en Manchester  
Londres, miércoles, 5 de octubre de 1859  

I 5 de octubre.  
Querido Engels,

Con el desbarajuste que reina aquí (Speck ha quebrado y ha desaparecido; Garthe, el cajero, está en Brighton) y que siempre reinó en el «Volk», es imposible obtener una cuenta exacta del período anterior a Lessner as to Foreign subscribers. Biskamp asegura que, con excepción de los primerísimos números, siempre se le ha enviado a Thimm una docena de ejemplares.  
Hollinger me ha demandado por 12 libras y unos cuantos chelines —atrasos del «Volk», junto con la composición del último número que no llegó a aparecer—. Este puerco quiere de pronto convertirme en el «propietario», aunque toda la porquería, no diré que se hundió (pues con el filisteo de aquí no hay nada que hacer), sino que cesó con un déficit, porque yo no era el propietario y, a pesar de todo el tiempo perdido, nunca pude poner orden en esa desastrosa administración. Tampoco le he dado a ese tipo ninguna garantía jurídica. Considero falsa la cuenta, pues ese tipo —aparte de los demás ingresos— ha recibido de mí solo 7 libras esterlinas por los tres números penúltimos (su cuenta abarca los dos últimos números). (Los 15 chelines a Leßner no pasaron por su mano, sino que los pagué directamente.) Pero no entro en ningún debate al respecto, porque de lo contrario reconocería de inmediato su derecho a demandarme. El puerco jurará y hará jurar a uno de sus cajistas que yo he garantizado. (Aun en ese caso, primero tendría que haber demandado a Biskamp.) Presentaré a Biskamp, etc., como testigos de descargo. Si tuviera los medios en la mano, para evitar todo procedimiento público, no le habría pagado a Hollinger, pero sí habría comprado una acreencia contra él a un tal Lisle, el || landlord de H. y propietario de la imprenta. H. le debe a este hombre cerca de 60 libras y no le ha pagado ni un cuarto de penique. Pero en las circunstancias actuales, de nada de eso puede hablarse.

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23. Marx a Engels + 5 de octubre de 1859

Si no doy algún golpe —y no veo absolutamente cómo podría darlo—, la posición aquí se hará del todo insostenible. Freiligrath había intentado de nuevo una operación de letras de cambio. Pero anoche recibí carta suya comunicándome que ha fracasado definitivamente, al mismo tiempo que cartas amenazadoras del casero, etc., etc. La adjunta carta de Lassalle, que contesté a vuelta de correo, la considero una buena noticia. La cosa parece venderse a pesar de la conspiration de silence. De lo contrario, no habría llegado esta indirecta incitación de Duncker. Por lo demás, soy absolutamente incapaz de seguir escribiendo el asunto hasta que de una manera u otra haya liquidado la más abyecta porquería burguesa. Tus artículos sobre la historia han sido reproducidos, desde Nueva York hasta California, por los periódicos alemanes. (Con el pequeño «Volk» se tenía en la mano toda la prensa germanoamericana.) Como muestra de la bazofia que aparece en Alemania, te adjunto el siguiente recorte de anuncios de la «Wiener Presse». Il suffit to read el índice de materias. (By the by, estoy dando, ante un círculo selecto de conocidos, unas conferencias sobre el Cuaderno I. Parece interesar mucho a la gente.)

Por último, voy a informar ahora sobre dos «grandes hombres».

Ad vocem R. Schramm. Este triste animal estuvo hace algún tiempo en Ostende y desde allí escribió una correspondencia para el «Hermann». Yo no leo esa última bazofia; Freiligrath me contó el asunto. En esa correspondencia cuenta R. Schramm que ya se puede juzgar de la depravación de los alemanes escuchando sus conversaciones en la playa. Así, dice que escuchó a dos damas que cotorreaban en el más auténtico dialecto de Wupperthal y una de ellas llamaba a la otra «Frau Engels». ¡Ésa es, pues, la venganza de este miserable! Pero, como castigo, el animal ha perdido recientemente 2000 libras esterlinas (teste Freiligrath). El muy necio se había metido en el «comercio de piedras preciosas». Esto también ha frustrado su plan de fundar un periódico alemán propio (que debía aparecer este mes) en Londres. He hecho publicar los facts —la no aparición del periódico, el comercio de joyas y la pérdida de dinero— con gran fastidio del tipo y como respuesta a su malicia infantil, por medio de Biskamp, en el «Weser Zeitung».

Ad vocem K. Blind. Con respecto a este homme d'état tengo que ser algo más extenso.

Aproximadamente dos semanas después de mi regreso de Manchester a Londres, Biskamp me contó que Blind le había hecho proponer, por medio de Hollinger, amalgamarse (es decir, el «Volk») con Blind et Consorten, pero que yo, y en general el elemento comunista, teníamos que salir. En cambio, un socialismo razonable. — Por aquel entonces, aparte de unas cuantas bromas —como sabes—, no había escrito nada en el «Volk». Pero en el acto le escribí a Blind, no una carta, sino una comunicación de about 10 lines, en la que, entre otras cosas, lo llamaba «homme d'état» y «hombre importante» y hablaba de su fiel «Fidelio» (es decir, Hollinger). Al día siguiente llega Liebknecht y me cuenta que en la taberna de la esquina estaban sentados Blind y Hollinger. El primero me esperaba. Fui, pues, con Liebknecht allá. Blind me dio su palabra de honor de que no había nada de cierto en el asunto. El puerco de H. ídem. Así que tuve que creerlo. Pero ese rendez-vous dio ocasión también de abordar otras fullerías de Blind. Entre otras cosas, se habló de Vogt. Blind negó, bajo palabra de honor (también había negado el asunto, sin palabra de honor, en casa de Freiligrath), que él hubiera redactado y lanzado al mundo el anónimo «Zur Warnung». Dije que me extrañaba, pues no contenía sino lo que él me había comunicado de palabra con motivo del mitin Urquhart del 9 de mayo. Le traje a la memoria que entonces había asegurado tener pruebas en la mano, conocer el nombre del hombre al que Vogt había ofrecido 30 o 40 000 florines, pero que «desgraciadamente» no podía nombrarlo, etc. Esto ya no se atrevió Blind a negarlo, sino que lo admitió expresamente y repetidas veces, en presencia de Liebknecht y de Hollinger.  
| I Well! Hace unas semanas, la «A.A.Z.» escribió a Liebknecht, que le había enviado el «Zur Warnung». L. vino a verme. Le dije que fuera a ver a Blind. Que yo esperaría al homme d'état «en la taberna de la esquina de Blind». Blind estaba en el balneario, creo que en St. Leonards. L. le escribe; le escribe una vez, dos veces. Por fin, carta del homme d'état. Éste, en el tono más frío y «diplomático», lamenta que «yo» haya hecho inútilmente el camino para verle. Liebknecht debe comprender que él (Blind) no tiene ganas de inmiscuirse en los asuntos de un periódico «completamente ajeno» a él ni en un asunto que le es por completo extraño. En cuanto a las alusiones de L. a «observaciones» hechas «en conversaciones privadas», no pueden sino basarse en meros malentendidos «totales». Con esto, pues, el «homme d'état» creyó zanjado el asunto.  
Entonces me llevé a Liebknecht a casa de Collet. Recordé que en el Free Press del 27 de mayo (The Grand Duke Constantine etc, p. 53) había un párrafo que de inmediato me había parecido una fabricación de Blind y que, combinado con lo que Blind había admitido de palabra en presencia de L., de Hollinger y mía, constituía todo el contenido del anónimo y demostraba, además, que B. no había tocado el asunto, por lo demás «completamente ajeno» a él, meramente de pasada en «conversaciones privadas». Así que fui a ver a Collet, quien al instante declaró que Blind era el author. Todavía tenía la carta de Blind, en la que éste adjuntaba su tarjeta pero le había rogado que no mencionara su nombre. Esto era una pieza de convicción.

Mediante una serie de maniobras, que sería demasiado prolijo referir aquí, he logrado arrancar además lo adjunto {que debes devolverme a vuelta de correo. Se lo he mostrado también a Freiligrath}. ¡Ahí ves «la palabra de honor» del hombre de bien!

El sábado pasado, Liebknecht le ha enviado por fin al homme d'état una carta (redactada según una carta mía dirigida a L., en la que resumía el asunto con cierta dureza). Se espera respuesta, y ya oirás más detalles.

Salut  
D  
KMI