Friedrich Engels

Movimientos en Crimea

New-York Daily Tribune.
Nr. 4558, 28 de noviembre de 1855

Movimientos en Crimea.

Según nuestras últimas noticias de Crimea, hay pocos motivos para esperar alguna inteligencia bélica de gran importancia por el Atlántico que debería llegar aquí hoy o mañana. En realidad, los indicios apuntan más bien a que, en lo que concierne a los grandes movimientos, la campaña está cerrada por este otoño, a menos que un tiempo bueno, en un grado bastante inusual para la estación en aquel país, brinde la oportunidad de prolongar las operaciones. Lo más probable en tal caso es que Gorchakoff emprenda una demostración sobre Eupatoria, si bien, como hemos mostrado en un reciente examen del asunto, sus probabilidades de éxito son sumamente exiguas. Por parte de los aliados, no solo la tardanza general de sus movimientos desde la caída de la parte sur de Sebastopol, sino también el hecho de que los fuertes reconocimientos que últimamente han emprendido, por un lado sobre el Alto Belbek y por el otro desde Eupatoria hacia Simferópol, no hayan dado ambos resultados positivos, muestra asimismo que por el momento no se inclinan a intentar más combates. Del primero de estos reconocimientos ya hemos dado a nuestros lectores un cuidadoso relato, y ahora procedemos a completar nuestro registro de la campaña describiendo el segundo.

Parece ser que el general d’Allonville marchó con 24 batallones de infantería, 8 escuadrones de caballería y 56 cañones —en total unos 25.000 hombres— hacia Sak, en el camino a Simferópol. A unas cuatro millas más allá de Sak, el camino, que corre de noroeste a sudeste, cruza el barranco de Chobotar. Este es el primero de una serie de barrancos, regados en la estación húmeda por pequeños ríos, que entre Eupatoria y Sebastopol corren generalmente en dirección este-oeste desde el interior hacia el mar. Estos barrancos forman posiciones militares importantes, como ya han demostrado el Almá, el Belbek y el Chernaya. El barranco de Chobotar, aunque menos importante en sus rasgos generales, tiene la particularidad de que cierra el camino directo de Eupatoria a Simferópol. Como en Crimea no pueden emprenderse largas marchas a campo traviesa, y por lo general hay que seguir los pocos caminos militares, los desfiladeros de Chobotar ofrecen una posición capital para bloquear el acceso a Simferópol. En consecuencia, los rusos la han atrincherado y han armado sus reductos con 36 largos cañones de a treinta y dos libras, cuyo extenso alcance experimentaron los franceses tan pronto como se aproximaron a la posición. Había un numeroso cuerpo de infantería rusa en y detrás de las trincheras, y el general d’Allonville no se aventuró a un ataque frontal. Maniobró con su caballería hacia su izquierda, de modo que amenazara con envolver a los rusos por la cabecera del barranco, unas millas más arriba. Pero los rusos no se movieron, y su caballería, al avanzar más tierra adentro, parece, según el informe ruso, haberse encontrado con fuertes cuerpos de caballería rusa maniobrando sobre su flanco, de manera que le impidieron penetrar demasiado lejos. Estas maniobras duraron alrededor de un día y medio, hasta que d’Allonville, viendo imposibilidad de hacer nada provechoso, se retiró hacia Eupatoria, con el pretexto de escasez de agua.

Hay, sin embargo, otro camino, de calidad inferior, es cierto, pero no cortado por ningún obstáculo militar de importancia; corre un poco al norte de Sak hacia el camino de Perekop a Simferópol, dejando el primer camino principal a unas seis u ocho millas al sur. Este camino parece que los rusos lo controlan solo con caballería. Si fuera posible ganar el camino principal de Perekop por esta ruta, el puesto de Chobotar resultaría inútil para los rusos; se alcanzaría el mismo objetivo, al cortarse la comunicación con Perekop e incluso amenazarse la de Chongar. En tal caso, los rusos se verían obligados a enviar fuertes fuerzas contra el cuerpo de Eupatoria; pero este cuerpo siempre tendría una retirada segura al norte o al sur del lago Sasik, a menos que contara con una fuerza de caballería insuficiente y actuara con imprudencia. Una vez que el cuerpo de Eupatoria se hubiera retirado, los refuerzos rusos muy probablemente regresarían, sobre todo si Pélissier, como era su deber, hubiera hecho de su ausencia la señal de algunas maniobras amenazadoras. Tan pronto como estos hubieran emprendido su regreso, el cuerpo de Eupatoria podría avanzar de nuevo, y así este juego de hostigamiento, en el que los rusos serían sin duda los que más sufrirían, podría proseguirse hasta que un arrebato de impaciencia o un error por parte de los rusos abriera una oportunidad propicia para un golpe decisivo. De este modo fue hostigado Napoleón por los ejércitos aliados en 1813, en su posición central en Dresde, hasta que su fuerza se vio mermada por repetidas derrotas de cuerpos aislados, y la superioridad alcanzada por sus adversarios justificó el ataque concéntrico sobre Leipzig. La estación, como hemos dicho, está ya demasiado avanzada para ejecutar un plan de campaña semejante; pero por qué no se hizo tan pronto como fue tomada Sebastopol, resulta difícil de comprender.

El general d’Allonville ha hecho ciertamente algunas tentativas hacia un movimiento por este camino; pero parece demasiado débil, sobre todo en caballería, para alejarse mucho de su base de operaciones. Al menos ésta es la mejor explicación de la extrema cautela de sus movimientos. Dieciocho mil infantes y cinco mil jinetes no bastan para el propósito. Debería haber tenido el doble de estas cifras y, sobre todo, más de una sola división de infantería francesa; pues no debe olvidarse que entre la fuerza disponible bajo su mando hay tan solo nueve batallones y doce escuadrones de soldados franceses, con unos diez escuadrones de ingleses; el resto, dieciséis batallones y dieciséis escuadrones, se compone de turcos, cuya aptitud para el servicio de campaña no ha sido puesta a prueba aún. En todo caso, lo avanzado de la estación descarta casi toda posibilidad de que obtenga ventajas importantes en esta dirección; y si hemos de juzgar por la experiencia del año pasado, probablemente pronto oiremos decir que las tropas pasan a sus cuarteles de invierno.