, por 50 táleros mensuales, en el «Weserzeitung».

Mi trabajo avanza mal. Tengo demasiadas perturbaciones domésticas y demasiada porquería al cuello. Habrás oído del «horroroso» festival de Schiller aquí. Freiligrath y Kinkel, o más bien Kinkel y Freiligrath, serán los héroes. Como el asunto partió aquí enteramente de la camarilla de Kinkel, el miserable Beta, factótum de Gottfried, expidió incluso las cartas de invitación para la constitución del comité, escribí hace semanas a Freiligrath que esperaba que he would keep aloof from the Kinkeldemonstration. A ello me respondió el gordo filisteo con una carta no del todo clara, en la que, entre otras cosas, decía: «Aunque Kinkel se lleve a Briseida como presa del discurso festivo, no hay razón para que los aquiles se retiren enfurruñados a sus tiendas». ¡De modo que Kinkel es Agamenón y F. Aquiles! Por lo demás, la fiesta tenía «aún otro significado» (cuál, se verá enseguida). Por último, que había compuesto un poema a Schiller para Boston (Estados Unidos) a petición.

Posteriormente vi en el «Hermann» que Freiligrath actuaba como miembro del comité y se hablaba de una cantata suya a Schiller (compuesta por Pauer); de modo que el filisteo me había ocultado algo. Aún más tarde recibí una segunda carta suya en la que me decía que al parecer yo tenía razón, pero que su participación había contrariado en parte los planes de Gottfried.

Cuando vi al hombre, me contó, con el pecho henchido, todo el desarrollo del asunto. Beta y Juch, agentes de Kinkel, se habían enterado desde América de que F. había compuesto el poema a Schiller para Boston. Gottfried, además del discurso, se había reservado también para sí la cantata festiva. Pero como creía, non bis in idem, y no era factible incorporar a F. sin dejarle a él la parte poética o, mejor dicho, sin ofrecérsela (aunque se contaba con que rechazaría el ofrecimiento), Juch y Beta pidieron a F., en nombre del comité de Kinkel, que se adhiriese al comité e hiciese la cantata. F. dijo que ya había compuesto para Boston, respondió indeciso, pero prometió cooperar en el comité. Este último trató el asunto como una mera formalidad y no volvió a reiterar su solicitud. F., sin embargo, con toda prisa (no halló ya las dificultades que con el pueblo, para el cual nunca pudo hacer tres líneas), se pone a trabajar, compone una cantata (en el metro del ditirambo de Schiller; me ha leído el mamarracho, pompa y estruendo), corre a Pauer, la hace componer, y por medio de sus amigos entre los cantores del festival de Schiller obliga a Kinkel y comparsa a pedírselo una vez más. Luego les envía la mierda, que «por un anacronismo» ya estaba lista y terminada, no solo compuesta, sino también musicada, y se compara a sí mismo, al final de su epístola, a un «siervo» que ha servido a su «señor» antes de recibir la orden (¡señor Kinkel, Beta, Juch y comparsa!). (¡Y esto me lo cuenta el filisteo mismo!)

Con esto no termina aún su «tensión» con Gottfried. F. asiste al comité, donde Gottfried lo trata con mucha frialdad. Ahora bien, F. – según dice, «de manera completamente casual»– había insertado en su cantata un pasaje en el que «necesariamente» debía descubrirse el busto de Schiller. Gottfried, con igual casualidad, había hecho culminar su sermón en el «momento del descubrimiento». Tras prolongada lucha, en la que el filisteo F. permanece siempre callado, pero deja hablar a sus amigos (toda clase de gentuza), se decidió por fin que F. tuviese a su cargo el «descubrimiento», ante lo cual Gottfried exhaló un hondo suspiro, pues ahora tenía que dirigir continuamente su sermón a «la imagen velada». Entonces se levanta uno de los compinches de F. y dice que eso podría remediarse si Kinkel pronunciase su discurso después de la cantata. Pero Gottfried se declara en contra de manera definitiva y manifiesta, sumamente indignado, «que ya ha hecho tantas renuncias en este asunto, pero eso no se le puede exigir». Entonces se acabó todo. De modo que el sermón vendrá en primer lugar.

Y toda esta porquería me la cuenta F. muy seria y pomposamente; en cambio, le parece de lo más natural no haber dicho una palabra en el comité sobre el hecho de que la pandilla de Kinkel se haya permitido no invitar al comité a sus (de F.) presuntos «amigos de partido», convirtiéndolo así en una demostración kinkeliana. Sabía que yo seguro que no habría ido, pero él no debía permitir ese «ostracismo» en un comité en el que él mismo toma asiento. Blind, naturalmente, está en el ajo.

Freiligrath, desde su poema a la Mockel, nos trata «en absoluto secreto» como amigos suyos, mientras que públicamente va del brazo de nuestros enemigos. Qui vivra verra.

A propósito de Blind: El muy canalla estuvo ahora en casa de Hollinger. La A.A. Z. le había escrito que, si persistía en su reticencia, sería sacado a la luz pública de manera asquerosa. Que poseían un documento contra él. Se quejó a Hollinger de que nos hubiera revelado el asunto. H., con razón, respondió quod non, pero que por qué Blind no quería reconocerlo. Este le dijo que él ciertamente había escrito el manuscrito, pero que un amigo suyo lo había redactado. El asunto es que B. lo ha escrito y redactado, pero los puntos más incriminatorios los ha obtenido de Gögg. Ahora bien, el bonachón de Gögg es amigo «aparente» de Vogt y tiene que serlo, pues Fazy, por medio del Banco Suizo, tiene 25.000 francos en acciones de su fábrica de espejos y le sirve en general de banquero. Por eso Gögg solo puede expresar su indignación por la «traición a la patria» en voz baja. Estos son los «republicanos serios».

¿No podrías hacerme un artículo sobre las nuevas reformas militares en Prusia?

Saluda a lupum.