FRIEDRICH ENGELS EL VERDADERO PROBLEMA EN TURQUÍA Nos asombra que mientras se trataba la cuestión oriental, los periódicos ingleses no hayan demostrado el provecho para Gran Bretaña, antagonista celosa e inflexible de los proyectos rusos de anexión y expansión. lngla· terra no puede permitir que Rusia se apodere de los Dardanelos y del Bósforo. Esto resultaría un golpe grave o mortal, comercial y políticamente, para la fuerza de Gran Bretaña. Se verá en un planteamiento de su comer· cio con Turquía.

Antes de que se descubriese el camino directo a la India, Constanti· nopla era el mercado de un comercio importante; y ahora todavía, aunque los productos de la India llegan a Europa por tierra, por Persia, Teherán y Turquía, los puertos turcos tienen sin embargo un tráfico muy importante y creciente con Europa y el interior de Asia. Para comprender esto basta con mirar el mapa. Desde la Selva Negra hasta las alturas arenosas de Novgorod Veliki, todo el terreno está recorrido por ríos que desembocan en el Mar Negro o el Caspio. El Danubio y el Volga, los dos gigantescos ríos de Europa, el Dniester, Dnieper y Don, forman sendos canales naturales para transportar al Mar Negro los productos de tierra adentro, ya que al Caspio sólo se llega por el Mar Negro. Dos tercios de Europa, es decir, parte de Alemania y Polonia, toda Hungría, y las partes más fértiles de Rusia, además de Turquía en Europa, se trasladan así al Euxino* para exportar y cambiar su producción; y con más razón porque estos países son esencial· mente agrícolas, y la mayor parte de sus productos tienen que tener el transporte por agua como fundamental. Los cereales de Hungría, Polonia, el sur de Rusia, las lanas y los cueros de los mismos países, aparecen todos los años en cantidades crecientes, en nuestros mercados occidentales, y se embarcan todos en Galatz, Odessa, Taganrog y otros puertos euxinos. Hay además otra rama comercial importante en el Mar Negro. Constantinopla y especialmente Trebisonda, en la Turquía asiática, son los mercados principales del comercio de las caravanas que van hacia el interior de Asia, a los valles del Eúfrates y el Tigris, a Persia y el Turquestán. Este comercio aumenta rápidamente también. Los comerciantes griegos y armenios de las ciudades antes mencionadas, importan muchos productos manufacturados ingleses, cuyo bajo precio está reemplazando a la industria doméstica de los harenes asiáticos. Trebisondaestá en mejor situación para este comercio que cualquiera otra. Tiene a sus espaldas las sierras de Armenia, que son más transitables que el desierto sirio, y está a una distancia conveniente 4e Bagdad, Schiraz y Teherán. Esta última sirve de mercado intermedio para * Antigua designación del Mar Negro. ( E . )

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EL VERDADERO PROBLEMA EN TURQUfA 207 las caravanas de Jiva y Bujara. Puede verse la importancia de este comercio en la bolsa de Manchester, donde hay cada vez más compradores griegos, de piel oscura, y más importantes, y donde se oyen los dialectos griegos y eslavos del sur junto al alemán y el inglés.

El comercio de Trebisonda se está convirtiendo también en un asunto de importancia política, porque ha sido la causa de un nuevo enfrentamiento de los intereses de Rusia e Inglaterra en el interior del Asia. Los rusos tuvieron en la región, hasta 1840, el monopolio casi exclusivo del comercio en productos manufacturados extranjeros. Los productos rusos se habían colocado hasta el Indo y en casos se los prefería a los ingleses. Hasta la época afgana y la conquista de Sindh y del Punjab, puede afirmarse que el comercio de Inglaterra con el interior de Asia casi no existía. Ahora es distinto. La necesidad fundamental de extender siempre el comercio el fatum que es el fantasma de la Inglaterra contemporánea, y que hay que apaciguar para que no provoque esas reacciones que se sienten de Nueva York a Cantón y desde San Petersburgo a Sidney- esta necesidad inflexible ha hecho que Inglaterra atacase por dos flancos el interior del Asia con su comercio : el Indo y el Mar Negro; y aunque no sabemos mu· cho de las exportaciones de Rusia a esa parte del mundo, podemos pensar, de acuerdo con el aumento de las exportaciones de los ingleses, que el CO· mercio ruso ha de haberse reducido mucho. El campo de batalla comercial de Inglaterra y Rusia se trasladó del Indo a Trebisonda, y el comercio ruso que llegaba hasta los límites del imperio oriental de Inglaterra está en re· tirada hacia su propia frontera aduanera. Es evidente la importancia que tiene esto respecto de cualquier solución de la cuestión oriental, y de la parte que tendrán Inglaterra y Rusia en ella. Son y serán siempre antago· nistas en oriente.

Pero estimemos más concretamente el comercio del Mar Negro. Las exportaciones británicas a los dominios turcos, incluyendo Egipto y los principados del Danubio eran, de acuerdo con The Economist londinense: En 1840 En 1842 En 1844 En 1 846 En 1848 En 1 850 En 1851 !. 1 440 592 " 2 068 842 " 3 271 333 " 2 707 571 " 3 626 241 " 3 762 480 " 3 548 959 De estas cantidades, por lo menos dos tercios han de haber ido a puertos del Mar Negro, incluyendo Constantinopla. Y este aumento comercial depende de la confianza que se pueda tener en la potencia que domina los Dardanelos y el Bósforo, las puertas del Mar Negro. El que las controle puede abrir y cerrar, a su gusto, el paso a este último hueco del mediterrá· neo. ¿Quién esperará que si Rusia consigue Constantinopla deje abierta la puerta por la que Inglaterra invadió sus dominios comerciales'? Esto en cuanto a la importancia comercial de Turquía y en especial de los Dardanelos. Es evidente que no sólo un comercio importante sino la unión principal de Europa y Asia y, por consecuencia, el medio fundamental para recivilizar estos lugares, dependen de la libertad continuada de comerciar por estas puertas del Mar Negro. Ahora, algunas consideraciones estratégicas. La importancia comercial de los Dardanelos y el Bósforo los hace posiciones militares de primera, es decir, posiciones de influencia decisiva en cualquier guerra. Esto sucede con Gibraltar y con Helsinborg, en el óresund. Pero los Dardanelos, por su ubicación, son más importantes. Los cañones de Gibraltar o Helsinborg no cubren completamente los estrechos sobre los que están, y necesitan una flota para controlarlos; mientras que la estrechez de los Dardanelos y del Bósforo permitiría que unas cuantas fortificaciones bien armadas -como las que Rusia no tardaría un momento en construir, si estuviese en el lugar-, para que desafiasen a las flotas combinadas de todo el mundo, si tratasen de pasar. Entonces el Mar Negro sería verdaderamente un lago ruso, más que el Ladoga que está en el medio mismo del país. Se vencería a los caucasianos por hambre; Trebisonda sería un puerto ruso; el Danubio un río ruso. Además, al caer Constantinopla se corta el imperio turco en dos. La Turquía asiática y la europea quedan sin medios de comunicación; y mientras que el ejército turco rechazado a Asia no es peligroso, Mace· donia, Tesalia y Albania rodeadas y separadas del cuerpo principal no le dará a su conquistador el trabajo de someterlos; no tendrán más remedio que pedir clemencia y un ejército que les mantenga el orden interno. ¿Puede creerse que habiendo llegado hasta aquí en camino hacia un imperio universal, esta potencia gigantesca e inflada, pueda detenerse? Las circunstancias, más que su voluntad, se lo impiden. Con la anexión de Tur· quía y Grecia tiene puertos marítimos excelentes y los griegos le proveen marineros hábiles. Con Constantinopla está en el umbral del Mediterráneo; con Durazzo y la costa albanesa de Antivari a Arta, está en el centro mismo del Adriático; a la vista de las islas británicas del Jónico y a treinta y seis horas de vapor de Malta. Flanqueando los dominios austríacos del Norte, Este y Sur, Rusia tendrá a los Habsburgo como vasallos. Y hay algo más posible, hasta probable. Deberá rectificarse la frontera occidental del imperio, quebrada y ondulante, no tan definida como las de límites naturales; y sucedería que la frontera natural de Rusia iría de Danzig o quizás desde Stettin a Trieste. Y como las conquistas siguen a las conquistas y las anexiones van detrás de las anexiones, también es cierto que la conquista de Turquía por Rusia sería sólo el preludio para la anexión de Hungría, Prusia y Galitzia, y para completar el imperio eslavo con el que soñaron algunos paneslavistas fanáticos.

Rusia es, evidentemente, una nación conquistadora, y lo fue durante un siglo, hasta que el movimiento de 1789 marcó el comienzo de la actividad de una antagonista formidable. Nos referimos a la revolución europea, la fuerza explosiva de las ideas democráticas y la natural necesidad de libertad del hombre. Desde entonces ha habido solamente dos potencias en Europa, Rusia y el Absolutismo, la revolución y la democracia. Por ahora., parece que la revolución ha sido eliminada, pero vive y es tan temida como siempre. Vean el terror de la reacción al anuncio del levantamiento de Mi· lán. Pero Rusia toma Turquía, y aumenta su fuerza en casi un cincuenta EL VERDADERO PROBLEMA EN TURQUÍA 20S por ciento, y es superior al resto de Europa junta. Esto sería una calamidad sin nombre para la causa revolucionaria. El mantenimiento de la indepen· dencia turca o en caso de disolución del imperio otomano, el detener 101 planes de anexión rusos, son de la mayor importancia. Aquí van de 11 mano los intereses de la democracia revolucionaria y de Inglaterra. Ningu· na de las dos puede dejar que el zar convierta a Constantinopla en una dE sus capitales, y veremos cómo puestas entre la espada y la pared, las da se le opondrán con determinación igual.

[Friedrich Engels, The real issue in Turkey, New-York Daily Tribune, núm. 3740 del 12 de abril de 1853. Incluido en MEW, t. 9, pp. 13-17. Tra· ducción del inglés de M. H. Giacchini.]