Friedrich Engels
El gran error de Crimea

New-York Daily Tribune.
Nr. 4452, 27. Juli 1855

El gran error de Crimea.

Si «el tiempo es dinero» en el comercio, el tiempo es victoria en la guerra. Dejar escapar el momento favorable, perder la ocasión en que la superioridad de las propias fuerzas debería hacerse sentir sobre el adversario, es una falta tan grande como la que puede cometerse frente a un enemigo. La falta se duplica si se comete cuando se actúa a la ofensiva; pues, mientras que al limitarse a defender una posición las consecuencias de la negligencia pueden remediarse, cuando uno se halla en país enemigo, en una misión de invasión, semejante descuido puede acarrear la ruina del ejército. Todo esto es muy trillado, y no hay teniente ni corneta en el mundo que no lo considere como cosa natural. Sin embargo, no hay regla de estrategia o de táctica contra la cual se peque con más frecuencia que contra ésta; y parecería como si el general Pélissier, el impetuoso hombre de acción, el «Mariscal Adelante» del ejército de Crimea, fuera precisamente el hombre condenado a ejemplificar en su propia persona este común descuido de las cosas más vulgares.

El camino hacia Sebastopol conduce, rodeando por Inkermann, al lado norte de la fortaleza, como hemos dicho una y otra vez. No hay que suponer que Pélissier y su estado mayor no lo sepan tan bien como nosotros. Pero para ir al lado norte, el ejército aliado debe salir al campo con el grueso de sus fuerzas, derrotar a los rusos, sitiar después el lado norte y destacar un cuerpo para mantener a distancia al ejército de campaña ruso. El momento de hacerlo fue cuando llegó el cuerpo sardo y los turcos, bajo el mando de Omer Pachá, se hallaban en Kamiesh. Por aquel entonces, los aliados debían de ser considerablemente más fuertes que los rusos. Pero nada de eso se hizo. Se emprendió la expedición a Kerch y al mar de Azof, y se intentó asalto tras asalto. Las operaciones de campaña se limitaron a reconocimientos y a una extensión del terreno de acampada hasta la entrada del valle de Baidar. Ahora, por fin, sabemos cuál es

546

El gran error de Crimea

el motivo confesado de esta inactividad: ¡los medios de transporte no están disponibles, y después de quince meses de campaña, los aliados siguen tan atados al mar, a los puertos de Kamiesh y Balaklava, como siempre!

Esto es realmente intolerable. Crimea no es una isla desierta en algún lugar cerca del Polo Norte. Es un país cuyos recursos pueden ciertamente agotarse en cuanto a víveres, pero que todavía puede proporcionar abundante forraje, animales de tiro, carros y bestias de carga a cualquiera que tenga la audacia de tomarlos. Los movimientos cautelosos y lentos, de avance y retroceso en unas pocas millas alrededor del Chernaya, no son, por supuesto, el medio de apoderarse de estos útiles artículos; pero aun dejando completamente de lado los camellos, ponis y arabas de Crimea, hay sobrados medios de transporte que pueden obtenerse en las costas asiática y europea del Mar Negro, a dos días de vapor de Balaklava. ¿Por qué no se los incorpora al servicio aliado? Decimos incorporar, porque la incorporación, comúnmente llamada requisa, es el modo adecuado de hacerlos disponibles. Emplear a arrieros españoles y peones búlgaros a un alto precio nunca servirá; y en un país como Turquía menos que en ninguna otra parte. Un regimiento de caballería que recorra las costas de Anatolia reuniría muy pronto centenares de medios de transporte y miles de animales, junto con el forraje necesario. La guerra se hace en beneficio de los turcos, y proporcionar medios de transporte es lo menos que se puede esperar de ellos. En toda guerra continental se espera que el país en que operan los ejércitos haga lo mismo. Ser más delicado con los turcos es doblemente absurdo; si los turcos no tienen que trabajar para sus aliados, tendrán que trabajar para sus pachás, que los tratarán mucho peor. Puede que no les guste, pero tampoco les gusta sudar para sus pachás; y si no se someten a la disciplina y al orden, una pequeña aplicación de la ley marcial los domará pronto, del mismo modo que los pachás los mantienen siempre bajo una ley similar. Es perfectamente ridículo que, teniendo tales recursos al alcance de la mano, los generales aliados sigan quejándose de no poder moverse por falta de transportes.

Los rusos, en verdad, les han dado lecciones suficientes de cómo deberían actuar. Los cuerpos de ejército 3.°, 4.° y 5.°, además de varias divisiones de reserva, fueron transportados a Crimea en un momento en que los aliados no podían llevar víveres desde Balaklava a las trincheras. Las tropas fueron en parte transportadas a través de las estepas en carros, y siempre tuvieron abundantes alimentos. Y sin embargo, el país en un semicírculo de 200 millas alrededor de Perekop está solo muy escasamente poblado. Pero los recursos de las provincias más distantes fueron puestos a contribución; y, ciertamente, traer los carros de Yekaterinoslav, Poltava y Járkov para ayudar a los rusos en Crimea es más difícil que hacer trabajar allí para los aliados los medios de transporte de Anatolia y Rumelia.

547

Friedrich Engels

No obstante, con el pretexto de la falta de transportes, se ha dejado escapar la oportunidad de conquistar Crimea hasta Simferópol. Ahora la situación es distinta. Los rusos han formado un ejército de reserva para Crimea entre Odesa y Jersón. De qué se compone este ejército podemos juzgarlo por el simple hecho de que del ejército occidental se han destacado el segundo cuerpo de ejército entero y dos divisiones de granaderos para formar esta nueva fuerza. La vanguardia de este refuerzo debe de haber pasado ya Jersón. Estas tropas constan en total de cinco divisiones u ochenta y dos batallones de infantería; una división o treinta y dos escuadrones de caballería; y de cincuenta a ochenta cañones. A esto hay que añadir un número de reservas, así como por lo menos una división de caballería de reserva; y como los ochenta y ocho batallones arriba mencionados pertenecen a las tropas que han estado principalmente bajo la mirada del Emperador, deben de contar con sus efectivos completos de guerra. Teniendo en cuenta, por tanto, las pérdidas en la marcha, la fuerza total reunida entre Odesa y Perekop y destinada a Crimea puede calcularse sin riesgo en algo así como de 70.000 a 80.000 hombres. Las cabezas de sus columnas deben de estar ya más allá de Jersón, quizá más allá de Perekop; y antes de que acabe julio empezarán a hacerse sentir sobre los aliados.

Ahora bien, ¿qué tienen los aliados que oponer a estos refuerzos? Sus filas están de nuevo diezmadas por el cólera y la fiebre, no menos que por la carnicería de los diferentes asaltos. Los refuerzos británicos llegan con lentitud, y se están enviando muy pocos regimientos. El gobierno francés declara que no tiene intención de enviar nuevas divisiones, sino meros destacamentos de los depósitos para cubrir los claros abiertos en las filas de los diversos regimientos en el teatro de guerra. Si estos refuerzos llegan a tiempo, apenas bastarán para elevar el ejército aliado a la fuerza que tenía a principios de junio; es decir, 210.000 hombres a lo sumo, incluidos turcos y sardos. Lo probable es que en ningún momento pase de 180.000 hombres; fuerza a la que los rusos, para principios de agosto, podrán oponer por lo menos 200.000 hombres en buenas posiciones, dueños del país a su retaguardia y en posesión del lado sur de Sebastopol como cabeza de puente.

Entonces, es probable que los aliados se vean rechazados hacia la meseta detrás del Chernaya, sin poder avanzar ni retroceder, y con un ejército ahora tan numeroso que convertirá esta estrecha franja de terreno en un foco de enfermedades. Y entonces Pélissier se arrepentirá de su falta de energía y resolución en lo que respecta al avance en campo abierto, y de su exceso de energía en lo referente al asalto de la plaza. Con todo, aún hay tiempo para un movimiento en campaña. El mejor momento ha pasado, pero a pesar de todo, un avance audaz podría asegurar ahora a los aliados un espacio de terreno más

548

El gran error de Crimea

aliados. Pero no parece que vayan a aprovechar esta oportunidad.

Sin embargo, hay que decir, en honor a Pélissier, que la opinión pública en París y en Europa en general echa la culpa principal a Luis Bonaparte. Se dice que ese desgraciado aprendiz de general se entremete en todo. La cosa no está todavía del todo clara, pero en poco tiempo se aclarará la naturaleza de la injerencia de este ambicioso aventurero en las operaciones militares de Crimea, y entonces sabremos a quién hay que atribuir la culpa de estos enormes errores.

549