Karl Marx sobre El Capital.
Reseña en la «Elberfelder Zeitung»

Elberfelder Zeitung.
Núm. 302, 2 de noviembre de 1867

Véase Karl Marx sobre El Capital.
(Hamburgo, Verlag von Otto Meißner, I. volumen, 1867.)

Cincuenta pliegos de docta disertación para probarnos que todo el capital de nuestros banqueros, comerciantes, fabricantes y grandes terratenientes no es más que trabajo no pagado y acumulado de la clase obrera. Recordamos que en 1848 la «Neue Rheinische Zeitung», en nombre de los campesinos silesianos, formuló la reivindicación de un «millardo silesiano». Se afirmaba que mil millones de táleros era la suma que, solo a los campesinos silesianos, se les había sustraído ilegítimamente con la abolición de la servidumbre y las prestaciones feudales, y que había ido a parar al bolsillo de los grandes terratenientes, y esa suma se reclamaba.

Pero los señores de la otrora «Neue Rheinische Zeitung» son como la difunta Sibila con sus libros; cuanto menos se les ofrece, más exigen. ¡Qué son mil millones de táleros en comparación con esta reclamación colosal que se hace ahora en nombre de toda la clase obrera, pues así debemos entenderlo sin duda! Si todo el capital acumulado de las clases poseedoras no es más que «trabajo no pagado», entonces parece deducirse directamente que ese trabajo debe pagarse a posteriori, es decir, que la totalidad de ese capital en cuestión se traspasa al trabajo. Por supuesto, se trataría entonces ante todo de quién estaría propiamente autorizado para recibirlo. Pero ¡bromas aparte!

Por muy radicalmente socialista que proceda el presente libro, por muy rudo y despiadado que se muestre en todos los sentidos contra personas que de ordinario pasan por autoridades, debemos confesar que es un trabajo sumamente erudito y que reclama para sí el más riguroso carácter científico. Se ha hablado ya con frecuencia en la prensa de que Marx quería resumir los resultados de sus largos años de estudio en una crítica de toda la economía política anterior y proporcionar así a las aspiraciones socialistas la base científica que hasta ahora no habían logrado darle ni Fourier, ni Proudhon, ni siquiera Lassalle.

Esta obra ha sido anunciada en la prensa desde hace tiempo y con frecuencia. En 1859 apareció, editado por Duncker en Berlín, un «primer fascículo» que, sin embargo, solo se extendía sobre materias que no tenían un interés práctico inmediato, por lo que apenas despertó atención. Los fascículos siguientes no aparecieron, y la nueva ciencia socialista parecía no haber de sobrevivir a sus dolores de parto. ¡Cuántos chistes no se han hecho sobre esta nueva revelación, tan a menudo anunciada sin que pareciera dispuesta a venir jamás al mundo!

Pues bien, aquí está por fin el «primer volumen» –cincuenta pliegos de imprenta, como queda dicho–, y nadie podrá reprocharle que no contenga lo bastante, y más que de sobra, de nuevo, audaz y temerario, y que todo ello no esté expuesto en una forma enteramente científica. Con sus proposiciones insólitas, Marx apela en este caso no a las masas, sino a los hombres de ciencia. A ellos corresponde defender las leyes de su teoría económica, atacadas aquí en sus fundamentos, y aportar la prueba de que el capital es, ciertamente, trabajo acumulado, pero no trabajo acumulado no pagado.

Lassalle era un agitador práctico, y podía bastar enfrentarse a él en la agitación práctica, en la prensa diaria, en las asambleas. Pero aquí se trata de una teoría sistemática, científica, y en esto la prensa diaria no puede pronunciarse; aquí solo la ciencia puede decir la última palabra. Cabe esperar que personalidades como Roscher, Rau, Max Wirth, etc., aprovechen esta ocasión para defender el derecho de la economía política hasta ahora universalmente reconocida frente a este nuevo ataque, que ciertamente no es nada despreciable. La semilla socialdemócrata ha germinado en no pocos lugares entre la generación más joven y la población obrera; en este libro encontrará, de todos modos, nuevo y abundante alimento.