Friedrich Engels

La guerra europea

*New-York Daily Tribune.*
Nr. 4316, 17 de febrero de 1855

La guerra europea.

A medida que se aproxima el plazo para la apertura de la nueva Conferencia en Viena, la probabilidad de concesión alguna por parte de Rusia se desvanece en una tenuidad brumosa y sumamente incierta. El brillante éxito de ese gran golpe diplomático, la pronta aceptación por el Zar de la base de negociaciones propuesta, lo coloca, al menos por el momento, en una posición dominante y hace seguro que, bajo cualesquiera apariencias que pueda aceptar propuestas de paz, la única base real sobre la cual consentirá ahora en arreglar la querella es sustancialmente la del *statu quo*. Al aceptar los Cuatro Puntos ha arrojado a Austria de nuevo a una posición dudosa, mientras retiene a Prusia atada a sus hilos conductores y gana tiempo para llevar todas sus reservas y nuevas formaciones de tropas a la frontera antes de que puedan comenzar las hostilidades. El mero hecho de haberse acordado negociaciones deja libres de inmediato a tantos soldados rusos del ejército de observación en la frontera austriaca como puedan ser reemplazados en dos meses o diez semanas —esto es, al menos sesenta a ochenta mil hombres—. Como la totalidad del antiguo ejército del Danubio ha dejado de existir como tal, habiendo estado el cuarto cuerpo en Crimea desde finales de octubre, llegado el tercer cuerpo allí en la última parte de diciembre, y estando ahora en camino hacia allí el resto del quinto cuerpo, además de caballería y reservas, estas tropas deben ser reemplazadas en el Bug y el Dniéster por hombres frescos, tomados del ejército occidental en Polonia, Volinia y Podolia. En consecuencia, si la guerra ha de trasladarse al centro del continente, un margen de dos o tres meses es de la mayor importancia para Rusia; pues, en el momento actual, las fuerzas que ha dispersado en la larga línea de Kalisch a Ismail ya no son suficientes, sin refuerzos, para resistir al creciente número de tropas austriacas que se les oponen. Ese tiempo lo ha ganado ahora, y procedemos a mostrar cuál es el estado presente de sus preparativos militares.

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En ocasiones anteriores hemos dado un esbozo de la organización militar rusa. En el gran ejército activo, el destinado a actuar contra el Sur y el Oeste de Europa, había originalmente seis cuerpos de ejército, de cuarenta y ocho batallones cada uno; dos cuerpos de tropas selectas, de treinta y seis batallones cada uno, además de una fuerza relativamente fuerte de caballería, regular e irregular, con artillería. Como ya hemos expuesto, el Gobierno no solo ha llamado a las reservas para formar los batallones cuarto, quinto y sexto de las tropas selectas, y el quinto y sexto de los otros seis cuerpos de ejército; sino que incluso los batallones séptimo y octavo de cada regimiento habían sido formados mediante nuevas levas, de modo que el número de batallones se ha duplicado para los seis cuerpos de línea, y más que duplicado para las tropas selectas (Guardias y Granaderos). Estas fuerzas pueden ahora estimarse aproximadamente como sigue:

Guardias y Granaderos — los primeros
cuatro batallones por regimiento...
Guardias y Granaderos — los últimos
cuatro batallones por regimiento...

Primer y Segundo Cuerpos (aún no
empeñados) —los primeros, o activos,
cuatro batallones por regimiento...
Primer y Segundo Cuerpos — los últimos
cuatro batallones por regimiento...
Tercer, Cuarto, Quinto, Sexto Cuerpos —
los batallones activos................
Tercer, Cuarto, Quinto, Sexto Cuerpos —
los últimos cuatro batallones por regimiento.
Cuerpos de Finlandia........................

Total

Sumar: Caballería, regular
Caballería, irregular

Total general

96 batallones,
a 900 hombres
96 batallones,
a 700 hombres
96 batallones,
a 900 hombres
96 batallones,
a 700 hombres
192 batallones,
a 500 hombres
192 batallones,
a 700 hombres
16 batallones,
a 900 hombres
784

86.400

67.200

86.400

67.200

96.000

134.400
14.400
552.000
80.000
46.000
80.000
758.000

 Una parte de estas estimaciones puede parecer alta, pero en realidad no lo es. El enorme reclutamiento que ha tenido lugar desde que comenzó la guerra debería haber hinchado las filas del ejército por encima de esto, a pesar de las pérdidas sufridas, las cuales, todas ellas, recayeron sobre los 96 batallones activos de los cuerpos tercero, cuarto, quinto y sexto; pero hemos dejado un amplio margen para los muchos reclutas que mueren antes de llegar a sus regimientos. Además, para la caballería nuestra estimación es muy baja.

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[Leyenda de mapa/ilustración:]
Sebastopol. Croquis del Mamelon y noticias defensas rusas, 20 de marzo de 1855. Londres, 1855.

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De las tropas arriba mencionadas, 8.000 hombres (una división del quinto cuerpo) están en el Cáucaso y deben, por tanto, ser deducidos; pues aquí no tomamos en cuenta las fuerzas empleadas fuera de Europa. Los 750.000 efectivos restantes están distribuidos aproximadamente como sigue: —En las costas del Báltico, el Ejército del Báltico, al mando del general Sievers, compuesto por el cuerpo de Finlandia y reservas de las Guardias, Granaderos y sexto cuerpo, ascendiendo, con caballería y artillería, a unos 135.000 hombres, una parte de los cuales, sin embargo, puede considerarse como reclutas bisoños y batallones apenas organizados. En Polonia y en la frontera de Galitzia, desde Kalisch a Kamienietz, las Guardias, los Granaderos, el primer cuerpo, una división del sexto cuerpo y algunas reservas de los Granaderos y del primer cuerpo, con caballería y artillería, alrededor de 235.000 hombres. Este ejército es la parte más selecta de las tropas rusas; contiene las tropas selectas y las mejores reservas. En Besarabia, y entre el Dniéster y el Bug, hay dos divisiones del segundo cuerpo, y parte de sus reservas, alrededor de 60.000 hombres. Estas formaban parte del ejército del Oeste, pero al ser enviado el ejército del Danubio a Crimea, fueron destacadas para ocupar su lugar. Ahora se oponen a las tropas austriacas en los Principados, y están comandadas por el general Paniutin. Para la defensa de Crimea están destinados los cuerpos tercero y cuarto, una división del quinto cuerpo, dos divisiones del 6.º, y algunas reservas ya allí, además de una división de cada uno del segundo y quinto cuerpos en marcha, componiendo el todo, con caballería y artillería, una fuerza que difícilmente puede estimarse en menos de 170.000 hombres, bajo el mando de Ménschikov. El resto de las reservas y nuevas formaciones, especialmente de los cuerpos primero, segundo, tercero, cuarto y quinto, están siendo ahora organizados en un gran ejército de reserva por el general Tscheodáiev. Se están concentrando en el interior, y deben contar alrededor de 150.000 hombres. Cuántos de ellos están en marcha hacia Polonia o el Sur es, por supuesto, imposible de decir. Así el Emperador Nicolás, quien, el verano pasado, tenía menos de 500.000 soldados en la frontera occidental de su Imperio, desde Finlandia hasta Crimea, ahora tiene 600.000 hombres emplazados allí, además de una reserva en formación en el interior que asciende a 150.000. Con todo eso, ahora es más débil frente a Austria de lo que era entonces. En agosto o septiembre había en Polonia y Podolia 270.000 rusos, y en el Pruth y el Dniéster el ejército del Danubio, que contaba alrededor de 80.000 hombres; pues este último se mantenía allí más por causa de los austriacos que por cualquier otra cosa. Esto sumaba un total de 350.000 hombres que podrían haber operado contra Austria. Ahora hay, como hemos visto, solo 295.000 hombres concentrados a lo largo de la línea de avanzadillas austriaca, mientras que Austria debe tener a estas horas 320.000 hombres directamente opuestos a ellos, y de 70.000 a 80.000 hombres en Bohemia y Moravia para apoyarlos. Esta inferioridad momentánea de número en el

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lado ruso, y la gran incertidumbre en cuanto al momento de llegada de nuevas formaciones desde el interior, en la presente estación y en un país donde toda la administración es corrupta, son causas más que suficientes para hacer que el Gobierno ruso trate de ganar tanto tiempo como sea posible. Tal inferioridad numérica inhabilita a los rusos para operaciones ofensivas; y en un país abierto como Polonia, sin grandes líneas fluviales entre los dos ejércitos, esto significa la necesidad de una retirada, al primer encuentro, a una posición defendible. En este caso especial significa el corte del ejército ruso en dos porciones, una de las cuales tendría que retirarse hacia Varsovia, y la otra hacia Kíev; y entre estas dos mitades se extenderían entonces los infranqueables pantanos de Polesia, que van desde el Bug (afluente del Vístula, no el Bug Meridional) hasta el Dniéper. De hecho, sería mejor suerte de la que los rusos suelen tener en tales ocasiones si un gran número escapara de ser empujado a esos pantanos. Así, incluso sin una batalla, la mayor parte de la Polonia meridional, Volinia, Podolia, Besarabia y el país de Varsovia a Kíev y Jersón tendrían que ser evacuados. Por otra parte, un ejército ruso superior podría, con igual facilidad, expulsar a los austriacos oponentes, sin que estos arriesgaran una batalla decisiva, de Galitzia y Moldavia, y forzar los pasos hacia Hungría, y las consecuencias de tal resultado pueden fácilmente imaginarse. De hecho, en una guerra así entre Austria y Rusia, el primer movimiento ofensivo exitoso es de la mayor importancia para cualquiera de las partes; y cada una hará lo máximo por establecerse primero en el territorio de la otra.

Hemos dicho a menudo que esta guerra no tendría ese interés militar propiamente inherente a las guerras europeas hasta que Austria se declarara contra Rusia. Incluso los esfuerzos en Crimea no son más que una gran guerra a pequeña escala. Las enormes marchas de los rusos, los sufrimientos de los Aliados, han reducido hasta ahora a los ejércitos contendientes a números tales que ninguna batalla realmente grande se ha librado. ¿Qué son combates donde no se empeñan más que de quince a veinticinco mil hombres por bando? ¿Qué operaciones estratégicas de interés realmente científico pueden ocurrir dentro del pequeño espacio del Cabo Cherson a Bajchisarái? E incluso allí, ocurra lo que ocurra, nunca hay tropas suficientes para ocupar toda la línea. El interés consiste más en lo que no se hace que en lo que se hace. Por lo demás, lo que se representa es anécdota, en vez de historia.

Pero será algo diferente si los dos grandes ejércitos, actualmente frente a frente en la frontera galitziana, entran en juego. Sean cuales fueren las intenciones y capacidades de los comandantes, la magnitud misma de los ejércitos y la naturaleza del terreno no admiten guerra aparente ni indecisión alguna. Concentraciones rápidas, marchas forzadas, estratagemas y desbordamientos del mayor alcance, cambio de bases y líneas de operación —en

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De hecho, maniobrar y combatir a gran escala, y con arreglo a auténticos principios militares, se convirtió aquí en una necesidad y en cosa natural; y entonces el jefe que se deja influir por consideraciones políticas o que actúa con falta de resolución tiene que perder su ejército. La guerra, en semejante escala y en semejante país, adquiere de inmediato un giro serio y propio de un negocio; y es esto lo que hará de la guerra austro-rusa, si llega a estallar, uno de los acontecimientos más interesantes desde 1815.

En cuanto a las perspectivas de paz, no son en modo alguno tan claras como parecían hace unas semanas. Si los aliados estuviesen dispuestos a poner fin a la lucha en los términos, sustancialmente, del *statu quo*, ello podría hacerse; pero cuán poca esperanza hay de eso, no necesitan nuestros lectores que se les diga. Ciertamente, con media Alemania actuando, al menos moralmente, en su favor, y después de haber puesto en pie los enormes ejércitos cuya fuerza hemos expuesto más arriba, no podemos esperar que Rusia acceda a condiciones que Francia e Inglaterra probablemente propondrían o aceptarían. La serie casi ininterrumpida de provechosos tratados de paz, desde Pedro el Grande hasta la paz de Adrianópolis, difícilmente se verá seguida ahora por un tratado que entregue el dominio del mar Negro, antes de que Sebastopol sea tomada, y cuando sólo un tercio de las fuerzas rusas ha entrado hasta ahora en acción. Pero si la paz no puede concluirse antes de que la suerte de Sebastopol o de la expedición aliada se desarrolle plenamente, será menos probable una vez que esta campaña de Crimea se decida. Si cae Sebastopol, el honor de Rusia —si los aliados son derrotados y arrojados al mar, el honor de éstos— no admitirá un arreglo hasta que se obtengan resultados más decisivos. Si los preparativos para la Conferencia hubiesen ido acompañados de un armisticio, como indicamos al conocer la aceptación por el Zar de los Cuatro Puntos, habría habido motivos para seguir abrigando esperanzas de paz; pero, en las circunstancias actuales, nos vemos obligados a admitir que una gran guerra europea es mucho más probable.