Friedrich Engels  
El estado de la guerra. Hacia el 25 de septiembre de 1855  

El estado de la guerra.

De los informes del último vapor de Liverpool se desprende claramente que el zar no tiene intención alguna de hacer la paz en las actuales circunstancias. Su repentina partida a Odesa, en vez de ir a Varsovia, donde había acordado encontrarse con el rey de Prusia; el traslado de la residencia de la emperatriz de San Petersburgo a Moscú, corazón y centro de la Santa Rusia; el dejar la administración de los asuntos en manos del Gran Duque Constantino, el más belicoso de sus hermanos; y el llevar consigo a los demás hermanos al teatro de la guerra, todo ello indica una determinación de proseguir la contienda hasta algún otro fin que el que ahora puede alcanzarse. Al mismo tiempo se están haciendo extensos preparativos para la defensa del sur de Rusia. Nicolaiev y Jersón, los dos puntos fortificados más importantes, constituyen los centros de un ejército de reserva que se está reuniendo en la gobernación de Jersón y en aquella parte de Táurida situada al norte de Perekop. Además de cierto número de reservas del ejército (batallones quinto, sexto, séptimo y octavo de los regimientos de línea), cuyo número es imposible fijar ni siquiera aproximadamente, se dice que cuarenta mil hombres de la milicia se han concentrado en Nicolaiev. Se afirma que en Odesa hay unos veinticinco mil hombres. Sean exactos o no estos rumores, el hecho de la partida del emperador demuestra que allí debe de estar concentrándose una fuerza considerable.

El plan de operaciones de los rusos parece elaborado con la misma previsión que distingue por lo general todos sus grandes esquemas estratégicos. No sólo se toma en cuenta la pérdida completa de Crimea como acontecimiento posible, sino incluso una campaña en el sur de Rusia. Para este fin se elige, muy naturalmente, la línea del Dniéper como principal línea de defensa, y a Jersón y Nicolaiev como primera base de operaciones, y a Ekaterinoslav como base ulterior. Nicolaiev está al alcance de un ataque por agua; por consiguiente, frente a un enemigo que domine el mar Negro, es absolutamente necesaria una base interior. Ahora bien, Ekaterinoslav es una posición de gran importancia estratégica. Situada precisamente en el punto donde, mediante un recodo de su curso, el Dniéper forma un ángulo de unos setenta y cinco grados, constituye un centro capital para un ejército que, en su retirada hacia el interior, se proponga cubrirse primero tras el curso meridional (del noreste al suroeste) y más tarde tras el curso medio (del noroeste al sureste) de dicho río. Un ejército que avanzara desde Perekop hacia el interior de Rusia tendría primero que forzar el paso del Dniéper en algún punto cerca de Jersón, y luego, avanzando hacia Ekaterinoslav, tendría que volver a cruzar el mismo río en ese lugar. Todo destacamento que avanzara por la margen izquierda del Dniéper podría ser fácilmente detenido a pocas leguas al sur de Ekaterinoslav, en la línea del Voltshya, río que allí desemboca en la corriente principal. Además de estas ventajas, todo el país al sur de Ekaterinoslav es una vasta estepa, de doscientas millas de anchura, a través de la cual es sumamente difícil transportar y aprovisionar un ejército; mientras que esa misma ciudad, situada en el límite septentrional de la estepa y en estrecha proximidad a las provincias ricas y relativamente muy pobladas de Kiev y Poltava, puede recibir cualquier cantidad de provisiones sin dificultad. Y, por último, Ekaterinoslav mantiene las comunicaciones con el ejército del centro en Kiev y cubre el camino a Moscú.

Ekaterinoslav, según sabemos por fuentes fidedignas, está siendo fortificada y dotada de los almacenes de reserva para el ejército del sur. Allí se acumulan víveres, pertrechos y municiones; y si algún día los aliados se aventuraran a avanzar hacia el interior, tendrían que forzar este punto antes de poder proseguir. Pero aun en circunstancias muy desfavorables para los rusos, lo probable es que, en Ekaterinoslav, las fuerzas de uno y otro bando estuvieran, al menos, bastante igualadas. Sin embargo, un avance semejante está fuera de lugar en esta campaña, y casi lo está en la de 1856. En realidad, todo movimiento de los aliados hacia el interior de Rusia sería una torpeza mientras Crimea y todos los países al sur del Cáucaso, y aun los del Kubán y del Térek, no hayan sido liberados del dominio ruso, mientras no se hayan devastado todas las costas rusas, tomado Izmaíl, abierto al comercio las bocas del Danubio hasta Galatz y, en una palabra, mientras no se haya hecho todo lo que puede intentarse contra las extremidades de Rusia por ese lado. Incluso entonces sería un error avanzar al interior de la estepa hasta que la resistencia pasiva de Rusia, mantenida con éxito, no dejase otra alternativa. Es evidente que la probabilidad de que ocurra un acontecimiento semejante no es muy grande; pero si los rusos se están preparando ya para él, tenemos aquí otra prueba de esa amplia previsión que ha distinguido últimamente la dirección estratégica jefe de sus fuerzas y que, al parecer, se debe a la influencia dominante del general Jomini.

Por el momento, la conquista de Crimea sigue siendo la gran tarea de los aliados. A este respecto, las últimas noticias eran que habían enviado una fuerte columna de infantería y caballería al valle del alto Chernaya, amenazando con envolver por Ai’todor o el alto Belbek la extrema derecha rusa. Gorchakoff había telegrafiado, además, que los aliados concentraban diariamente tropas adicionales en el Chernaya. Ahora bien, este movimiento de los aliados hacia la derecha rusa se ha efectuado evidentemente con tal grado de ostentación, que los propios rusos lo han notado en seguida, lo cual no puede ser preludio de una tentativa seria de envolver a los rusos por ese lado. Puede servir ya sea para alejar del campamento de la granja de Mackenzie una parte de las tropas que defienden esa posición atrincherada, ya sea para enmascarar una gran expedición a Eupatoria. La primera suposición apenas parece verosímil, dada la concentración de tropas aliadas en el Chernaya observada al mismo tiempo por Gorchakoff; la segunda suposición es más probable; y aunque, como hemos afirmado antes, un movimiento de flanco por la costa sur parecería preferible, tal expedición, que transportara de improviso una gran fuerza al flanco y a la retaguardia de los rusos, no puede menos de surtir un gran efecto y debe decidir la campaña.

En cuanto a la posición real de los rusos en Crimea, no tenemos información clara. Están haciendo todo lo posible por mantener un frente audaz, y si el estado de sus almacenes lo permite, es ciertamente lo mejor que pueden hacer. Seguimos opinando que tendrán que abandonar pronto Crimea, a menos que los aliados cometan grandes errores y ellos, por su parte, reciban provisiones con mayor abundancia de la que tienen derecho a esperar. El gran objetivo de los aliados es desalojarlos de la posición de las alturas de Mackenzie, pues una vez perdida esa posición, la parte norte de Sebastopol, defendida por una pequeña guarnición, quedaría librada a su suerte, y Crimea tendría que ser evacuada; porque entre la granja de Mackenzie y Simferópol no hay una sola posición tolerable que no pueda ser torneada con la mayor facilidad, y más allá de Simferópol la estepa, insostenible para grandes ejércitos, no ofrece posición alguna.

—Una cosa, sin embargo, es cierta, a saber: que la decisión de esta cuestión no puede demorarse mucho. El vapor Atlantic, que debe llegar hoy, nos traerá muy probablemente noticias de una batalla en campo abierto que, si es desfavorable para los rusos, será seguida de su pronta retirada de la península.