Karl Marx

Freiligrath contra Kinkel

Morgenblatt für gebildete Leser.  
Nr. 10, 7. März 1852

Freiligrath contra Kinkel.

Liverpool, fines de febrero.  
El último vapor americano ha traído consigo varios números de un periódico alemán que aparece desde hace poco en Nueva York, «die Revolution», uno de los cuales contiene un poema de Freiligrath contra Kinkel, o, más bien, contra el empréstito alemán promovido por Kinkel en los Estados Unidos. Los versos son más que una invectiva personal; en ellos aparece la lucha de una fracción contra otra, y por ello los consideramos lo bastante significativos para juzgar las escisiones y partidismos entre los emigrados, como para comunicarlos a sus lectores a continuación. A muchos de estos últimos les sorprenderá que sea precisamente el partido revolucionario extremo el que desautorice de la manera más brusca y decidida medidas como las que ahora son del gusto de Kinkel, y cómo este mismo partido pasa por encima de los acontecimientos de los últimos meses con humorística ecuanimidad. Tal vez piensa como Guizot, de quien se sabe que dijo inmediatamente después del 2 de diciembre: «Le coup d’état, c’est le triomphe complet et définitif du socialisme!», y entonces se comprende por qué se ríe para sus adentros con aparente perplejidad, mientras en todas las demás partes del campo democrático reinan el llanto y los lamentos.

El poema, por lo demás, a pesar de una cantidad de alusiones locales (londinenses y neoyorquinas), será comprensible en general. Únicamente habría que señalar, quizás, que Kinkel, quien primero se presentó en los estados del norte como abolicionista, pero que después (según las noticias más recientes) en los del sur renunció a toda comunidad con los adversarios de la esclavitud, también ha celebrado en Detroit y en otros lugares reuniones de negros en favor de su empréstito.

Si Freiligrath lleva a cabo el plan esbozado en esta primera carta, y si sus cartas posteriores al redactor de «die Revolution» (si no me equivoco, Joseph Weydemeyer fue antes coeditor de la «Neue deutsche Zeitung», que ha muerto piadosamente en Frankfurt del Meno) también son de

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interés general para la patria, entonces yo, con su permiso, seguiré comunicándoselas, enteras o en extracto, en su momento. El espectáculo es ciertamente singular: un poeta alemán que, forzosamente alejado de la patria, quiere, sin embargo, captar fielmente en el espejo de sus versos las cambiantes manifestaciones de la misma, para presentarlas —no a la patria ni al país que le concede asilo, no, sino a la nueva Alemania de allende el océano, a los compatriotas desde la desembocadura del Hudson hasta las casas de troncos del lejano Michigan, en abigarrada sucesión. Que no procederá solamente negando y golpeando, sino que con frecuencia también reconocerá con alegría, de ello me parece responder la naturaleza de este poeta, por lo que conozco de él a través de sus poemas y de oídas.

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