Karl Marx  
Asuntos de Prusia—Prusia, Francia e Italia  

New-York Daily Tribune.  
Nr. 6076, 15 de octubre de 1860  

Asuntos de Prusia.  

De nuestro propio corresponsal.  
Berlín, 27 de septiembre de 1860.  

El Príncipe Regente, que —como ya he dicho a los lectores— desde que accedió al poder supremo es un legitimista hosco y empedernido en el fondo de su corazón, pese a los vistosos distintivos del liberalismo con que lo han ataviado los oráculos oficiales del paraíso de los necios prusiano, acaba de encontrar una ocasión para dar pública salida a sus sentimientos largo tiempo comprimidos. Es un hecho extraño, pero no deja de ser un hecho, que el Príncipe Regente de Prusia, por una vez, ha excluido a los garibaldinos de la fortaleza de Mesina y ha salvado esa importante plaza fuerte para su amado hermano, el rey Bombalino de Nápoles. El embajador prusiano en Nápoles, conde de Perponcher, personaje tan conocido por su firme legitimismo como el barón de Canitz, embajador prusiano en Roma, había, como la mayoría de sus colegas, seguido al rey Bombalino a Gaeta, donde la corbeta de guerra prusiana *Loreley* había sido apostada para protección de los súbditos alemanes. Ahora bien, el 15 de septiembre la ciudadela de Mesina estaba a punto de capitular. Los oficiales se habían declarado por Víctor Manuel y habían enviado una diputación a Gaeta para decir al rey que la plaza ya no era sostenible. Al día siguiente, esa diputación fue devuelta a Mesina por la corbeta de guerra *Loreley*, con un comisario prusiano a bordo, el cual, al llegar la nave, se dirigió de inmediato a la ciudadela, donde mantuvo una larga conversación con el comandante napolitano. Además de su elocuencia personal, el agente prusiano exhibió un legajo de despachos de parte del rey, alentando al general a la resistencia e invectivando con fuerza contra toda propuesta de entregar, aun en las condiciones más favorables, los fuertes.

Garibaldi, con un fuego de alma, posee aún su grano de ese sutil genio italiano que puede rastrearse tanto en Dante como en Maquiavelo. Türr, pues, habiendo resultado un error de cálculo —al menos así se habla de él en el entorno de las Tullerías—, se probó a Kossuth y se le despachó a Garibaldi para hacerlo plegarse a las miras del Emperador y apartarlo de su verdadera pista, que apunta a Roma. Garibaldi utilizó a Kossuth como un medio para atizar el entusiasmo revolucionario, y consiguientemente le hizo objeto de ovaciones populares, pero supo distinguir sabiamente entre su nombre, que representa una causa popular, y su misión, que ocultaba una trampa bonapartista. Kossuth regresó a París bastante cabizbajo; pero, para dar una prueba de su fidelidad a los intereses imperialistas, ha dirigido ahora, según informa la *Opinion Nationale*, el *Moniteur* plonploniano, una carta a Garibaldi en la que le exhorta a conciliarse con Cavour, a abstenerse de toda tentativa sobre Roma, a fin de no enajenarse a Francia, la verdadera esperanza de las nacionalidades oprimidas, e incluso a dejar tranquila a Hungría, pues este país aún no está maduro para una insurrección.

Huelga decirles que aquí, en Berlín, las acciones del liberalismo ministerial han experimentado una fuerte caída, a consecuencia del inminente Congreso de Varsovia, donde no sólo los soberanos por la gracia de Dios se estrecharán la mano, sino que sus respectivos ministros de Asuntos Exteriores: el príncipe Gorchakoff, el conde Rechberg y nuestro Herr von Schleinitz, han de reunirse en el cómodo rincón de una dorada antecámara para dar un giro ortodoxo a la historia venidera de la humanidad.

Las negociaciones de Prusia con Austria en torno a un nuevo tratado comercial entre el Zollverein y Austria, tal como las prefiguraba el tratado del 19 de febrero de 1853, pueden considerarse ahora rotas, desde el momento en que el Gabinete prusiano ha declarado positivamente que toda asimilación, o incluso aproximación, de tarifas queda fuera de cuestión.