La libertad de prensa y de debate en Alemania.

Al Director del «Daily News»

The Daily News.
N.º 7714, 19 de enero de 1871

La libertad de prensa y de debate
en Alemania.
Al Director del «Daily News».

Señor Director: —Al acusar al Gobierno francés de «haber hecho imposible la libre expresión de la opinión en Francia por medio de la prensa y de los representantes nacionales», Bismarck tuvo evidentemente la única intención de soltar un chiste berlinés. ¡Si quiere usted conocer la «verdadera» opinión francesa, diríjase al señor Stieber, redactor del Moniteur de Versalles y notorio espía de la policía prusiana!

Por orden expresa de Bismarck, los señores Bebel y Liebknecht han sido detenidos, bajo el pretexto de alta traición, simplemente por haberse atrevido a cumplir con sus deberes como representantes nacionales alemanes, a saber: protestar en el Reichstag contra la anexión de Alsacia y Lorena, votar contra los nuevos subsidios de guerra, expresar su solidaridad con la República Francesa y denunciar el intento de convertir a Alemania en un cuartel prusiano. Por haber manifestado las mismas opiniones, los miembros del Comité Socialdemócrata de Brunswick han sido tratados como galeotes desde principios de septiembre pasado, y todavía están sometidos a una parodia de proceso por alta traición. La misma suerte ha corrido numerosos obreros que difundieron el manifiesto de Brunswick. Con pretextos similares, el señor Hepner, subdirector del Volksstaat de Leipzig, es procesado por alta traición. Los pocos periódicos alemanes independientes que existen fuera de Prusia tienen prohibida su entrada en los dominios de los Hohenzollern. Los mítines de obreros alemanes en favor de una paz honorable para Francia son disueltos diariamente por la policía. Según la doctrina oficial prusiana, expuesta con toda ingenuidad por el general Vogel von Falckenstein, todo alemán que «intente contrarrestar los fines previstos de la guerra prusiana en Francia» es culpable de alta traición.

Si el señor Gambetta y compañía se vieran, como los Hohenzollern, forzados a reprimir violentamente la opinión popular, no tendrían más que aplicar el método prusiano y, con el pretexto de la guerra, proclamar en toda Francia el estado de sitio. Los únicos soldados franceses en suelo alemán se pudren en las cárceles prusianas. Sin embargo, el Gobierno prusiano se siente obligado a mantener rigurosamente el estado de sitio, es decir, la forma más cruda y repugnante de despotismo militar, la suspensión de toda ley. El suelo francés está infestado por cerca de un millón de invasores alemanes. No obstante, el Gobierno francés puede prescindir sin riesgo de ese método prusiano de «hacer posible la libre expresión de la opinión». ¡Contemplad este cuadro y aquel! Pero Alemania ha resultado un campo demasiado mezquino para el amor absorbente de Bismarck por la opinión independiente. Cuando los luxemburgueses dieron rienda suelta a su solidaridad con Francia, Bismarck convirtió esta manifestación de sentimiento en uno de sus pretextos para renunciar al tratado de neutralidad de Londres. Cuando la prensa belga cometió un pecado similar, el embajador prusiano en Bruselas, señor von Balan, invitó al ministerio belga a suprimir no solo todos los artículos periodísticos antiprusianos, sino incluso la impresión de meras noticias destinadas a alentar a los franceses en su guerra de independencia. ¡Una petición muy modesta, en verdad, la de suspender la Constitución belga, «pour le roi de Prusse»! Apenas se habían permitido algunos periódicos de Estocolmo hacer unas bromas suaves acerca de la notoria «piedad» de Guillermo Anexandro, cuando Bismarck se abalanzó sobre el gabinete sueco con misivas amenazadoras. Aun bajo el meridiano de San Petersburgo se las arregló para espiar una prensa demasiado licenciosa. Ante su humilde súplica, los redactores de los principales periódicos de Petersburgo fueron convocados ante el Censor Jefe, quien les ordenó que se guardaran de toda crítica al fiel vasallo borussiano del zar. Uno de esos redactores, M. Saguliaw, fue bastante imprudente para divulgar el secreto de esta advertencia a través de las columnas del Gobs. Inmediatamente la policía rusa se echó sobre él y lo despachó a alguna provincia remota. Sería un error creer que esos procedimientos de gendarme se deben únicamente al paroxismo de la fiebre bélica. Son, por el contrario, la aplicación metódica y verdadera de los principios del derecho prusiano. Existe, de hecho, una curiosa disposición en el código penal prusiano, en virtud de la cual cualquier extranjero, por sus actos o escritos en su propio país o en cualquier otro país extranjero, puede ser procesado por «insulto al Rey de Prusia» y por «alta traición contra Prusia». Francia —y su causa está, afortunadamente, lejos de ser desesperada— lucha en este momento no solo por su propia independencia nacional, sino por la libertad de Alemania y de Europa.

—Quedo de usted, señor Director, atentamente,
Londres, 16 de enero de 1871
KARL MARX