The Pall Mall Gazette.
Núm. 1830, 24 de diciembre de 1870

La posición alemana en Francia.

El desgaste de esta guerra empieza a notársele a Alemania. El primer ejército de invasión, que comprendía el conjunto de las tropas de línea tanto del Norte como del Sur, tenía una fuerza de unos 640.000 hombres. Dos meses de campaña habían reducido ese ejército hasta tal punto que hubo que hacer avanzar el primer contingente de hombres procedentes de los batallones y escuadrones de depósito —alrededor de un tercio del efectivo original—. Llegaron hacia fines de septiembre y comienzos de octubre, y aunque debieron de sumar unos 200.000 hombres, los batallones de campaña distaban mucho de haber sido elevados de nuevo a su fuerza original de 1.000 hombres cada uno. Los que estaban ante París contaban de 700 a 800 hombres, mientras que los que se hallaban ante Metz eran aún más débiles. Las enfermedades y los combates pronto causaron nuevas bajas, y cuando el príncipe Federico Carlos alcanzó el Loira, sus tres cuerpos de ejército estaban reducidos a menos de la mitad de su fuerza normal, con un promedio de 450 hombres por batallón. Los combates de este mes y el tiempo severo y variable tienen que haber afectado gravemente a las tropas tanto ante París como en los ejércitos que cubren el sitio; de modo que los batallones ahora, ciertamente, deben de tener un promedio inferior a 400 hombres. A comienzos de enero los reclutas de la leva de 1870 estarán listos para ser enviados al campo, tras tres meses de instrucción. Estos ascenderían a unos 110.000 hombres, y darían algo menos de 300 hombres por batallón. Ahora oímos que parte de ellos ya han pasado Nancy, y que nuevos contingentes llegan a diario; así, los batallones pueden ser pronto elevados de nuevo a unos 650 hombres. Si, en efecto, como es probable por varios indicios, el resto disponible de los hombres más jóvenes no instruidos de la reserva de depósito (*Ersatz Reserve*) ha sido instruido junto con los reclutas de la leva regular, este refuerzo se incrementaría en unos 100 hombres más por batallón, haciendo en total 750 hombres por batallón. Esto sería alrededor de tres cuartas partes de la fuerza original, dando un ejército de 480.000 efectivos, de un millón de hombres enviados de Alemania al frente. Así, algo más de la mitad de los hombres que salieron de Alemania con los regimientos de línea o se les unieron después, han muerto o han sido incapacitados en menos de cuatro meses. Si esto a alguien le pareciera increíble, que compare el desgaste de campañas anteriores, la de 1813 y 1814 por ejemplo, y considere que las continuas marchas largas y rápidas de los prusianos durante esta guerra tienen que haber afectado terriblemente a sus tropas.

Hasta aquí hemos tratado sólo de la línea. Además de ellos, casi la totalidad de la landwehr ha sido enviada a Francia. Los batallones de landwehr tenían originalmente 800 hombres para los de la Guardia y 500 para los demás batallones; pero fueron elevados gradualmente a una fuerza de 1.000 hombres en todos los casos. Esto haría un total general de 240.000 hombres, incluyendo caballería y artillería. Con mucho, la mayor parte de ellos llevan ya algún tiempo en Francia, manteniendo las comunicaciones, bloqueando fortalezas, etc. Y ni siquiera para esto son lo bastante numerosos; pues en este momento están en proceso de organización cuatro divisiones más de landwehr (probablemente formando un tercer batallón para cada regimiento de landwehr), que comprenden al menos cincuenta batallones, o 50.000 hombres más. Todos ellos van a ser enviados ahora a Francia; los que aún estaban en Alemania, custodiando a los prisioneros franceses, serán relevados en esa tarea por los recién formados «batallones de guarnición». De qué puedan componerse éstos no podemos decirlo con certeza antes de recibir el texto completo de la orden que los crea, cuyo contenido, hasta ahora, sólo se conoce por un resumen telegráfico. Pero si, como sabemos que es el caso, las cuatro nuevas divisiones de landwehr arriba mencionadas no pueden formarse sin llamar a hombres de cuarenta años e incluso mayores, entonces ¿qué queda para los batallones de guarnición de soldados instruidos sino hombres de cuarenta a cincuenta años de edad? No hay duda de que la reserva de hombres instruidos en Alemania queda plenamente agotada con esta medida, y, más allá de ella, toda una leva anual de reclutas.

La fuerza de landwehr en Francia ha tenido muchísimas menos marchas, vivaques y combates que la de línea. En su mayoría ha tenido alojamientos decentes, alimentación regular y un servicio moderado; de modo que la totalidad de sus pérdidas puede calcularse en unos 40.000 hombres, entre muertos e incapacitados. Esto dejaría, incluyendo los nuevos batallones que ahora se forman, 250.000 hombres; pero es muy incierto cuán pronto, si es que alguna vez, la totalidad de ellos puede quedar libre para el servicio en el extranjero. Para los próximos dos meses diríamos que 200.000 sería un cálculo elevado de la fuerza efectiva de landwehr en Francia.

Línea y landwehr juntas, tendremos así en la segunda quincena de enero una fuerza de unos 650.000 a 680.000 alemanes sobre las armas en Francia, de los cuales de 150.000 a 200.000 están ahora en camino o preparándose para ello. Pero esta fuerza tendrá un carácter muy distinto de la que hasta ahora se ha empleado allí. Enteramente la mitad de los batallones de línea consistirán en jóvenes de veinte o veintiún años —hombres no probados, de una edad en que las penalidades de una campaña de invierno afectan más terriblemente a la constitución. Estos hombres llenarán pronto los hospitales, mientras los batallones volverán a fundirse en efectivos. Por otra parte, la landwehr consistirá cada vez más en hombres de más de treinta y dos años, hombres casados y padres de familia casi sin excepción, y de una edad en la que acampar al aire libre en tiempo frío o húmedo es casi seguro que produzca reumatismo rápidamente y en masa. Y no cabe duda de que la mayor parte de esta landwehr tendrá que marchar y combatir bastante más que hasta ahora, como consecuencia de la extensión del territorio que ha de encomendarse a su custodia. La línea se está volviendo considerablemente más joven, la landwehr considerablemente más vieja que hasta ahora; los reclutas enviados a la línea apenas han tenido tiempo de aprender su instrucción y disciplina, los nuevos refuerzos para la landwehr han tenido tiempo de sobra para olvidar ambas cosas. Así, el ejército alemán está recibiendo elementos que aproximan su carácter mucho más que hasta ahora al de las nuevas levas francesas que se le oponen; con esta ventaja, sin embargo, del lado de los alemanes, que estos elementos están siendo incorporados a los cuadros fuertes y sólidos del viejo ejército.

Después de éstos, ¿qué recursos en hombres le quedan a Prusia? Los reclutas que alcanzan su vigésimo año en 1871, y los hombres mayores de la reserva de reemplazo, estos últimos todos sin instrucción, casi todos ellos casados, y en una edad en que la gente tiene poca inclinación o aptitud para empezar la vida de soldado. Llamar a filas a éstos, hombres a quienes un largo precedente ha inducido a considerar su relación con el ejército como casi nominal, sería muy impopular. Aún más impopular sería llamar a esos hombres físicamente aptos que por una u otra razón han escapado por completo a la obligación del servicio. En una guerra puramente defensiva todos ellos marcharían sin vacilar; pero en una guerra de conquista, y en un momento en que el éxito de esa política de conquista se está volviendo dudoso, no se puede esperar que lo hagan. Una guerra de conquista, con una suerte algo variable, no puede ser llevada a cabo, a la larga, por un ejército que consiste principalmente en hombres casados; uno o dos grandes reveses tienen que desmoralizar a tales tropas en semejante misión. Cuanto más se convierte el ejército prusiano, por la prolongación de la guerra, en realidad en una «nación en armas», tanto más incapaz se vuelve para la conquista. Por más que el filisteo alemán vocifere ruidosamente sobre Alsacia y Lorena, sigue siendo cierto que Alemania no puede, por el bien de su conquista, sufrir las mismas privaciones, la misma desorganización social, la misma suspensión de la producción nacional que Francia sufre voluntariamente en su propia autodefensa. Ese mismo filisteo alemán, una vez puesto el uniforme y enviado al frente, puede volver a entrar en razón en algún campo de batalla francés o en algún helado vivac. Y así puede ser, al final, para bien si ambas naciones son, en realidad, puestas frente a frente con toda su armadura.