Citábamos ayer al _Times_ de Londres en el sentido de que la caballería británica ante Sebastopol había dejado de existir como fuerza. La razón de ello parece ser el agotamiento de los caballos al arrastrar cañones pesados y provisiones desde Balaklava, careciendo tanto la artillería como la intendencia de animales de tiro. El lodo, sin embargo, es tan profundo que el transporte de cañones y municiones ha cesado, y sólo se está trayendo un suministro de alimentos, tal cual es. El promedio diario de ingresos en los hospitales asciende a 150, y el de muertes a unas 50. Entretanto, las trincheras se han acercado más a las obras enemigas y se ha construido una tercera paralela, que aún no puede ser artillada, si bien debe defenderse contra salidas. Es imposible decir a qué distancia se hallan ahora las trincheras de los puntos atacados más próximos, pues los informes son muy contradictorios, en tanto que, por supuesto, nada oficial se publica; algunos dicen que a 140 o 150 yardas, pero un parte francés afirma que el punto más cercano dista hasta 240 yardas. Las baterías francesas, que están terminadas y artilladas, tienen que esperar, porque el cañoneo desultorio y, como ahora resulta, perfectamente inútil de noviembre ha reducido las reservas de munición, y una repetición de tal fuego desultorio sería igualmente inútil. Así, los rusos han tenido tiempo de sobra no sólo para reparar todos los daños causados por el ataque anterior, sino para construir nuevas obras, y lo han hecho con tal aplicación que Sebastopol es ahora más fuerte que nunca. Un asalto decisivo está completamente fuera de cuestión allí donde hay que tomar sucesivamente varias líneas de defensa y donde, detrás del último recinto, los grandes edificios de piedra de la ciudad dispersa han sido convertidos en otros tantos reductos.

El asedio, cuando se reanude, tendrá que rehacerse, con la única diferencia de que las baterías están considerablemente más avanzadas hacia la ciudad y, en consecuencia, son más eficaces. ¡Pero a costa de cuántas vidas, perdidas por mano del enemigo o por enfermedad, se ha comprado esta ventaja! Es precisamente la labor de guardar estas extensas trincheras lo que, al privar de sueño a los hombres, ha producido muchas de las bajas por enfermedad en el ejército británico. Y los rusos han sido bastante activos en salidas que, si no siempre exitosas, han surtido todo su efecto en lo que respecta a hostigar a un enemigo ya extenuado por el trabajo.

Parece, también, que los refuerzos de británicos y franceses casi han llegado todos, y a menos que se ordene embarcar nuevos regimientos, se harán muy pequeñas adiciones a la fuerza de uno y otro ejército en Crimea. El ejército turco está siendo transportado muy pausadamente a Eupatoria, desde donde ha de operar hacia Simferopol, observando al mismo tiempo el lado norte de Sebastopol. Esta operación, al separar por completo a los turcos de sus aliados y formar dos ejércitos distintos, es otro desatino estratégico que invita a los rusos a derrotar a cada ejército por separado. Pero no podía evitarse; habría sido aún peor concentrar más tropas en la pequeña península heracleótica. Así, vemos cómo las consecuencias de la célebre marcha de flanco hacia Balaklava se despliegan una y otra vez en nuevas maniobras falsas. Que los turcos serán bien batidos es muy probable; ya no son el ejército de Kalafat y Silistria. La desorganización, el abandono y la carencia de todo han transformado a ese ejército, y Turquía no tenía otro de reemplazo. En estas circunstancias, nada hay más improbable que el que las negociaciones de paz sean perturbadas por la caída de Sebastopol. No ha habido momento desde que los aliados desembarcaron en que ese acontecimiento no fuese más probable que en la actualidad. No es exagerado decir que en toda la historia militar no hay fracaso más señalado que esta campaña de Crimea.