Un examen cuidadoso de los periódicos ingleses, alemanes y belgas recibidos por el *Asia* nos ha proporcionado informaciones más precisas respecto al segundo bombardeo inútil de Sevastopol, lo cual quizá resulte de interés para aquellos de nuestros lectores dispuestos a seguir con atención el curso de este vasto fiasco militar. Procedemos, pues, a exponer los hechos del caso con cierto detalle. Al hacerlo, supondremos que el lector tiene ante sí alguno de los numerosos diagramas del lugar y de las posiciones de los sitiadores que se han publicado desde el comienzo del sitio.

Las fortificaciones del lado sur de Sevastopol están divididas en dos grandes frentes por la ensenada del puerto interior, que separa la ciudad de la parte llamada Karabelnaya o el arrabal marítimo. El frente occidental se extiende desde la bahía de Cuarentena hasta la cabecera del puerto interior en dirección sudeste; sus tres puntos prominentes son el Fuerte de Cuarentena, la torre redonda rodeada por un bastión de tierra, y el bastión sur o del Asta de Bandera (*Bastion du Mât* de los franceses). Estas tres obras salientes han sido atacadas cada una y en su conjunto por los franceses, según el sistema condenado por todos los ingenieros anteriores pero adoptado por el sitiador de Sevastopol: no limitar el ataque a una porción de las líneas, sino extenderlo al conjunto. La Torre Redonda, que forma el centro de este frente, fue parcialmente demolida durante el primer bombardeo, pero las obras de tierra que la circundaban permanecieron intactas. Han vuelto a ser sometidas al fuego, pero con esta mejora: que el ataque contra ellas esta vez parece simulado y meramente destinado o bien a desviar la atención de los rusos de los puntos realmente amenazados, o bien a apoyar los ataques principales. De éstos, el primero se dirige contra el Fuerte de Cuarentena; pero como el frente, los flancos y la retaguardia de esta posición están asegurados por la bahía y la prolongación de las líneas rusas, el fuego francés no puede tener otro objeto que demoler el frente que da a la bahía de Cuarentena y silenciar mediante fuego de enfilada el frente que mira hacia el gran puerto. El ataque real y serio, por tanto, es el dirigido contra el Bastión del Asta de Bandera, la obra más al sur de las líneas rusas. Aquí los franceses ya habían completado tres paralelas sucesivas antes de que comenzase el segundo bombardeo, aunque la tercera y última paralela se hallaba aún a unas 400 o 500 yardas de distancia del foso ruso. Esta muy respetuosa distancia basta para probar la actividad de la defensa y el progreso sumamente insignificante realizado en el sitio durante los últimos seis meses. Los franceses deben de haber concentrado en este punto el fuego de al menos 70 u 80 cañones; pero aun así no han logrado avanzar gran cosa. Tan pronto como se abrió el fuego el 9 de abril, los ingenieros franceses salieron de las trincheras con nuevas zapas, a fin de completar nuevos aproches bajo la protección de su artillería. Pero parece que los rusos no se dejaron amedrentar por este cañoneo terrible. No se dejaron desviar hasta el punto de dirigir su fuego sobre la artillería francesa, sino que muy acertadamente la dejaron disparar y dirigieron sus cañones sobre las nuevas zapas, y con tal efecto que todos los intentos de acercarse al abrigo a mayor distancia resultaron completamente abortados. Este hecho contiene en sí mismo la medida de la fuerza relativa de situación de las dos partes; pues allí donde la artillería del ataque no es tan superior como para atraer sobre sí todo el fuego de la defensa y dar así al zapador la oportunidad de trabajar sus aproches... allí falta la primera condición para un ataque exitoso. En consecuencia, los franceses se vieron obligados a dar un paso al que sólo se recurre en casos de extrema necesidad. Abandonaron —a 400 o 500 yardas de distancia— el intento de trabajar mediante zapa llena o incluso doble zapa, y construyeron una mina que conducía a unas 50 o quizás 80 yardas delante de su tercera paralela. Desde este punto construyeron una paralela subterránea o mina, que corría en la misma dirección que sus trincheras, y colocaron en ella a intervalos cortos cargas débiles de pólvora. La explosión simultánea de estas cargas formaba en la superficie una larga zanja irregular o primer rudimento de una cuarta paralela, que ofrecía suficiente abrigo para que los zapadores pudieran establecerse en ella y completarla con ayuda de fajinas y gaviones. Fue mediante este tedioso y prolongado proceso como los franceses pudieron jactarse, el 16 o 17 de abril, de haber abierto la cuarta paralela. Queda por ver cómo pudieron arreglárselas para terminarla y artillarla bajo el fuego de artillería y fusilería de los rusos. Hay diez probabilidades contra una de que antes de lograrlo se les agotaran las municiones y el bombardeo llegara a su fin; en cuyo caso una cuarta paralela es una posición peor que inútil, ya que está sumamente expuesta a fuertes salidas de los sitiados y sirve, por tanto, como un incentivo continuo para provocar pérdidas inútiles de hombres.

En este ataque de la izquierda, o exclusivamente francés, encontramos, pues, que el asunto se ha conducido indudablemente con más habilidad y sentido que durante el primer bombardeo; que el fuego se ha concentrado sobre un punto principal en un grado mucho más alto; y que no se ha dejado de intentar ningún medio para impulsar las trincheras hacia adelante. Pero también encontramos que los medios puestos en juego fueron muy deficientes para el propósito, y en consecuencia la falta total de éxito que ahora parece establecida fuera de toda duda queda plenamente explicada.

El frente oriental de defensa, que encierra el arrabal marítimo, sólo tiene dos puntos prominentes: el llamado fuerte Redan, con un gran bastión unos cientos de yardas al este del puerto interior, y el bastión Malakoff, erigido en la pendiente de una colina coronada por la torre de ese nombre. La gran extensión de estos bastiones les permite flanquear con eficacia no sólo las líneas que los conectan, sino también las que se extienden hasta la cabecera del puerto interior y la de la bahía de Carenado. La colina Malakoff, por su elevación, domina el terreno tanto al frente como a retaguardia, y puede considerarse la llave de todo el arrabal, del mismo modo que el bastión del Asta de Bandera y la colina en cuya pendiente está situado lo son en cierto grado para la ciudad misma. Fue, por tanto, para reforzar este importante punto que los rusos levantaron primero los reductos de Selenghinsk y Volhynsk, al este de la bahía de Carenado y tomando de flanco cualquier ataque por la derecha contra Malakoff —y después el reducto de Kamtschatka o el Mamelon, como obra avanzada inmediatamente delante de él.

El ataque contra este frente sudeste se llevó a cabo de una manera que ni siquiera merece el muy limitado elogio que pueda concederse al ataque por la izquierda. La llave de la posición era Malakoff, que originalmente estaba flanqueado de un solo lado por el Redan, mientras que el otro lado, hacia la bahía de Carenado, no contaba con ninguna obra rusa que lo apoyara. En consecuencia, el frente que debía atacarse era la porción de las líneas al este del punto o ángulo saliente del bastión Malakoff. Así pues, la ocupación de toda la meseta y colinas entre la bahía de Carenado y el Chernaya era lo primero de lo que había que asegurarse; unas cuantas baterías habrían alejado a los buques en el Gran Puerto y silenciado los cañones del lado ruso de la bahía de Carenado; y luego, como es natural, el Mamelon debía haber sido ocupado antes de que los rusos tomaran posesión de él. Pero todo esto se descuidó, y los sitiados pudieron así tomar posesión de posiciones que durante seis meses de sitio no habían considerado prudente mantener. Este descuido aparentemente inexplicable por parte de los Aliados se explica, sin embargo, por otro error fundamental en la disposición del sitio. En lugar de limitar sus esfuerzos a una porción de las líneas, las rodearon enteramente con sus paralelas, que ahora se extienden desde las baterías cerca de Inkermann hasta el gran barranco que forma la continuación del Puerto Interior, y allí se unen con las trincheras del ataque por la izquierda, que completan el semicírculo hasta la bahía de Cuarentena.

Este "ataque por la derecha" contra el Redan y Malakoff se llevó a cabo desde cuatro mesetas en pendiente separadas por tres profundos barrancos. Junto a las baterías francesas contra el Bastión del Asta de Bandera se hallaba el "ataque izquierdo inglés" (Baterías de Chapman), el único del cual podemos indicar (según el *London Times*) el número exacto de cañones. Éstos eran:

| | De a 24 | De a 32 | Cañ. de 8 pulg. | Cañ. de 10 pulg. | Mort. de 10 pulg. | Mort. de 13 pulg. | Total |
|---|---------|---------|-----------------|-------------------|--------------------|--------------------|-------|
| Batería n.º 1 — — | — | —
| Batería n.º 2 (marineros) | — 2 | — | — | —
| Batería n.º 3 (marineros) — | — | — | — | —
| Batería n.º 4 (marineros) 2 1 | — | —
| Batería n.º 5 (marineros) | — | — | — | — 2
| Batería n.º 6 — | — — | —
| Batería n.º 7 | — — | — | — | —
| Batería n.º 8 | — 2 | — | — | —
| A retaguardia — 10 | — | —
| Total 24 2 10

Todo este gran peso de metal no se empleó más que para batir una cara del Redan, junto con la cortina artillada que lo conecta con la cabecera del puerto interior, y para apoyar en cierto grado el ataque francés sobre el Bastión del Asta de Bandera.

La segunda meseta estaba ocupada por el ataque derecho inglés, o baterías de Gordon. No sabemos cuál pudiera ser el número de cañones, pero difícilmente podría ser tan grande como el de Chapman. Esta porción de la paralela batía la cara izquierda del Redan y la cara derecha de Malakoff, y desde la erección del reducto de Kamtschatka tenía que batir también esta obra. Este ataque estaba dirigido contra una porción de las obras rusas que en cualquier caso habría tenido que ser batida al menos por un ataque simulado o secundario; además, enfilaba la cara izquierda del bastión Malakoff y, por tanto, contribuía de manera importante al ataque contra esta posición decisiva; pero no podemos juzgar si el número de cañones empleados en esta sección del ataque era apenas suficiente o exagerado en proporción a otros puntos más importantes, hasta que se conozca el armamento de las baterías.

Viene luego el "ataque derecho francés", dirigido contra la cara izquierda de Malakoff, enfilando su cara derecha y batiendo los nuevos reductos de Kamtschatka, Selenghinsk y Volhynsk. Éste era el ataque real, decisivo, y ha sido el más vergonzosamente descuidado de todos hasta que los rusos, con su audaz avance y erección de nuevas obras, crearon dificultades que no pueden superarse sino con quizá una quincena de sitio extra activo y enérgico. Ahora se extiende a lo largo de una línea muy larga, más bien salpicada parcamente de baterías y que muy probablemente ofrece pocos puntos desde los cuales se pueda cañonear con eficacia las alturas dominantes coronadas por las nuevas obras rusas. Si esta sección del ataque se hubiera impulsado con suficiente energía ya a mediados de febrero, las baterías en torno a la bahía de Carenado y hasta Malakoff podrían ahora estar silenciadas; y dado que los rusos pudieron en aquel momento construir sus reductos, no puede decirse que el tiempo y el estado del terreno impidieran a los Aliados extender sus obras. Aquí estaba la llave de la posición, aquí el frente más ventajoso para asaltar, y aquí fue donde primero los ingleses perdieron su oportunidad por el necio y timorato deseo de Raglan de mantenerse lo más cerca posible del principal ataque francés, cerca del bastión del Asta de Bandera; mientras que posteriormente, cuando esta sección fue entregada a los franceses, éstos cometieron la misma falta —sea por descuido o por indolencia, no queda claro.

El ataque por la derecha, en su conjunto, se ha llevado ahora con el sistema más defectuoso imaginable, y los resultados, en consecuencia, deben darse por nulos. Es más, ofrecen incluso un saldo negativo, ya que los rusos han hecho avanzar sus obras con mayor rapidez que los aliados y han compensado con creces cualquier progreso que estos últimos pudieran reclamar. Los nuevos reductos, mientras sigan en posesión de los rusos, constituyen una deshonra duradera para todo el ejército y los generales empeñados en este ataque, y su sola vista debe hacer subir la sangre al rostro de todo oficial sensato y valiente de las fuerzas aliadas.

El único progreso que se dice han hecho los aliados en el ataque por la derecha es que se han tomado algunos de los pozos y zanjas excavados para los fusileros rusos, convirtiéndolos en lo que los aliados llaman una tercera paralela. Esto sólo puede referirse a la línea más cercana de fosos para fusileros, que ciertamente estaban muy próximos a las líneas aliadas. Pero no es menos cierto que los rusos han ganado mucho más terreno, y lo han aprovechado mejor desde el 20 de febrero, que los aliados.

En cuanto al número total de piezas empleadas por los aliados en este bombardeo, el cálculo más aproximado que podemos hacer es que los franceses disponían de unas 220 y los ingleses de 130. Respecto a las municiones y proyectiles utilizados, encontramos que la opinión más optimista sobre las existencias al comienzo no las tasa por encima de los 350.000 proyectiles, cantidad que nos obliga a rectificar las cifras que dimos ayer. Ahora bien, sabemos que a partir del día 10 se dieron instrucciones a los británicos de no disparar más de 120 tiros por pieza y día, disparando los morteros unos 40 ó 50 tiros. Antes de esa fecha habían disparado más. Pero contando sólo 300 piezas, y una media de 100 disparos diarios, resultan 30.000 proyectiles al día, lo que da, hasta el día 15 inclusive, para siete días, 210.000 proyectiles. El 16 y los días siguientes el fuego aflojó; pongamos sólo 20.000 proyectiles al día, con lo que hasta el 21 obtenemos otros 120.000, es decir, 330.000 en total. De modo que, a menos que el fuego se amortiguara hasta tal punto que ya no fuera un bombardeo, sino un cañoneo de asedio normal y lento, a más tardar el día 22 las municiones de los aliados debían de estar tan agotadas que se hiciera necesaria la interrupción del fuego. Pero 350.000, o digamos 300.000, proyectiles para 300 piezas dan 1.000 disparos por pieza, y de 1.200 a 1.400 disparos bastan para dañar el ánima y quemar el oído de cualquier cañón de bronce o de hierro hasta un punto que excluye el tiro de precisión. Incluso después de 1.000 disparos algunas de las piezas quedarían casi completamente inservibles para el fuego de desmonte. Así, llegamos de nuevo a la conclusión de que, hagan lo que hagan los aliados, no tienen posibilidad alguna de tomar Sebastopol mediante la serie de desaciertos que acaba de coronar este bombardeo desesperado e inútil. Si no se recurre a otras medidas, pronto tendrán que abandonar Crimea por completo.

Sin embargo, Luis Bonaparte debe dirigirse allí a principios de mayo. Algo tendrá que hacer. Pronto veremos qué. En todo caso, si no lleva consigo mejores ideas militares que las desarrolladas en su reciente memoria militar, inserta en el Moniteur, más vale que lleve de inmediato un pasaporte en regla para viajar por tierras extranjeras, pues a Francia no tendrá ya oportunidad alguna de volver.