Friedrich Engels  
De Crimea. 31 de mayo de 1855  

New-York Daily Tribune.  
Nr. 4416, 14. Juni 1855  

De Crimea.  

Las noticias llegadas por el Atlántico están llenas de éxitos obtenidos por los aliados en Crimea. Las publicaciones británicas palpitan prácticamente de júbilo; y el público británico, largo tiempo abatido y sin esperanzas de un resultado provechoso de la presente campaña, ha recobrado de repente la más alegre confianza. En la imaginación ven ya la Crimea conquistada, Sebastopol reducida a ruinas, a Rusia solicitando la paz en cualesquiera términos, y la guerra llevada a un término triunfante y glorioso. Veamos hasta qué punto los hechos justifican tales previsiones.

El primero de los acontecimientos que han invertido así la corriente del sentir público en Europa occidental es la ocupación de Kertch y del mar de Azof por las fuerzas navales y terrestres aliadas. Todo ello se llevó a cabo sin que los rusos opusieran resistencia alguna visible. Ni en Kertch ni en Arabat había fortificaciones de importancia ni otros medios para resistir un ataque. En verdad, con la información de que disponemos, resulta difícil comprender cómo los rusos pudieron haber descuidado la fortificación de lugares de tanta importancia y tan expuestos. La pérdida es ciertamente un duro golpe para ellos. No solo va acompañada de la destrucción o captura de una gran cantidad de víveres y otros pertrechos, así como de todos sus buques en el mar de Azof, sino que corta el canal en el que principalmente habían confiado para sus suministros. De ahora en adelante tendrán que traer todo lo de esa índole, aparte de lo que proporcione la propia Crimea, por la ruta más remota de Perekop o por el camino que cruza los bajíos del Sivash. Esto será, naturalmente, una gran inconveniencia, pero que de inmediato reduzca al ejército ruso al hambre o lo obligue a rendirse no es tan seguro.

Los periódicos británicos califican este hecho de glorioso. En la guerra ordinaria la gloria se adquiere superando la resistencia y logrando un objetivo frente a dificultades y peligros abrumadores. Pero desde que comenzó esta campaña de Crimea, muchas viejas nociones han sido desaprendidas y muchas nuevas se han introducido en la mente de los hombres. Entre estas últimas se cuenta la gloria de conducir 20.000 soldados contra un lugar sin hombres ni fuertes que lo defiendan, y lograr realmente su toma. A nuestro juicio, por el contrario, las auto-felicitaciones por esta hazaña en el mar de Azof deberían más bien ahogarse en la vergüenza de no haberla consumado hace meses. ¿Por qué se ha permitido a los rusos mantener la posesión tranquila de los estrechos de ese mar hasta ahora? ¿Por qué no se dio nunca ningún paso para impedir que utilizaran el mar para el transporte de refuerzos y suministros? ¿Por qué nunca se envió una parte de la flota aliada a interrumpir las comunicaciones, limpiar el mar de todo buque ruso y mantener bloqueados todos los puertos? Es una ilustración sorprendente de la imbecilidad que ha caracterizado la dirección de esta guerra por parte de los aliados el que una medida tan obvia, tan ventajosa y tan fácil, para la cual con su gran número de barcos han tenido constantemente los medios, no se haya emprendido nunca antes. Es cierto que hasta ahora no les ha sido posible disponer de 20.000 soldados para guarnecer Kertch y Arabat; pero eso no era necesario; unas pocas embarcaciones y cañoneros podrían haber cortado las comunicaciones rusas de manera igualmente eficaz sin esas guarniciones que con ellas. Tampoco está en modo alguno claro que los aliados puedan permitirse ahora destacar la división de Sir George Brown del ejército con el que están iniciando ahora las operaciones en campo abierto. Su superioridad numérica dista mucho de ser tan grande como para que puedan, con prudencia, distribuirse de este modo en puntos alejados de la península.

El siguiente gran éxito es la toma de una plaza de armas que los rusos habían preparado delante de los bastiones del Redan y Malakoff, entre sus líneas y las francesas, para concentrarse allí con vistas a salidas importantes. Como no habíamos tenido noticia de ello antes, debemos inferir que se trataba de una construcción nueva y de carácter puramente ofensivo. En otras palabras, los sitiados, en lugar de verse cada vez más debilitados por los sitiadores y limitados a defenderse, continúan en situación de ampliar sus medios para asaltar y dañar a estos últimos. Esta posición fue atacada por los franceses con unos 15.000 hombres en la noche del 23 de mayo y, según informa Pélissier, fue tomada parcialmente; Gorchakoff dice que los rusos la mantuvieron, pero con una pérdida de 2.500 hombres. A la noche siguiente se reanudó el combate, siendo entonces expulsados los rusos y ocupada toda la posición. Pero esto parece ser una victoria meramente negativa, pues priva a los rusos de un medio para causar daño, pero no hace nada para silenciar las defensas de la ciudad. Las trincheras aliadas no avanzaron ni un palmo con ello, ni ofrece el menor fundamento para esperar ese asalto eternamente prometido, pero nunca realizado.

El tercer movimiento nuevo y victorioso es el de 35.000 franceses sobre la línea del Chernaya. A este respecto también se nos regala con algunas espléndidas exageraciones que le confieren todas las pretensiones de un gran triunfo. La verdad es que no es más que el primer paso de las operaciones en campo abierto que deben comenzar ahora. Esta fuerza probablemente ha sido adelantada para ocupar al ejército ruso, mientras que otra división aliada marchará por Alupka y los senderos de las colinas para flanquear la posición atrincherada rusa que ocupa actualmente el camino principal a Sympheropol. El que los rusos se retiraran así del Chernaya era cosa natural. Deben reservarse para el combate detrás de sus atrincheramientos, donde, según un despacho telegráfico austriaco, los aliados se disponen a atacarlos con 100.000 hombres, cosa que creeremos cuando lo veamos. Una batalla en el Chernaya habría sido una locura para ellos, sobre todo si sus efectivos son tan inferiores como se dice. Pero tenemos poca fe en estas representaciones, y esperaremos a que los hechos justifiquen ese desdén optimista con que The London Times habla de la escasa resistencia que probablemente tendrán que afrontar en adelante los aliados, antes de admitir su pertinencia. Queda por ver si el largo desastre del sitio va a coronarse ahora con un brillante y fácil coup de main, que convierta a las potencias occidentales en dueñas de golpe de toda Crimea. Pero, en cualquier caso, podemos esperar ahora noticias emocionantes de aquel teatro. Si no nos muestra la guerra en la escala más grandiosa, ciertamente será en la más activa.