De un corresponsal ocasional.

Londres, 8 de septiembre de 1860.

*The Tribune* fue el primer periódico que llamó la atención sobre la grave declinación del comercio británico de exportación a las Indias Orientales, declinación que resalta sobre todo en los grandes artículos de primera necesidad, a saber: los tejidos y los hilados de algodón. La reacción que de ahí se desprende ha empezado a hacerse sentir en Lancashire y Yorkshire, precisamente en el momento en que el mercado interior se contrae a consecuencia de una cosecha que lleva un retraso de cinco semanas largas respecto a la del año pasado y que, pese a las perspectivas más favorables que se tienen desde el jueves 30 de agosto, resultará en todo caso inferior a un rendimiento medio. Las Cámaras de Comercio británicas, en consecuencia, han dado la voz de alarma y han asaltado al gobierno central con protestas contra la nueva ley de aduanas de la India, por la que el gravamen sobre las importaciones de productos básicos procedentes de Gran Bretaña se ha elevado del 5 al 10 por ciento, es decir, a un tipo del 100 por ciento. La prensa inglesa, que hasta entonces se había abstenido con cautela de tocar este punto, se ha visto así, por fin, obligada a romper su reserva. *The Economist* londinense nos obsequia con “El comercio de la India” y “La causa de su depresión”. Prescindiendo de la circunstancia de que *The Economist* pase por ser la primera autoridad inglesa en asuntos de esta índole, sus artículos sobre la India cobran un interés peculiar por su relación con el escritorio del señor Wilson, el actual ministro de Hacienda de la India. A la primera parte del artículo —un intento de eximir a la reciente legislación aduanera india de toda responsabilidad por la presente contracción del mercado indio— la mejor respuesta la da la necesidad en que se ha visto el gobernador general en Calcuta de convocar en dicha ciudad un comité compuesto por representantes de las Juntas de Hacienda de Calcuta, Bombay y Madrás y de sus respectivas Cámaras de Comercio, encargado de revisar y reajustar el arancel recién introducido. Ese arancel, como ya dije cuando abordé por primera vez este asunto ante los lectores de ustedes, no creó la crisis comercial india, cuyo estallido, sin embargo, aceleró al introducirse de repente en un momento en que el comercio indio estaba ya abotargado hasta un punto que excedía su capacidad natural. La saturación de mercancías británicas en el mercado indio y de mercancías indias en el mercado inglés es algo que confiesa *The Economist*: “Creemos —dice— que se admitirá unánimemente que los enormes beneficios obtenidos en el comercio indio durante una parte del año pasado llevaron a un aumento repentino y cuantioso de los suministros al mercado, mayor del que requería cualquier consumo, por lo que a este país respecta, y a un tráfico especulativo muy extenso por parte de los capitalistas nativos para abastecer los mercados del interior desde los puertos marítimos. Por ejemplo, las exportaciones de tejidos de algodón a la India británica ascendieron en 1859 a un valor de 12.043.000 libras esterlinas, frente a 9.299.000 libras en 1858 y 5.714.000 en 1857; y las exportaciones de hilados fueron en 1859 de 2.546.000 libras, frente a 1.969.000 en 1858 y 1.147.000 en 1857. Durante mucho tiempo los géneros se retiraban con la misma rapidez con que llegaban, y mientras los precios siguieron subiendo no faltaron mahajanes[^1] especulativos que hicieran compras y las consignaran a los mercados del interior; y no hay duda, a juzgar por los mejores informes que podemos obtener, de que en todos los mercados del Noroeste se acumularon grandes existencias de géneros. En este punto el testimonio de Mirzapore, Allahabad, Lucknow, Agra, Delhi, Umritsur y Lahore es unánime.”

A continuación *The Economist* pasa a detallar algunas circunstancias que contribuyeron a consolidar en cierto sentido la saturación de los mercados indios. La causa principal —la continuidad de los grandes suministros procedentes de Inglaterra— ni siquiera la menciona. En primer término, las cosechas de otoño de 1859 en todo el norte de la India, a consecuencia de la sequía general que reinó, quedaron muy por debajo de un promedio y resultaron afectadas tanto en calidad como en cantidad. De ahí que los precios de los víveres se mantuvieran altos durante el invierno y la primavera, y más avanzada la estación se encarecieran aún más ante las perspectivas de hambruna. Además, junto con la escasez y los precios elevados reinaba la enfermedad. “En todo el Noroeste el cólera prevaleció de un modo tan alarmante en las ciudades densamente pobladas, que la actividad normal de la vida quedó en muchos casos suspendida y la población huía como ante un enemigo invasor.” Pero lo peor de todo era que “la India superior se vio amenazada, durante un mes o seis semanas antes de la salida del último correo, por una desgracia aterradora. Las lluvias, de las que dependen únicamente las cosechas de otoño, caen por lo general a mediados de junio o, a más tardar, a finales de ese mes. Este año, hasta mediados de julio, no había caído ni una gota de lluvia. Desde la frontera del noroeste hasta la Baja Bengala, desde el paso de Kyber hasta Benarés, incluyendo los grandes Doabs del Sutiej, el Jumna y el Ganges, todo era una superficie árida, dura e inmóvil de tierra reseca. Sólo en unos pocos lugares excepcionales, humedecidos por los ríos que los atraviesan o por los ramales de las grandes obras de irrigación (los canales del Jumna y del Ganges), era posible algún cultivo. La perspectiva de un hambre igual a la de 1837 y 1838 suscitó por doquier la mayor aprensión. Los precios subieron aún más. El ganado moría en grandes cantidades o era llevado a las colinas en vez de emplearse en labrar la tierra, y se describe a la población como estando al borde de la inanición.” Los peores temores, sin embargo, se han disipado, según los informes telegráficos recibidos y publicados en Calcuta durante los ocho días anteriores a la salida del último correo, que partió el 27 de julio. Las lluvias habían caído por fin copiosamente y en el momento oportuno para evitar un hambre, si no para asegurar una buena cosecha.

Los detalles que proporciona *The Economist* demuestran cumplidamente que para el futuro inmediato no existe la menor perspectiva de una reanimación del comercio indio, el cual ya había descendido en unos 2.000.000 de libras esterlinas en el primer semestre de 1860 en comparación con el primer semestre de 1859. Los mercados australianos exhiben también todos los síntomas de contracción consiguientes al exceso de comercio. El comercio con Francia, que de repente iba a cobrar proporciones inmensas en virtud del Tratado Comercial, ha declinado, por el contrario, en más de 1.000.000 de libras, como se comprobará por el siguiente estado:

Semestre terminado el 30 de junio 1859 1860  
Importaciones de Francia £9.615.065 £8.523.983  
Exportaciones a Francia 2.358.912 2.324.665  
Total £11.973.977 £10.848.648  

El fuerte descenso del comercio británico de importación desde Francia puede explicarse por los altos precios de los víveres en Francia durante este año, mientras que en 1859 los cereales y las harinas habían constituido un renglón principal de las exportaciones francesas a Inglaterra. Se insiste mucho en el aumento del ritmo al que los Estados Unidos, a cambio de las actuales exportaciones copiosas de provisiones al Reino Unido, supuestamente se convertirán en consumidores de manufacturas inglesas. Pero aunque siempre habrá cierta proporción entre las exportaciones y las importaciones de un país, la conclusión anterior parece un tanto precipitada, si hemos de juzgar por los movimientos del comercio angloamericano en los primeros semestres de 1859 y 1860. Allí encontramos:

1859 1860  
Exportaciones británicas a los Estados Unidos £11.625.920 £9.366.647  
Importaciones británicas de los Estados Unidos 17.301.790 25.618.472  

de suerte que en la misma época en que las importaciones británicas procedentes de los Estados Unidos aumentaron en más de 8.000.000 de libras, las exportaciones británicas a los Estados Unidos disminuyeron en más de 2.000.000 de libras. Los únicos ramos del comercio internacional británico que se han ampliado son el comercio anglo-turco, el anglo-chino y el anglo-alemán. Ahora bien, Turquía está siendo precisamente convulsionada por las injerencias rusa y francesa. China está siendo convulsionada por los propios ingleses, y Alemania, al tiempo que sufre en muchas comarcas los efectos de una cosecha deficiente, se halla en vísperas de graves convulsiones políticas en el interior y de serias colisiones en el exterior. En cuanto al comercio anglo-chino, sigo observando que una parte de su aumento se debe ciertamente a la demanda de guerra; que otra parte de las exportaciones incrementadas a China no fue sino mercancías desviadas del mercado indio y lanzadas, a modo de experimento, sobre el mercado chino, y, por último, que la importación procedente de China sigue teniendo mucha más importancia que la exportación a China, como se verá por las cifras siguientes:

Semestre terminado el 30 de junio 
1859 1860  
Importaciones de China, incluido Hong Kong £5.070.691 £5.526.054  
Exportaciones a China, excluido Hong Kong 1.001.709 1.622.525  
Exportaciones a Hong Kong 976.703 1.236.262  
Total £7.049.103 £8.384.841  

Entretanto, quiebras inesperadas en la mayoría de los ramos comerciales siguen alimentando un sentimiento general de desconfianza. El siguiente resumen de los pasivos y activos, hasta ahora comprobados, de las recientes quiebras en el ramo del cuero mostrará que los activos ascienden, por término medio, a 5 chelines y 6 peniques por libra, con lo que los tenedores de las letras de las empresas quebradas sufren una pérdida de 1.471.589 libras.

Pasivo  
Empresas  
9 £1.530.991  
15 499.806  
34 £2.030.797  

Activo  
Importes Por libra Déficit  
9 £342.652 4s. 6d. £1.188.339  
En liquidación o con convenio... 15 216.556 8s. 8d. 283.250  
Total... 34 £559.208 5s. 6d. £1.471.589