Karl Marx/Friedrich Engels

X. La capacidad de resistencia de Rusia.

El viaje del emperador de Rusia a Odesa; el traslado de su consorte de Petersburgo al corazón de la Santa Rusia, a Moscú; el hecho de dejar a Constantino, el más belicoso de sus hermanos, en la sede del gobierno; todas estas circunstancias se consideran otras tantas pruebas de que Rusia está decidida a la resistencia más extrema. Nicolaíev y Jersón, los dos puntos más fortificados del sur de Rusia, constituyen ahora el centro de un ejército de reserva que en este momento está siendo concentrado en las gubernaturas de Táurida y Jersón. Además de las reservas del ejército (tropas pertenecientes a los batallones 5.º, 6.º, 7.º y 8.º), cuyo número es indeterminable, se dice que 40.000 milicianos están concentrados en Nicolaíev, mientras que en Odesa se hallan unos 25.000 hombres. Es imposible comprobar la exactitud de estos datos. Lo cierto es que fuerzas considerables se están concentrando en el sur de Rusia. El plan estratégico de Rusia toma en consideración no sólo la pérdida de Crimea, sino incluso una invasión enemiga en el sur de Rusia. Por eso se ha elegido la línea del Dniéper como principal línea de defensa, con Jersón y Nicolaíev como primera base de operaciones, y Yekaterinoslav como la siguiente. Como Jersón y Nicolaíev se hallan al alcance no sólo de cañoneros, sino incluso de lanchas de guerra, se necesita una base situada en el interior del país. Ésta la ofrece Yekaterinoslav. Situada en un punto donde el Dniéper, mediante un recodo en su curso, forma un ángulo de aproximadamente 75 grados, constituye un centro excelente para un ejército que se retira hacia el interior y que proyecta cubrirse primero detrás del curso meridional (NE.-SO.) y luego detrás del curso medio (NO.-SE.) de ese río. Un ejército que avanzara desde Perekop hacia el interior de Rusia tendría primero que forzar el Dniéper a la altura de Jersón, y luego avanzar hacia Yekaterinoslav, para volver a cruzar allí el mismo río. Cualquier destacamento que avanzara por la orilla izquierda del Dniéper podría ser fácilmente detenido a unas millas al sur de Yekaterinoslav, en la línea del río Vólchya, donde éste desemboca en la corriente principal. A estas ventajas se añade que toda la región al sur de Yekaterinoslav es una vasta estepa, de 200 millas de extensión, donde resulta tan difícil hacer pasar un ejército como alimentarlo, mientras que la ciudad misma, situada en la salida septentrional de la estepa e inmediata a las ricas y relativamente densas provincias de Kíev y Poltava, puede obtener sin dificultad toda la cantidad de provisiones necesaria. Por último, Yekaterinoslav mantiene abierta la comunicación con el ejército del centro en Kíev y cubre el camino hacia Moscú. Por ello, Yekaterinoslav está siendo fortificada y provista de todo lo necesario para abastecer al ejército del sur. Aquí se acumulan almacenes de víveres, equipos y municiones. Si esto, por una parte, habla en favor de la penetración estratégica de los rusos —y el antiguo general y desertor Jomini seguramente no los ha instruido durante tanto tiempo en vano—, por otra parte demuestra igualmente que ellos no creen en éxitos inmediatos. Si los aliados penetrasen en el interior de Rusia (desde Perekop), tendrían ciertamente que forzar Yekaterinoslav. Pero no se trata de eso en esta campaña, y difícilmente en la campaña de 1856. Primero tendría Rusia que haber evacuado Crimea, toda la Transcaucasia, el Cáucaso hasta el Terek y el Kubán, Odesa tendría que ser presa de las llamas, el puerto de Nicolaíev estar destruido y el Danubio limpio hasta Galați; todas estas extremidades exteriores tendrían que ser amputadas antes de que a los aliados se les ocurriera siquiera emprender una campaña hacia el interior de Rusia. El plan estratégico de los rusos, de tan amplia previsión, parece, pues, de mal augurio. Las tropas aliadas se mueven hacia el valle del curso alto del Chernaya, para rodear el ala más extrema de la derecha, por Aitodor o el Belbek superior. Así lo comunican de manera concordante los despachos de Gortschakoff y de Pélissier. A nosotros nos parece que esta maniobra de los aliados se ejecuta de un modo demasiado ostensible para que realmente tenga ese propósito.

La tarea de los aliados consiste ahora, evidentemente, en expulsar a los rusos de la posición atrincherada en las alturas de Mackenzie. Si lo logran, los rusos tendrán que evacuar el fuerte del Norte y, con ello, Crimea. Entre las alturas de Mackenzie y Simferópol no hay, en efecto, posición alguna que pueda ser rebasada, y más allá de Simferópol la estepa, insostenible para grandes ejércitos, no ofrece absolutamente ninguna posición. Por tanto, que los rusos conserven Crimea depende de su capacidad para mantener su posición actual, en particular en las alturas de Mackenzie.

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