Correspondencia del N.Y. Tribune. Londres, 10 de julio de 1860.

Los informes de los Inspectores de Fábricas, que acaban de publicarse, comprenden tan solo tres informes; el distrito recientemente vacado por el Sr. Leonard Horner ha sido anexado en parte al distrito de Sir John Kincaid (Escocia), y en parte al distrito del Sr. Redgrave, que ahora abarca 3.075 fábricas y establecimientos de estampado; mientras que el distrito del Sr. Robert Baker (Irlanda y algunas partes de Inglaterra) permanece dentro de sus antiguos límites. La siguiente es una síntesis general, que muestra el número total de accidentes comunicados a los tres Inspectores durante el semestre que finalizó el 30 de abril de 1860:

Accidentes Causados por Maquinaria.

Naturaleza de la lesión.   Adultos    Jóvenes     Niños       Total
                           H.   M.    H.   M.    H.   M.    H.   M.    Total
Causando la muerte ....... 14   3     0    2     2    2    16   7     30
Amputación de la mano
derecha .................. 56   3     1    1     9    7    16   –     16
Amputación de la mano
izquierda ................  4   1     7    3     2    4    16   –     16
Amputación de parte de
la mano ................... 23  24    29   22     5    7    57  63    120
Amputación de cualquier
parte de pierna o pie ....  5   –     1    –     –    –     6   –      6
Fractura de miembros y
huesos del tronco ......... 30   1    43   21    11    4    84  26    110
Fractura de mano
o pie ..................... 39  43    30   37    20   15    89  95    184
Lesiones en la cabeza
y cara .................... 20  17    23   19    11    4    54  40     94
Laceraciones, contusiones
y otras lesiones no
enumeradas arriba .........268 255   315  352    18   66   711 678  1.389

Total ....................424 377   479  465   197  105 1.100 947  2.047

Accidentes no Causados por Maquinaria.
Total ......................  3  30    59   26    21   10   163  66    229

Los informes son unánimes al dar testimonio de la extraordinaria actividad del comercio durante el semestre. Tan grande fue la demanda de trabajo que en algunos ramos de la industria la oferta de mano de obra fue insuficiente. Esta dificultad fue menos frecuente en las manufacturas de lana, donde la maquinaria mejorada permitía a los fabricantes prescindir del trabajo manual, que en las fábricas de algodón y de estambre, en las que mucha maquinaria ha estado parada por falta de brazos, particularmente de los más jóvenes. En el pasado se adoptaron algunos métodos viciosos para hacer frente a esta deficiencia transitoria de mano de obra. En la infancia del sistema fabril, cuando los fabricantes carecían de mano de obra, la obtenían directamente recurriendo a los superintendentes de alguna parroquia lejana, quienes enviaban cierto número de aprendices, niños de tierna edad, que quedaban obligados con los fabricantes por un período de años. Una vez colocados los niños como aprendices, los funcionarios de la Ley de Pobres se congratulaban con sus respectivas parroquias por haberlas librado de bocas inútiles, mientras que el fabricante procuraba sacar el mejor partido de su trato, manteniéndolos al precio más económico y exprimiéndoles todo el trabajo de que eran capaces. De ahí que la primera de la serie de Actas de Fábricas, aprobada en 1802, 42 Geo. III., Cap. 73, tenga por título «Ley para la preservación de la salud y la moral de los aprendices y demás personas empleadas en los molinos de algodón y otros, y en las fábricas de algodón y otras», y sólo estuviera destinada a mitigar los males del sistema de aprendizaje. Pero a medida que se introducían mejoras en la maquinaria, se requería un tipo diferente de mano de obra; cuando el comercio se animaba y la población de los alrededores no lograba suministrar a las fábricas el complemento completo de brazos. Estos fabricantes enviaban a Irlanda y traían familias irlandesas; pero Irlanda ha dejado de ser el mercado del que se puede obtener mano de obra a la demanda inglesa, y ahora los fabricantes tienen que buscar en los condados del sur y del oeste de Inglaterra y Gales familias que puedan ser tentadas por la actual tasa de salarios en los condados del norte para emprender una nueva carrera industrial. Se han enviado agentes por todo el país para exponer las ventajas que ofrece a las familias el traslado a los distritos manufactureros, y están facultados para hacer arreglos para la emigración al norte. Se dice que muchos familias han sido enviadas por estos agentes. No obstante, la importación a una ciudad manufacturera de un hombre con su mujer y familia tiene esta desventaja peculiar: que mientras los miembros más jóvenes de la familia, que pronto pueden ser enseñados y cuyos servicios se vuelven valiosos en un período comparativamente corto, son los más solicitados, no hay una demanda inmediata del trabajo del hombre y su mujer, sin calificación en las labores fabriles. Esto ha inducido a algunos fabricantes a volver, en cierta medida, al antiguo sistema de aprendices, y a celebrar compromisos por períodos específicos con las juntas de guardianes para el trabajo de niños pobres indigentes. En estos casos, el fabricante aloja, viste y alimenta a los niños, pero no les paga salario regular alguno. Con el retorno de este sistema, parece que también han revivido las quejas sobre su abuso. Sin embargo, debe recordarse que este tipo de mano de obra sólo se buscaría cuando no pudiera procurarse otra, pues es una mano de obra de alto precio. El jornal ordinario de un muchacho de 13 años sería de unos 4 chelines por semana; pero alojar, vestir, alimentar, proporcionar asistencia médica y adecuada superintendencia a 50 o 100 de estos muchachos, y apartarles alguna remuneración, no podría lograrse por 4 chelines por cabeza a la semana.

Una comparación entre la tasa de salarios pagada a los obreros fabriles en 1839 y la pagada en 1859 demuestra el hecho sumamente interesante de que la tasa de salarios ha subido, al menos nominalmente, en las fábricas donde las horas de trabajo estaban restringidas a 60 por semana, mientras que, con pocas excepciones, se ha sufrido una reducción real en los establecimientos de estampado, blanqueo y tintorería, en los que el trabajo de niños, jóvenes y mujeres no está restringido, y donde a veces se les emplea catorce y quince horas al día. Los siguientes datos se refieren al comercio del algodón en Mánchester y sus alrededores:

Salarios semanales.
                                           1839.     1859.
Ocupación.
Encargado de máquina de vapor ............. 24 chel.  30 chel.
Muchachos de almacén .....................  7        8
                                           18       22
Departamento de cardado — Scutchers (jóvenes) 1        8
Skippers (hombres jóvenes) ................ 11       14
Capataz .................................. 25       28
Cardadores (muchachos de 14 a 18 años) .... 6        7
Operarias de estiradora (mujeres jóvenes) ... 6 chel. 6d.  8 chel.
Departamento de hilado — Hiladores de selfactina 16 a 18  20 a 23
Empalmadores (mujeres y hombres jóvenes) ... 8       10
                                           20       20
Departamento de doblado — Dobladoras (mujeres) 7        9
Desmontadoras (muchachas) ................. 4        5
                                           24       28
Jornaleros (hombres jóvenes) .............. 10       13

En los departamentos de devanado, gasificado y telares mecánicos también ha habido un ligero aumento de los salarios. Las previsiones de quienes advirtieron a los obreros fabriles que sufrirían gravemente por la reducción de sus horas de trabajo han sido, pues, completamente defraudadas. Compárese, en cambio, el movimiento de los salarios en aquellos ramos en que la jornada diaria no está legalmente restringida:

Estampado de calicó, tintorería, blanqueo, sesenta horas semanales.
                                           1839.     1859.
Mezclador de colores ...................... 35 chel.  32 chel.
Estampador a máquina ...................... 40        38
Capataz ................................... 40        40
Grabador de bloques ....................... 35        25
Estampador a mano con bloques ............ 40        28
Tintorero ................................. 18        16
Lavador y peón .......................... 16 y 15   16 y 15
Tintorería de fustán, sesenta y una horas semanales.
Aparejadores .............................. 18        22
Blanqueadores ............................. 21        18
Tintorero ................................. 21        16
Acabadores ................................ 21        22

Con mucho, la parte más interesante de los informes del Sr. Alexander Redgrave y de Sir John Kincaid se refiere al desarrollo y extensión de sociedades cooperativas para la construcción y el funcionamiento de fábricas en Lancashire, y también, en cierto grado, en Yorkshire. Estas sociedades cooperativas, que se han multiplicado desde la aprobación de la Ley de Responsabilidad Limitada, se componen generalmente de obreros. Cada sociedad tiene un capital de £10.000 o más, dividido en acciones de £5 y £10, con facultad para tomar prestado en ciertas proporciones al capital suscrito, procediendo el dinero prestado de pequeños préstamos hechos por obreros y personas de la misma clase. En Bury, por ejemplo, se necesitarán más de £300.000 para poner en orden de funcionamiento las fábricas cooperativas allí construidas y en construcción. En las fábricas de hilado de algodón, los hiladores y las personas empleadas son frecuentemente accionistas de la misma fábrica, trabajando por salario y recibiendo interés sobre sus acciones. En los talleres de tejido de algodón, los socios a menudo alquilan y trabajan telares. Esto resulta atractivo para los obreros, porque no se requiere un gran capital para lanzarlos en su empresa. Compran el hilado listo para el telar, tejen la tela y la operación fabril queda terminada; o bien, reciben el hilado de algún fabricante que comercia con ellos y le devuelven el tejido. Pero este sistema cooperativo no se limita al hilado y tejido de algodón. Se ha extendido al comercio de una variedad de artículos de consumo, como harina, comestibles, pañería, etc.

El siguiente informe, redactado por el Sr. Patrick, uno de los subinspectores de Sir John Kincaid, contiene información valiosa sobre el progreso de este nuevo sistema de propiedad fabril, que, me temo, será sometido a una dura prueba por la próxima crisis industrial.

«16 de mayo de 1860. Existe una compañía cooperativa en Rochdale, bajo la razón social de “New Bacup and Wardle Commercial Company”, desde hace unos doce años. Está constituida conforme a la Ley de Sociedades Anónimas (Joint Stock Companies Act) y es ilimitada. Comenzó operaciones en Clough House Mill, Wardle, cerca de Rochdale, con facultad para reunir un capital de £100.000, en acciones de £12 10s., de las cuales se desembolsaron £20.000. Luego lo aumentaron a £30.000, y hace unos cinco años construyeron una gran fábrica, Far Holme Mill, cerca de Stackstead, con una máquina de vapor de 100 caballos de fuerza, además de Clough House Mill; y en el semestre que finalizó en octubre pasado pagaron un dividendo a razón del 44 por ciento sobre el capital desembolsado (el Sr. Patrick informa el 11 de junio que la New Bacup and Wardle Commercial Company, “Far Holme Mill, Bacup”, acaba de declarar otro dividendo del 48 por ciento sobre el capital desembolsado), y ahora han aumentado su capital a la suma de £60.000, y han ampliado considerablemente su Far Holme Mill, cerca de Stackstead, en esta vecindad, que requiere dos motores más de 40 caballos cada uno, los cuales se proponen instalar. La gran mayoría de los accionistas son obreros que trabajan en la fábrica, pero reciben salarios como trabajadores, y no tienen más que ver con la administración que dar su voto en la elección anual del Comité de Administración. He recorrido esta mañana la Far Holme Mill, y puedo informar que, por lo que respecta a la Ley de Fábricas, está tan bien dirigida como cualquiera de las de mi división. Creo, aunque no les he hecho la pregunta, que han tomado dinero prestado al 5 por ciento de interés.»

Ha existido otra en las cercanías de Bacup desde hace unos seis años, que opera bajo la razón social de «Rossendale Industrial Association». Construyeron una fábrica; pero, según se me informa, no prosperaban, a consecuencia de la falta de fondos suficientes. Esta también funcionaba según el sistema cooperativo. La firma se ha transformado ahora en «The Rossendale Industrial Company», y se ha constituido bajo la Ley de Sociedades de Responsabilidad Limitada, con facultad para reunir un capital de 200.000 libras esterlinas. Se han suscrito 40.000 libras en acciones de 10 libras cada una, y han tomado prestadas unas 4.000 libras. Estas 4.000 libras se han tomado prestadas de pequeños capitalistas, en sumas que van desde 150 libras hasta 10, sin que se haya otorgado hipoteca alguna. Cuando esta compañía cooperativa echó a andar, todos los accionistas eran obreros. Además de la fábrica Wear, la que se menciona como construida por la Rossendale Industrial Association, han comprado ahora a los Sres. R. Mum Bros., las Irwell Mills, en Bacup, y están explotando ambas.

La prosperidad y el éxito de la New Bacup and Wardle Commercial Company parecen haber dado origen a las nuevas compañías que se están formando ahora en mis inmediaciones, preparando grandes fábricas para llevar adelante su negocio. Una es la «New-Church Cotton Spinning and Weaving Company», bajo la Ley de Sociedades de Responsabilidad Limitada, con facultad para reunir 100.000 libras en acciones de 10 libras, de las cuales ya se han desembolsado 40.000, y la Compañía ha tomado prestadas 5.000 libras con garantía hipotecaria al cinco por ciento. Esta Compañía ya ha comenzado sus operaciones, habiendo tomado una fábrica desocupada de 40 caballos de fuerza, Vale Mill, New-Church, y están construyendo las «Victoria Works», que requerirán una máquina de vapor de 100 caballos de fuerza. Calculan que emplearán a 450 personas cuando estén terminadas, lo que piensan que será en febrero próximo.

Otra es «The Ravenstall Cotton Manufacturing Company», también limitada, con un capital nominal de 50.000 libras, en acciones de 5 libras, con facultad para tomar prestado hasta un monto de 10.000 libras. Ya se han desembolsado unas 20.000 libras, y están erigiendo en Hareholme una fábrica que requiere una máquina de vapor de 70 caballos de fuerza. Se me informa que en estas dos compañías las nueve décimas partes de los accionistas pertenecen a la clase obrera.

Existe otra compañía cooperativa que ha surgido en los últimos seis meses. La «Old Clough Cotton Company», que compró a los Sres. R. & J. Mum dos viejos molinos, llamados Irwell Springs, y se rige por el mismo principio que las otras, pero no habiendo podido ir allí hoy no estoy en condiciones de dar todos los pormenores al respecto. La fuerza motriz, sin embargo, se ha registrado como de 13 caballos y el número de obreros empleados es de 76, y creo que todos los accionistas pertenecen a la clase obrera.

Hay varios que toman parte de una fábrica, uno o dos cuartos, según el caso, y en algunos ejemplos incluso parte de un cuarto, pero entonces estos son patronos de esa parte, aunque trabajan junto a, y como, sus propios trabajadores, contratan y pagan salarios como cualquier otro fabricante, sin que los obreros empleados tengan interés en el negocio. Había muchos más de estos en Bacup de los que hay ahora. Algunos lo han abandonado, mientras que otros han tenido éxito y se han construido molinos propios o alquilan grandes locales. Hay más de esta clase en Rochdale que en cualquier otro lugar de mi distrito.»

Londres, 14 de julio de 1860.

Tras el resumen dado en mi última carta de los Informes de Fábrica de Sir John Kincaid y el Sr. Redgrave, aún me queda por examinar el informe del Sr. Robert Baker, Inspector de Fábricas para Irlanda y parte de Cheshire, Lancashire, Gloucestershire, Yorkshire, Staffordshire, Leicestershire, Herefordshire, Shropshire, Worcestershire y Warwickshire. El número total de accidentes en el distrito del Sr. Baker ascendió a 601, de los cuales sólo el 9 por ciento ocurrieron a niños, mientras que el 33 por ciento acontecieron a personas mayores de 18 años. Un análisis más detenido de estos accidentes probará, en primer lugar, que la relación entre accidentes y población es mayor en aquellas ramas industriales donde la maquinaria empleada no está sujeta a control legal y, en segundo lugar, que en las manufacturas textiles, donde se emplea el mismo tipo de maquinaria, el grueso de los accidentes recae sobre las fábricas más grandes. En lo que concierne al empleo de 198.565 obreros, pertenecientes al distrito del Sr. Baker, este último ofrece, para el último semestre, la siguiente declaración:

Personas empleadas. Accidentes por maquinaria.
En fábricas de algodón, entre 107.106 1 por cada 261
En fábricas de lana. . . . . 14.982 1 por cada 48
En fábricas de lino. .. .. .. 33.918 1 por cada 389
En fábricas de seda. 2... . 33.874 1 por cada 2.251
En fábricas de estambre 2.896 1 por cada 424
En otras manufacturas. . . . . 5.789 ninguno

En todas estas manufacturas textiles, la maquinaria está protegida —es decir, provista de los dispositivos para la seguridad de los obreros que la manejan, tal como lo prescriben las cláusulas protectoras de la Ley de Fábricas—. Si nos dirigimos ahora, por ejemplo, a Nottingham, donde un gran número de personas, y especialmente de niños, se emplean entre maquinaria que no está protegida por la ley, hallaremos que en los libros del Hospital General se registraron, en 1859, 1.500; y en los del Dispensario, 794 accidentes; lo que hace un total de 2.294 entre una población que se estima no excede de 62.583. Esto da el número de accidentes dentro del municipio de Nottingham como 1 por cada 27, una proporción comparada con la cual los accidentes en las manufacturas textiles protegidas aparecen como casi insignificantes. De nuevo, en Birmingham, que está repleta de empleos de toda clase, conectados o no con la fuerza motriz, donde sólo hay dos pequeñas fábricas textiles, y donde, en general, no existe protección obligatoria para la maquinaria entre la cual trabajan los jóvenes obreros, la proporción de accidentes respecto a la población era de 1 por 34. Las grandes ventajas derivadas de las cláusulas protectoras de la Ley de Fábricas, y de la aplicación más general de dichas cláusulas, se muestran también mediante una comparación de todos los accidentes reportados a todos los Inspectores durante los semestres que terminan el 31 de octubre de 1845 y el 30 de abril de 1846, con los semestres que terminan en octubre y abril de 1858 y 1859. En este último período, la disminución bruta de accidentes fue igual al 29 por ciento, aunque había tenido lugar un aumento de trabajadores del 20 por ciento como mínimo.

Ahora, en cuanto a la distribución de los accidentes entre las fábricas más grandes y las más pequeñas, creo que los siguientes hechos, expuestos por el Sr. Baker, son decisivos: Durante el último semestre, de las 758 fábricas de algodón de su distrito, que empleaban a 107.000 personas, todos los accidentes que ocurrieron tuvieron lugar en 167 fábricas, que empleaban a unas 40.000 personas; de modo que en 591 fábricas, que empleaban a 67.000 personas, no hubo accidente alguno. De igual manera, de 387 fábricas más pequeñas, todos los accidentes ocurrieron en 28 fábricas; de 153 fábricas de lino, todos los accidentes ocurrieron en 45 fábricas, y de 774 fábricas de seda, todos los accidentes ocurrieron en 14 fábricas, de modo que en una gran proporción de cada ramo industrial no hubo accidente alguno por maquinaria, y en cada ramo el grueso de los accidentes ocurrió en las fábricas más grandes. El Sr. Baker intenta explicar este último fenómeno aduciendo dos causas: que en las fábricas más grandes el estado de transición de la maquinaria vieja, no protegida, a la nueva es, comparativamente, el más prolongado y gradual; y, en segundo lugar, que en estas empresas más grandes la rapidez con que las manos se reúnen crece en la misma proporción en que disminuye el control moral ejercido sobre tales establecimientos. «Estas dos causas —dice el Sr. Baker— influyen de la manera más marcada en la producción de accidentes. En el primer caso, los restos de la maquinaria vieja que nunca fue protegida, y donde aún quedan partes salientes de ruedas, son incluso más destructivos por esa misma circunstancia, puesto que, en medio de la seguridad de lo nuevo, el peligro de lo viejo que queda se olvida; mientras que, en el segundo, la lucha perpetua por cada minuto de tiempo, allí donde el trabajo prosigue mediante una fuerza invariable, indicada quizás por mil caballos, conduce necesariamente al peligro. En tales fábricas, los momentos son los elementos de la ganancia: la atención de todos se requiere a cada instante. Es aquí, tomando prestado uno de los sentimientos de Liebig, donde puede verse una lucha perpetua entre la vida y las fuerzas inorgánicas; donde las energías mentales deben dirigir, y las energías animales deben moverse y mantenerse a la altura de las revoluciones de los husos. No deben rezagarse, a pesar de la tensión que sobre ellas se ejerce, ya sea por excitación excesiva o por el calor; ni suspenderse por un instante ante cualquier otra atención a los diversos movimientos circundantes, pues en cada rezago hay pérdida. Así es como los dedos caen sobre ruedas que se suponen seguras, ya sea por su posición o por la lentitud de su movimiento cuando la atención se dirige erróneamente a otra parte. Así, los obreros, al apresurarse a producir una cierta cantidad de libras de hilado en un tiempo dado, olvidan mirar debajo de sus máquinas por sus pequeños atadores. Así sobrevienen muchos accidentes por lo que se llama autodescuido.»

Durante el último semestre, todas las manufacturas textiles, a excepción de la de la seda, gozaron de gran prosperidad tanto en Irlanda como en los distritos ingleses del Sr. Baker. El único freno que parecía mantener las diferentes ramas industriales dentro de ciertos límites, era la creciente escasez de materia prima. En el ramo del algodón, la construcción de nuevas fábricas, la formación de nuevos sistemas de ampliación y la demanda de mano de obra jamás habían sido superadas en época alguna. Nada resultó más notable que los nuevos movimientos en busca de materia prima. Así, a imitación de la Cotton Supply Association de Lancashire, se había fundado en Belfast una Flax Supply Association. Mientras que para los cinco años que terminan en 1853, la importación media de lino, sumada a la cosecha de lino de Irlanda, había ascendido a 113.409 toneladas anuales, fue, para los últimos cinco años, terminados en 1858, de sólo 101.672 toneladas, mostrando una disminución de 12.000 toneladas anuales, con un aumento del valor anual de las exportaciones de 1.000.000 de libras esterlinas. El precio de la lana, que ya estaba por encima del promedio durante el período que abarcan los últimos Informes de Fábrica, no ha cesado de subir desde entonces. La rápida expansión de las manufacturas de lana, y la creciente demanda de carne de carnero tanto en Gran Bretaña como en las Colonias, pueden considerarse como las causas permanentes de esta alza en los precios de la lana. Como causa accidental que amenaza con acortar el suministro habitual de lana, debe considerarse el carácter peculiar de la estación: muchas ovejas han muerto durante el invierno por alimentación mala o inadecuada, y muchos corderos han perecido durante la primavera por el frío, la falta de alimento y por una enfermedad que resultó fatal en pocas horas.

El único ramo que fue severamente frenado durante los últimos seis meses, a consecuencia de la conclusión del Tratado Comercial anglo-francés y de los temores abrigados en lo concerniente a los efectos de la competencia extranjera, es el ramo de la seda. La presión así ejercida ha sido gradual, de modo que en el momento en que escribo esta carta, más de 13.000 tejedores están sin empleo tan sólo en Coventry, con todo telar parado. Esta crisis es tanto más lamentable cuanto que, como señalé en una carta sobre los Informes de Fábrica de 1859, habían estado surgiendo en Coventry una serie de pequeñas fábricas de seda domésticas, en las que los obreros empleaban a sus propias familias, con, de vez en cuando, un

pequeño asalariado. Estas fábricas, desde comienzos de 1860, habían aumentado considerablemente en número. Son, en realidad, una vuelta a las antiguas manufacturas domésticas, solo que con el añadido de la fuerza del vapor, pero completamente distintas del nuevo sistema cooperativo de Lancashire y Yorkshire. En ellas, el dueño de la casa es el maestro, el tejedor el arrendatario de la fuerza motriz, a veces el empleador de otro trabajo, además del de su propia familia. Ha comprado sus dos telares al contado o a crédito, y los está pagando a tanto por semana; o los ha alquilado, probablemente de su arrendador, que es constructor y especulador. Además, alquila la fuerza motriz necesaria. Se dice que hay ahora tanta diferencia entre el trabajo así hecho en el telar del tejedor y el hecho en el telar del maestro como la hay casi entre la cinta francesa y la inglesa. Aun así, se teme, y el señor Robert Baker, en su informe, parece compartir este temor, que este trabajo doméstico, combinado con el empleo de fuerza mecánica, será incapaz de resistir los embates comerciales. Es probable que el fabricante inglés, para hacer frente a su rival francés, se vea obligado a recurrir al empleo del capital en gran escala, lo que habrá de quebrantar las fábricas de seda domiciliarias que compiten a sus mismas puertas.