Karl Marx

Proyecto de un artículo sobre el debate acerca de la ley antisocialista en el Reichstag alemán

|[1]] Sesión del Reichstag del 16 y 17 de septiembre de 1878
Vice-Bismarck — von Stolberg habló 4 minutos, 7 segundos.
Del informe estenográfico.
Reichstag. 4.ª sesión. Lunes 16 de septiembre de 1878. Presidente: Forckenbeck. (Sesión abierta a las 11 horas 30 minutos. Clausura a las 3 horas 40 minutos.)

Sustituto del canciller del Reich, ministro de Estado, conde zu Stolberg-Wernigerode:
«Se tratará … de que se cuide de que esta agitación no pueda ser proseguida en adelante bajo ninguna apariencia de legalidad.»

De los discursos de la sesión del 16 de septiembre.

Atentado.

Bebel: «Señores, al comienzo del debate de hoy, tanto el representante del canciller del Reich como, hace algunos días, el discurso del trono, y asimismo los motivos del proyecto de ley que se nos ha presentado, han señalado en especial los atentados; todos los oradores de hoy han mencionado también, más o menos, los atentados, y todos los han señalado como la ocasión más inmediata de esta ley de excepción, y no hay nada más evidente que el hecho de que fueron la causa. — Entonces, señores, se habría podido esperar con razón que el gobierno se expresara de manera clara y precisa a este respecto, que demostrara qué descubrimientos ha hecho, qué hechos incriminatorios contra nosotros se han sacado a la luz que probaran una conexión, aunque fuera sólo ideal, de los autores de los atentados con la socialdemocracia. Pero hasta hoy no ha ocurrido nada semejante; se ha quedado en palabras vacías e imputaciones. No obstante, se sigue repitiendo la consigna: “La socialdemocracia es culpable de los atentados”. La imputación es: “La socialdemocracia es el partido de los magnicidas”, etc. … No estamos en absoluto dispuestos a tolerar que se siga callando hoy … Tenemos el más vivo interés en saber, ante todo, qué contienen los numerosos

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protocolos que se han levantado a causa de los atentados. Exigimos saber, en particular, qué ha salido a la luz en los extraordinariamente numerosos interrogatorios que han tenido lugar en las distintas regiones de Alemania con correligionarios nuestros y personas ajenas al partido, con gentes de las más diversas tendencias que han estado en relación, por lejana que fuera, con los autores de los atentados. Nosotros, sobre quienes se desvía la culpa y la responsabilidad, exigimos por fin claridad. Sobre todo también en lo tocante al último atentado, que fue la ocasión más inmediata para la nueva elección del Reichstag y para la presentación de esta ley. …

Me retiré (del “Vorwärts”, donde había recabado informaciones sobre el Dr. Nobiling, esto el 2 de junio (1878) bien entrada la noche) muy satisfecho de lo oído y, pocos minutos después, llegué a una tienda donde, para mi mayor sorpresa, encontré fijado un despacho que decía:

“Berlín. 2 de la madrugada. Durante el posterior interrogatorio judicial, el autor del atentado, Nobiling, ha confesado que profesa tendencias socialistas, que también ha asistido repetidamente a asambleas socialistas aquí y que desde hace ocho días tenía la intención de disparar contra Su Majestad el Emperador, por considerar provechoso para el bien del Estado eliminar al jefe del Estado.” |

|[2]] … El despacho que lanzó al mundo esta noticia está designado expresamente como oficial. Tengo en la mano el despacho que fue entregado oficialmente a la redacción de la “Kreuzzeitung”, con notas de puño y letra del redactor de la “Kreuzzeitung”. No cabe la menor duda sobre el carácter oficial de este despacho. Ahora bien, mediante diversas noticias fidedignas se ha demostrado que no se ha llevado a cabo ningún interrogatorio judicial con Nobiling el día del atentado ni en la noche siguiente, que no se ha constatado nada que de alguna manera pudiera considerarse como un punto de apoyo serio para los motivos del asesino y su actitud política. Todos ustedes, señores, saben cómo están las cosas con la oficina telegráfica de Wolff (asentimiento), todos saben que tales despachos absolutamente no pueden pasar sin haber sido aprobados oficialmente. Para colmo, a este despacho se le ha añadido además, oficialmente y de manera expresa, la palabra “oficial”. Así que, en mi opinión, no hay duda alguna de que este despacho ha sido falsificado por parte oficial, con conciencia e intención, y enviado al mundo como tal. (¡Oíd, oíd!) El despacho contiene una de las calumnias más infames que jamás se hayan lanzado al mundo desde una instancia oficial, y ello con la intención de hacer sospechar, de la manera más ignominiosa, a todo un gran partido y de estigmatizarlo como copartícipe de un criminal.»

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«Pregunto además cómo fue posible que los órganos del gobierno, toda la prensa oficiosa y oficial, y tras ella casi toda la restante prensa, apoyándose en el mencionado despacho, pudieran arremeter durante semanas y meses, día tras día, de la manera más inaudita y calumniosa contra nosotros; que pudieran lanzar al mundo, día tras día, los relatos más espantosos e inquietantes sobre complots descubiertos, cómplices, etc., sin que ni una sola vez, por parte del gobierno, etc. … Más bien, por parte del gobierno se ha hecho todo para difundir y consolidar más y más en la opinión pública la creencia en la exactitud de las falsas afirmaciones, y hasta esta hora los representantes oficiales del gobierno ni siquiera se han dignado a dar la menor aclaración sobre las oscuridades existentes. …» Bebel pasa a continuación (pág. 39, columna II) a hablar de las provocaciones. «Es evidente que se ha hecho todo lo posible para provocar disturbios; se quería irritarnos al máximo, a fin de que nos dejáramos arrastrar a algún tipo de actos violentos. Manifiestamente no se tuvo bastante con los atentados. En ciertos círculos se habrían alegrado sin duda si nos hubiéramos dejado llevar por esas provocaciones a actos violentos, para poseer luego un material tanto más abundante y de mayor peso contra nosotros para una intervención durísima, etc.» Bebel exige a continuación «que por fin se saquen a la luz las actas, que se presenten impresas al Reichstag y, en especial, a la comisión que ha de examinar este proyecto de ley. Planteo aquí una exigencia similar a la que, hace un par de días, ya se expresó con pleno derecho, con el asentimiento de casi todos los sectores de la Cámara, durante la discusión del accidente del “Großer Kurfürst”, en relación con dicho accidente, y cuya concesión otorgó expresamente el ministro de Marina (von Stosch), en la medida (¡!) en que de él dependía.» (La exigencia de Bebel fue acogida por el Reichstag con un «¡Muy cierto! ¡Muy bien!») |

|[3]] (¿Qué responde ahora el gobierno prusiano a esta acusación demoledora? Responde por boca de Eulenburg que no presentará las actas; y que no existe material de acusación alguno.)

Ministro del Interior, conde zu Eulenburg: «En la primera cuestión»
(información de los representantes de los gobiernos federales sobre «la investigación que ha tenido lugar contra el criminal Nobiling, fallecido entretanto»)

1) «En la primera cuestión he de declarar que, sobre la posibilidad o admisibilidad de la comunicación de las diligencias del proceso que se había iniciado contra Nobiling, tendría que decidir la autoridad judicial prusiana, si se exige la presentación. Sin embargo, lo que puedo decirles,

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señores, es que ha tenido lugar un interrogatorio de Nobiling, y que en ese interrogatorio, por lo que ha llegado a mi conocimiento, ha declarado que ha participado en asambleas socialdemócratas y que las doctrinas allí expuestas le han parecido atractivas. De comunicar más, he de abstenerme en vista de la circunstancia de que la autoridad judicial prusiana ha de decidir sobre la presentación de las actas.»

(De positivo dice Eulenburg sólo: 1) que ha tenido lugar “un” interrogatorio; se guarda de decir un interrogatorio “judicial”. Tampoco dice cuándo ha tenido lugar ese interrogatorio (seguramente después de que, a consecuencia de la bala que se atravesó en la cabeza, le hubiera salido parte de su cerebro).) Pero lo que Eulenburg hace decir a Nobiling en ese “único” interrogatorio (suponiendo que Nobiling se hubiera hallado en estado de imputabilidad), prueba, primero: que él no se consideraba un socialdemócrata, no se consideraba miembro del partido socialdemócrata; sólo dijo que había asistido a algunos mítines del mismo, como muchos otros pequeño burgueses, y que “las doctrinas allí expuestas le habían parecido atractivas”. Las doctrinas no eran, pues, sus doctrinas. Se comportaba frente a ellas como un neófito. Segundo: que no puso su “atentado” en relación alguna con los mítines ni con las doctrinas expuestas en ellos.

Pero las curiosidades no han terminado aún: Eso “por lo que” el señor Eulenburg puede decir, lo dice él mismo de manera problemática: “que en ese interrogatorio, por lo que ha llegado a mi conocimiento, ha declarado”. El señor Eulenburg, según esto, no ha visto nunca el acta; la conoce sólo de oídas, y sólo puede decir en la medida en que “ha llegado a su conocimiento” por esa vía. Pero al instante siguiente se desmiente a sí mismo. Acaba de decir todo “lo que ha llegado a su conocimiento”. Pero en la frase inmediatamente posterior dice: “De comunicar más, he de abstenerme en vista de la circunstancia de que la autoridad judicial prusiana ha de decidir sobre la presentación de las actas.” En otras palabras: Comprometería ||[4]] al gobierno si “comunicara” lo que sabe.

Dicho sea de paso: Si sólo ha tenido lugar un interrogatorio, sabemos también “cuándo”, a saber, el día en que Nobiling fue detenido con balas en la cabeza y un sablazo en la cabeza, a saber, el día en que se lanzó el infame telegrama, a las 2 de la madrugada del 2 de junio. Pero después el gobierno intentó hacer responsable de Nobiling al partido ultramontano. De modo que el interrogatorio no había revelado en absoluto conexión alguna del atentado de Nobiling con la socialdemocracia.

Pero Eulenburg no ha terminado aún con sus confesiones. Tiene que “señalar expresamente que ya en mayo dije desde este lugar

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que la afirmación no iba en el sentido de que esos hechos hubieran sido instigados directamente por la socialdemocracia; tampoco ahora estoy en situación de formular esa afirmación ni de añadir en absoluto nada nuevo en esa dirección”. ¡Bravo! ¡Eulenburg confiesa paladinamente que toda la infame cacería policial y de investigación practicada desde el atentado de Hödel hasta la reunión del Reichstag no ha proporcionado ni un átomo de prueba para la “teoría” de los atentados que el gobierno ha querido sostener!

Concepto de un artículo sobre el debate acerca de la ley antisocialista en el Reichstag alemán

Los Eulenburg y consortes, que tan delicadas «consideraciones» guardan hacia las facultades de la «autoridad judicial prusiana», que hallan en ella un obstáculo presuntivo para presentar al Reichstag los «protocolos», después de que Hödel fuera decapitado y Nobiling hubiera muerto —es decir, una vez conclusa la investigación para siempre—, no se recatan al inicio de la investigación contra Nobiling, el mismo día de su atentado, de provocar con un «telegrama» tendenciosamente coloreado sobre el supuesto primer interrogatorio de Nobiling el *delirium tremens* del filisteo alemán, ¡y de dejar levantar después, a través de su prensa, todo un edificio de mentiras! ¡Qué respeto por la autoridad judicial, y señaladamente también por los coimputados por el gobierno!

Después de que el señor Eulenburg declarase así que no existe ningún hecho constitutivo para la acusación contra la socialdemocracia sobre la base de estos atentados —y de que por ello se niegue asimismo a presentar los protocolos que iluminarán con luz grotesca ese hecho repugnante—, prosigue diciendo que el proyecto de ley descansa, en realidad, tan sólo en una «teoría», la teoría gubernamental «de que las doctrinas de la socialdemocracia y la manera como se propagan en una agitación apasionada serían muy apropiadas para hacer madurar, en ánimos embrutecidos, frutos tan tristes como los que con nuestro más profundo pesar hemos tenido que experimentar (¿los tristes frutos como Sefeloge, Tschech, Schneidet, Becker, Kullmann, Cohen (alias Blind)?) y en esta afirmación, señorías, creo hallarme de acuerdo con la totalidad de la prensa alemana (es decir, en la medida en que está reptilizada, i.e., con la única excepción de los periódicos independientes de todas las tendencias), con la sola excepción de la socialdemócrata, aún hoy». (Otra vez pura mentira. (Las reuniones a las que asistió Nobiling tuvieron lugar, como todas, bajo la vigilancia de un policía; o sea que nada de comprometedor había en ellas; las doctrinas que escuchó sólo pudieron referirse a los asuntos que figuraban en el orden del día.))

|[5]| Después de estas falsas afirmaciones fácticas sobre la «totalidad de la prensa alemana», el señor Eulenburg está «seguro de no encontrar contradicción alguna en este sentido».

Frente a Bebel, tiene que «recordarle qué actitud ha adoptado la prensa socialdemócrata frente a esos acontecimientos»; para demostrar «que la socialdemocracia no “aborrece” el asesinato, cualquiera que sea la forma en que se presente», como ella pretende.

Prueba: 1) «Primeramente se intentó, en los órganos de la socialdemocracia, probar que los atentados fueron obra de encargo.» (Crownprince)

(Quejas de la «Norddeutsche Allgemeine» sobre el carácter legal de la agitación socialdemócrata alemana.)

2) «Cuando se comprendió que por ese camino no se podía avanzar… se pasó a afirmar la inimputabilidad de los dos criminales, a presentarlos como idiotas aislados y sus actos como fenómenos que se habrían dado de vez en cuando en todas las épocas (¿no es así?) y por los cuales no se puede hacer responsable a nadie más.» ((prueba amor al «asesinato») (lo hicieron muchos periódicos no socialdemócratas.))

El señor Eulenburg, en vez de presentar los «protocolos», de los que según su declaración anterior no sabe nada o aquello que sabe debe «abstenerse» de revelar por consideración a la «autoridad judicial prusiana» —exige ahora que, sobre la base de esos «protocolos» sustraídos, se le crea lo siguiente: «Señorías, la investigación llevada a cabo no ha rendido el menor punto de apoyo para afirmar que los dos hombres no estuvieran en modo alguno en condiciones de sopesar las consecuencias y el significado de sus actos. Por el contrario, todo lo que ha podido comprobarse es que se actuó con plena imputabilidad y, en el último caso, con una inicua y refinada premeditación (¿o sea que en el decapitado Hödel no?), como raras veces se ha visto.»

3) «En muchos órganos de la socialdemocracia se ha pasado a excusar esos actos, a exculpar a los autores. Se les ha hecho responsables del crimen no a ellos, sino a la sociedad (El gobierno los ha exculpado al no hacerlos responsables a ellos, sino a “las doctrinas de la socialdemocracia” y a la agitación de la clase obrera —es decir, a una parte de la sociedad y de sus “doctrinas”—), a ellos que habían sido cometidos» (así pues, no se excusaban los actos, pues de otro modo no se los habría considerado «crímenes» y ni siquiera se habría discutido la cuestión de la «culpa»). {Cita el «Vorwärts», se refería a Hödel, con pleno derecho.)

Tras todo este *larifari*:

4) «Paralelamente, señorías, se manifestaban las opiniones sobre los actos execrables intentados o perpetrados contra altos funcionarios en Rusia. Respecto al atentado de Wera Sassulitsch (¡el jurado de Petersburgo y la prensa del mundo entero!) y el asesinato del general v. Mesenzow (sobre eso luego, con Bismarck), han podido ustedes leer en un periódico que aparece aquí la pregunta: “Bueno, ¿qué les quedaba a ésos? ¿De qué otro modo habrían podido ayudarse?”.»

5) Finalmente, «la socialdemocracia en el extranjero ha expresado expresa y directamente ||[6]| su simpatía con estos actos. El congreso de la Federación del Jura, celebrado en julio de este año en Friburgo, ha declarado expresamente que los actos de Hödel y Nobiling eran actos revolucionarios que gozaban de toda su simpatía, etc.»

¡Pero acaso la socialdemocracia alemana es «responsable» de las manifestaciones y movimientos de una clique que le es hostil, cuyos «asesinatos alevosos» e intentos han sido perpetrados hasta ahora en Italia, Suiza, España (también en Rusia: Netschajeff) sólo contra miembros de la «dirección Marx»?

(Con anterioridad, el señor Eulenburg ya había dicho, a propósito de esos mismos anarquistas, que se había tenido que abandonar la opinión de que «los atentados fueran obra de encargo», «cuando incluso órganos de la socialdemocracia —daré luego una muestra de ello— declararon en el extranjero que estaban convencidos de que no era tal el caso»; se olvida de dar la «muestra».)

Sigue ahora el hermoso pasaje sobre la «dirección Marx» y «la dirección de los llamados anarquistas» (pág. 51, columna I). Son distintas, pero «no puede negarse que todas esas asociaciones se hallan entre sí en una cierta (¿cuál? hostil) conexión», tal como esa cierta conexión existe, en efecto, entre todos los fenómenos de una misma época. Si se quiere convertir esa «conexión» en un caso condenable, hay que empezar por demostrar su carácter determinado, y no contentarse con una frase que sirve para todo y para cualquier cosa en el universo, donde todo se halla en «cierta» conexión con todo. La «dirección Marx» ha demostrado que existe una conexión determinada entre las doctrinas y los actos de los «anarquistas» y los de la «policía» europea. Cuando en la publicación «L’Alliance», etc., se reveló detalladamente esa conexión, toda la prensa reptil y bienpensante calló. Esas «revelaciones» no encajaban en su «conexión». (Atentados de asesinato, esa clique los ha perpetrado hasta ahora sólo contra miembros de la dirección «Marx».)

Tras este *faux fuyant*, el señor Eulenburg enlaza, mediante un insignificante «y», una frase que intenta probar esa «conexión» por medio de un falso lugar común, expresado además en forma particularmente «crítica»:

«y», prosigue, «y es una experiencia en semejantes movimientos, que descansa sobre la ley de la gravedad (un movimiento puede descansar sobre la ley de la gravedad, por ejemplo, el movimiento de la caída, pero la experiencia descansa *prima facie* tan sólo sobre el fenómeno de la caída), el que las direcciones más extremas (p. ej., en el cristianismo — la automutilación) se impongan poco a poco y las más moderadas no puedan sostenerse frente a ellas.» Primero, es un falso lugar común que en los movimientos históricos las llamadas direcciones extremas del movimiento de la época impongan su hegemonía: Lutero contra Thomas Münzer, los puritanos contra los *levellers*, los jacobinos contra los hebertistas. La historia demuestra precisamente lo contrario. Segundo, empero: la dirección «anarquista» no es un «extremo» de la socialdemocracia alemana, cosa que Eulenburg quiere probar, sino que la substituye hipotéticamente. Allí se trata del verdadero movimiento histórico de la clase obrera; lo otro es una imagen fantasmagórica de la *jeunesse sans issue*, que quiere hacer historia y muestra tan sólo cómo las ideas del socialismo francés se caricaturizan en los *hommes déclassés* de las clases superiores. En consecuencia, el anarquismo ha sucumbido de hecho en todas partes, y sólo vegeta donde aún no existe un verdadero movimiento obrero. Éste es el hecho.

El señor Eulenburg demuestra únicamente cuán peligroso resulta cuando la «policía» se pone a «filosofar».

|[7]| Véase la frase que sigue a continuación, columna I, pág. 51, donde Eulenburg habla como si *re bene gesta*.

Pretende ahora probar la «peligrosidad común de las doctrinas y fines de la socialdemocracia». Pero ¿cómo? Mediante 3 citas.

Mas antes, aún la brillante frase de transición:

«Y si examinan ustedes algo más de cerca estas doctrinas y fines de la socialdemocracia, entonces no es, como se ha dicho antes, el desarrollo pacífico lo que constituye el objetivo, sino que el desarrollo pacífico es sólo una etapa que ha de conducir a los fines últimos, los cuales no pueden alcanzarse por otro camino que por la vía de la violencia» (algo así como la «Asociación Nacional» fue una «etapa» para conducir a la violenta prusianización de Alemania; así es como el señor Eulenburg («Sangre y Hierro») se imagina la cosa).

Si se toma la primera parte de la frase, enuncia sólo una tautología o una estupidez: si el desarrollo tiene un «objetivo», «fines últimos», entonces esos «fines» son sus «fines» y no el carácter del desarrollo, «pacífico» o «no pacífico». Lo que Eulenburg quiere decir en realidad es: el desarrollo pacífico hacia el objetivo es sólo una etapa que debe conducir al desarrollo violento del objetivo, y, ciertamente, esta posterior transformación del desarrollo «pacífico» en desarrollo «violento» reside, según el señor Eulenburg, en la naturaleza del objetivo mismo al que se aspira. El objetivo en el caso dado es la emancipación de la clase obrera y la revolución (transformación) de la sociedad que ello implica. «Pacífico» puede seguir siendo un desarrollo histórico sólo mientras no se le opongan obstáculos violentos por parte de los detentadores del poder social en cada momento. Si, p. ej., en Inglaterra o en los Estados Unidos la clase obrera conquista la mayoría en el Parlamento o en el Congreso, podría eliminar por vía legal las leyes e instituciones que obstaculizan su desarrollo, y aun eso sólo en la medida en que el desarrollo social estuviese maduro para ello. Sin embargo, el movimiento «pacífico» podría trocarse en «violento» por la rebelión de los interesados en el viejo estado de cosas; si se los abate por la violencia (véase la guerra civil americana y la revolución francesa), es como rebeldes contra el poder «legal».

Pero lo que Eulenburg predica es una reacción violenta por parte de los detentadores del poder contra el desarrollo que se halla «en etapa pacífica»; y ello para impedir futuros conflictos «violentos»; grito de guerra de la contrarrevolución violenta contra el desarrollo fácticamente «pacífico»; de hecho, el gobierno intenta sofocar violentamente un desarrollo que le es antipático, pero que legalmente es inatacable. Tal es la necesaria introducción de las revoluciones violentas. Es una vieja historia, pero siempre nueva.

El señor Eulenburg demuestra ahora las doctrinas de la violencia de la socialdemocracia mediante 3 citas:

1) Marx dice en su escrito sobre el capital: « Nuestros fines etc.» (pero «nuestros» fines está dicho en nombre, no de la socialdemocracia alemana, sino del Partido Comunista). El pasaje no se halla en El Capital, que apareció en 1867, sino en el Manifiesto Comunista, que apareció en «1847», es decir, 20 años antes de la formación real de la «socialdemocracia alemana».

2) Y en otro pasaje, que se cita en el escrito del señor Bebel «Unsere Ziele», se dice como dicho de Marx: (Él mismo, que de El Capital cita un pasaje que no está en él, cita naturalmente un pasaje que sí está en él como un dicho citado en otra parte: (Cf. pasaje en El Capital, 2.ª ed.)). Pero el pasaje en Bebel dice:

«Así vemos, pues, cómo en los distintos períodos históricos la violencia desempeña su papel, ||[8] y seguramente no sin razón exclama K. Marx (en su libro “El Capital”, donde describe la marcha del desarrollo de la producción capitalista): “La violencia es la partera de toda sociedad vieja que gesta una nueva. Ella misma es una potencia económica.”»

3) Cita de Bebel: «Unsere Ziele» (columna I, p. 51), dice textualmente: «El curso de este desarrollo depende de la intensidad (fuerza) con que los círculos interesados capten el movimiento; depende de la resistencia que el movimiento encuentre en sus adversarios. Una cosa es segura: cuanto más violenta sea la resistencia, tanto más impetuoso será el advenimiento del nuevo estado de cosas. En ningún caso se resolverá la cuestión a fuerza de rociarla con agua de rosas.» (Esto lo cita Eulenburg de Bebel: «Unsere Ziele»; está en la p. 16; véase el pasaje subrayado en la p. 16 e igualmente en la 15; cf. asimismo el pasaje subrayado en la p. 43). De nuevo «falseado», porque se cita fuera de contexto.

Después de estas hazañas gigantescas, véase la pueril y en sí misma contradictoria estupidez que suelta acerca de las «tomas de contacto» bismarckianas con los «dirigentes de la socialdemocracia» (p. 51, columna II).

En la misma sesión:

Después de Stolberg habla Reichensperger. Su principal temor: que la ley, que todo lo somete a la policía, sea también aplicable a otros partidos que incomodan al gobierno; a ello se suma un eterno graznido católico. (Véanse los pasajes subrayados en las pp. 30-35).

Después de Reichensperger habla von Helldorff-Bedra. Lo más ingenuo: «Señores, la presente ley se caracteriza como una ley preventiva en el sentido más eminente de la palabra; no contiene disposiciones penales, sino que sólo otorga la facultad de dictar prohibiciones policiales y vincula penas a las contravenciones de estas prohibiciones exteriormente reconocibles» (p. 36, columna I). (Sólo permite a la policía prohibirlo todo y no castiga ninguna contravención de ley alguna, sino la «contravención» de los decretos policiales. Una manera muy lograda de hacer superfluas las leyes penales.)

El «peligro», confiesa el señor v. Helldorff, reside en las victorias electorales de los socialdemócratas, ¡a las que ni siquiera ha perjudicado la campaña de agitación por los atentados! Por ello hay que castigar. ¡Aplicación del sufragio universal de una manera que desagrada al gobierno! (p. 36, columna II).

El sujeto le da, sin embargo, la razón a Reichensperger en que la «instancia de queja», la «comisión del Bundesrat», es una estupidez. «Se trata simplemente de la decisión de una cuestión policial, y rodear a semejante instancia de garantías jurídicas es — decididamente falso»; contra el abuso sirve «la confianza en funcionarios políticamente encumbrados» (p. 37, I y II). Exige una «corrección de nuestro derecho electoral» (p. 38, I). |