Después de que Radetzky permitiese nuevamente a los reclutas napolitano-suizos atravesar Lombardía, el rey Fernando ha vuelto a pedir inmediatamente permiso para reclutar en Suiza. Lucerna y los cantones forestales se apresuraron, naturalmente, a conceder el reclutamiento; el gobierno de Berna, al que las capitulaciones militares son en todo caso una espina en el costado, ha encontrado afortunadamente un pretexto para prohibirlo por el momento. Declara, a saber, que, según la capitulación (que es una herencia del encomiable gobierno del Sr. Neuhaus), los reclutas tendrían que viajar vía Génova, ruta que aún les está vedada por ahora; y además, que el gobierno napolitano ha de indemnizar primero a los suizos en Nápoles por los daños que se les infligieron el 15 de mayo mediante saqueos, etc. El piadoso “Observer” se escandaliza de nuevo, como es natural, terriblemente por esta violación de la inviolable lealtad suiza, que, por añadidura, bloquea una gloriosa carrera (!) a una masa de buenos jóvenes ciudadanos del cantón, compromete el futuro de los soldados berneses en Nápoles, hace que los suboficiales reclutadores presentes en Berna se mueran de hambre y reduce las ganancias de los posaderos con quienes, de otro modo, se bebía la prima de enganche. ¡Con tales argumentos combate la prensa reaccionaria suiza!

Los patricios con coleta de la localidad han sufrido un serio revés. Aquí existe, a saber, una denominada comunidad de burgueses dentro de la comuna propiamente dicha. Esta comunidad de burgueses, cuyo núcleo lo forma el patriciado, ha conseguido, a pesar de todas las revoluciones, que las antiguas propiedades conventuales y otros dominios estatales y urbanos que le correspondían como antiguo titular de la soberanía no fuesen transferidos con la soberanía al Estado o a la ciudad, sino que permanecieran como propiedad colectiva suya. Sólo una pequeña parte de estas muy considerables propiedades, de las que los patricios aún hoy se ceban, debía pasar a la ciudad; pero los “burgueses” se negaron siempre a entregarla. Ahora, por fin, la designación de Berna como capital federal, y los cuantiosos gastos urbanos que ha hecho necesarios, han obligado a la comunidad de burgueses a ceder su parte a la comuna urbana, la llamada comunidad de residentes, y a comprometerse además a una “cumplida” contribución a los costos de la capital federal. Los patricios declaran que Sión está en peligro, y tienen motivos para ello, pues la capital federal amenaza muy seriamente su bolsa.

El Consejo Federal, bajo la presidencia del jefe del Departamento de Comercio y Aduanas, el Sr. Näff, ha formado una comisión para preparar la abolición de los derechos de aduana cantonales y el establecimiento de una tarifa aduanera suiza, y para proponer las medidas necesarias. Suiza tendrá ahora también aranceles protectores, los cuales, aunque no serán elevados, alcanzarán perfectamente su objetivo, dado el avanzado estado de la mayoría de las ramas industriales suizas y los bajos salarios. Inglaterra, París, Mulhouse y Lyon serán los más perjudicados.

UrNr. 168, 14 de diciembre de 1848  Neue Rheinische Zeitung.