Al director del People's Paper 

The People's Paper. 
Núm. 71, 10 de septiembre de 1853 

(Al director del People's Paper.) 

Muy señor mío: El Morning Advertiser del 3 del corriente publicó el artículo que a continuación se inserta, «Cómo escribir historia. — Por un corresponsal extranjero», pero se negó a insertar mi respuesta al «Corresponsal extranjero». Mucho le agradeceré que inserte en el People's Paper tanto la carta rusa como mi réplica a la misma. 
Suyo afectísimo, 
Dr. Karl Marx. 

Londres, 7 de septiembre. 

Cómo escribir historia.— 

Por un corresponsal extranjero. 

«Bakunin es un agente ruso; Bakunin no es un agente ruso. Bakunin ha muerto en la prisión de Schlüsselburg después de haber soportado numerosos malos tratos; Bakunin no ha muerto: todavía vive. Se le convierte en soldado y se le envía al Cáucaso; no, no se le convierte en soldado: permanece detenido en la ciudadela de San Pedro y San Pablo. Tales son las noticias contradictorias que la prensa nos ha ido dando sucesivamente acerca de Mijaíl Bakunin. 

En estos días de tan amplia publicidad, sólo llegamos a lo verdadero afirmando lo falso; pero ¿se ha demostrado al menos que Bakunin no ha estado a sueldo militar de Rusia? 

Hay personas que no saben que la humanidad hace a los hombres mutuamente responsables; que, al sacar a Alemania de la influencia que Rusia ejerce sobre ella, reaccionamos sobre este último país y lo sumimos de nuevo en su despotismo, hasta hacerlo vulnerable a la revolución. A tales personas sería ocioso intentar persuadirlas de que Bakunin es uno de los representantes más puros y generosos del cosmopolitismo progresista. 

“Calumnia, calumnia”, dice un proverbio francés, “algo siempre quedará”. La calumnia contra Bakunin, tolerada en 1848 por uno de sus amigos, ha sido reproducida en 1853 por un desconocido. 

“Nunca se es traicionado sino por los propios allegados”, reza otro proverbio; “y vale más habérselas con un enemigo inteligente que con un amigo estúpido”. Los periódicos conservadores no se han convertido en el órgano de la calumnia insinuada contra Bakunin. Un periódico amigo se encargó de ese cuidado. 

El sentimiento revolucionario debe de estar muy poco desarrollado cuando se puede olvidar por un momento, como el señor Marx lo ha olvidado, que Bakunin no está hecho de la madera de que se hacen los espías de la policía. ¿Por qué, al menos, no hizo como acostumbran los periódicos ingleses? ¿Por qué no publicó simplemente la carta del refugiado polaco que denunciaba a Bakunin? ¡Habría conservado el pesar de ver su nombre asociado a una acusación falsa!»

El Corresponsal Extranjero,
en el Morning Advertiser del sábado.

«Vale más habérselas con un enemigo inteligente que con un amigo estúpido». Exactamente. 

¿No es un «amigo estúpido» quien se asombra al descubrir que una controversia implica opiniones antagónicas y que la verdad histórica no puede extraerse sino de afirmaciones contradictorias? 

¿No es un «amigo estúpido» quien considera necesario reprochar en 1853 explicaciones con las que el propio Bakunin estaba satisfecho en 1848, «sumir a Rusia de nuevo en su despotismo», del que nunca ha salido, y llamar francés a un trillado proverbio latino? 

¿No es un «amigo estúpido» quien asegura que un periódico ha «tolerado» una afirmación hecha por su corresponsal extranjero y no marcada por su director? 

¿No es un «amigo estúpido» quien erige a los «periódicos conservadores» como modelos del «sentimiento revolucionario» en su más alto grado, inventó la ley de los sospechosos y sospechó la «madera de traidor» incluso en los Danton, los Camille Desmoulins y los Anacharsis Cloots; quien se atreve a atacar a terceros en nombre de Bakunin y no se atreve a defenderlo en nombre propio? 

Para concluir, permítaseme decir al amigo de los lugares comunes proverbiales que he terminado con él y con todos los amigos de Bakunin de esa calaña. 

Karl Marx. 
Londres, 4 de septiembre.