Neue Oder-Zeitung.  
Nr. 333, 20 de julio de 1855.  
Mittagblatt  

Londres, 17 de julio. (La destitución de Russell), voluntaria o forzada, responde a la moción de Bulwer, del mismo modo que Bulwer respondió a la moción de Roebuck. Esta opinión, que expresamos en nuestra correspondencia del 11 de julio, ha sido plenamente confirmada por la sesión de ayer de la Cámara de los Comunes. Es un viejo axioma whig que «los partidos son como caracoles, en los que la cola mueve la cabeza». El actual gabinete whig es, sin embargo, más bien un gabinete de pólipos; parece prosperar mediante la amputación. Sobrevive a la pérdida de sus miembros, de su cabeza, de cualquier cosa, menos de su cola. Russell no era, ciertamente, la cabeza del gabinete, pero era la cabeza del partido que forma el gabinete y es representado por él. Bouverie, vicepresidente de la Junta de Comercio, representa la cola del pólipo whig. Descubrió que el cuerpo whig debía ser decapitado para mantener con vida el tronco whig, y comunicó este descubrimiento a Palmerston, en nombre y por encargo de la cola whig. Russell aseguró ayer a esa cola su «desprecio». Disraeli atormentó a Bouverie con una «fisiología de la amistad» y una descripción natural de las distintas variedades en que el ser genérico, conocido bajo el nombre de «amigo», se segrega. Finalmente, el intento de justificación de Bouverie, según el cual él y la cola habrían rechazado a Russell para salvar a Russell, completa el cuadro de género de este partido de cazadores de puestos.

Si de este modo ha sido amputada la cabeza natural del partido whig, su cabeza usurpada, lord Palmerston, ha crecido tanto más firmemente adherida al tronco. Tras la caída de Aberdeen y Newcastle, utilizó a Gladstone, Graham y Herbert para asumir la herencia del gabinete de coalición. Tras la salida de Gladstone, Graham y Herbert, utilizó a lord John Russell para formar un gabinete whig puro. Finalmente, utiliza la cola whig para escamotear a Russell y convertirse así en soberano absoluto en el gabinete. Todas estas metamorfosis eran otros tantos escalones hacia la formación de un gabinete puramente palmerstoniano. Nos enteramos por las declaraciones de Russell de que ofreció repetidamente su dimisión a Palmerston, pero siempre fue persuadido por éste de retirarla. Exactamente del mismo modo, Palmerston persuadió al gabinete Aberdeen de que resistiera hasta el extremo al comité de investigación de Roebuck. Ambas veces con el mismo éxito y para el mismo fin.

La moción de Bulwer se vinculaba tan directamente a Russell, que ella misma cayó al agua tan pronto como el corpus delicti, Russell, desapareció del gabinete. Bulwer se vio por tanto obligado a declarar que retiraba su moción. No pudo, sin embargo, resistir la tentación de pronunciar el discurso que debía fundamentar su moción. Olvidó que faltaba la moción que fundamentaba su discurso. Palmerston aprovechó esta desdichada situación. Se lanzó de inmediato en pose de gladiador, después de que el combate hubiera sido cancelado. Se volvió impertinente, vociferante, fanfarrón, pero con ello se atrajo una reprimenda de mano de Disraeli que, como mostraba su expresión facial, hizo que incluso él, el consumado comediante, perdiera su habitual flema cínica. Lo más importante en la réplica de Disraeli fue, sin embargo, la siguiente declaración:

«Sé que las opiniones que lord Russell trajo de Viena fueron acogidas favorablemente, no solo por una mayoría, sino por la totalidad de sus colegas, y que solo circunstancias que no habían anticipado impidieron la aceptación cordial y unánime del plan del noble lord. No hago esta declaración sin suficiente autoridad. La hago con la misma convicción con que hace seis semanas hablé del lenguaje equívoco y la conducta incierta del gobierno, cuya exactitud han demostrado los acontecimientos posteriores. La hago con la convicción de que, incluso antes de la clausura de esta sesión, la prueba de esta afirmación estará en manos de la Cámara.»

Las «circunstancias» a las que Disraeli alude más arriba eran, como explica en el curso de su discurso, «las dificultades que fueron opuestas por parte francesa». Disraeli sugiere que la correspondencia de Clarendon destinada al uso parlamentario está en contradicción con las instrucciones secretas del ministerio. Concluyó su discurso con las siguientes palabras:

«Existe en el país la creencia de que la culpa predomina en la dirección de nuestros asuntos. Aparece un documento extranjero (la circular de Buol), la agitación en el pueblo crece, éste piensa, habla, sus representantes en la Cámara formulan preguntas. ¿Qué sucede? El más eminente de vuestros estadistas no se atreve a enfrentar la controversia que tales preguntas suscitan. Desaparece de manera misteriosa. Pero ¿quién se atreve a enfrentarlas? El primer ministro de la Corona, que esta noche se ha dirigido a la Cámara con acentos y en un lenguaje completamente indignos de su posición y de la ocasión, que me han convencido de que, si el honor y los intereses del país continúan confiados a su dirección, ello solo ocurre para degradar el primero y traicionar los segundos.»

Roebuck superó a Disraeli en la violencia del lenguaje. «¡Exijo saber quiénes son ahora los traidores en el gabinete!» Primero Aberdeen y Newcastle. Luego Graham y Gladstone y Herbert. Luego Russell. ¿Quién es el siguiente?

Entretanto, la posición del hombre que ha dominado la coalición en secreto, de la misma manera que ahora domina oficialmente el ministerio, está bastante asegurada. En caso de que antes de la clausura de la sesión se aprobara todavía algún voto de censura, lo que no es probable, disolverá el Parlamento. En cualquier caso, tiene por delante seis meses para dirigir de manera ilimitada la política exterior de Inglaterra, sin siquiera ser molestado por el ruido y los simulacros de combate de la Cámara de los Comunes.