Italien.
* En Sicilia, un nuevo ministerio que en su programa promete mantener
la política de los ministros anteriores y, en lo tocante a
«una dinastía execrable y perjura», no admitir conciliación alguna. El
príncipe Petrulla, siciliano, que acompañó a París y Londres al conde
Ludolf, emisario de Fernando, ha sido declarado «infame» y «traidor a la
patria» por el Parlamento. El padre Gavazzi, que dio motivo al levanta-
miento de los livorneses, ha llegado a Bolonia, según la «Dieta Italiana»
del 26 de agosto. Los habitantes le prepararon un recibimiento como a un
triunfador. El duque de Módena, que trataba de volverse popular con
consumado arte de la simulación, no ha podido ocultar largo tiempo su
propia naturaleza, según el refrán: «La gata no deja de cazar ratones.»
La amnistía proclamada públicamente la ha restringido mediante circu-
lares secretas a las autoridades, de tal modo que no se concede amnis-
tía a nadie más que a aquellos contra quienes no puede probarse parti-
cipación alguna en los acontecimientos revolucionarios. Probablemente
se ha hecho enviar del padre de la patria alemán, en Baden, una copia
del infame decreto de amnistía, y ha modelado según ella su actual cir-
cular. En Roma, el ministro de la Guerra, acosado por interpelaciones,
profiere frases patrióticas, habla de que las negociaciones no podrían
conducir a nada y de que sólo el levantamiento masivo del pueblo sería
el último recurso de salvación: en la práctica, sin embargo, se desmiente
a sí mismo. En Florencia, el ministerio pidió a la Cámara de Diputados
plenos poderes para desarmar a Livorno, para realizar detenciones pre-
ventivas, para suprimir los periódicos y folletos revolucionarios, para
disolver las asociaciones peligrosas, etc., etc. Obtuvo esos poderes, pero
con la reserva de que la guardia cívica, salvo contadas excepciones, no

Italien. 7. September 1848
podrá ser desarmada. Además, la Cámara, a propuesta de Trinci, acordó
movilizar la Guardia Nacional en todo el país y hacerla marchar contra
Livorno. El Senado dio también su aprobación. Los livorneses han ele-
gido presidente de su gobierno provisional al diputado Guerrazzi, que
se encuentra en Florencia. Los demás miembros son 14. La guardia cí-5
vica y el pueblo fraternizaron; aquélla, forzada por las circunstancias,
después de que el pueblo asaltara y vaciara el arsenal y el depósito de
pólvora. Las puertas están cerradas. Nadie puede entrar ni salir sin
permiso del gobierno provisional. El ferrocarril sigue interrumpido. Las
tropas han sido desarmadas. El general Zuccheri, sumamente odiado
desde los tiempos de Gregorio XVI, se dirigió a Bolonia para asumir el
mando supremo, aunque sabía cuánto lo aborrece el pueblo. Confiaba,
no obstante, en las tropas, y... se equivocó. Fue arrestado y el pueblo lo
custodia en la casa Ferrari. Carlos Alberto ha lanzado desde Alessandria
una proclama a sus soldados (fechada el 28 de agosto), en la que se mues-
tra muy animoso para la guerra. «Mientras —dice— transcurre el tiempo
del armisticio, mi gobierno procura enérgicamente los medios de reanu-
dar la guerra. De todas partes afluyen con voluntariosa rapidez nuevos
hermanos, nuevos compañeros de armas (¡para ser traicionados de nue-
vo!) bajo aquellas banderas que ya se desplegaron una vez a orillas del
Adigio...» Carlos Alberto ordena, por último, que todos los oficiales del
ejército y de la marina, así como todos los soldados, juren la Constitu-
ción, a fin de «hacer inseparables la condición de ciudadano y la de sol-
dado.»
Una correspondencia de la «Frankfurter
Ober-
Post-
Amts-
Z.» fechada en
Roma, 26 de agosto, informa que ese día se suspendieron las sesiones de
las Cámaras hasta el 15 de septiembre. Con ello, el ministerio se habría
sustraído astutamente a todas las dificultades relativas a las interpela-
ciones. Ahora tiene tiempo para aplicar sin estorbos sus medidas reac-
cionarias. Al menos, eso espera. A juzgar por el estado de ánimo en
Roma, Bolonia, etc., bien podría verse pronto defraudada esa esperanza.

Desde Milán se escribe a la Neue Zürcher
Zeitung
el 28 de agosto lo
siguiente: Aquí se sigue aumentando el número de cuarteles, de modo
que cada barrio, cada calle principal, tiene uno. Con ese fin, los austriá-
cos se sirven sin miramientos no sólo de los gimnasios, liceos y escuelas
municipales, sino también de casas particulares y palacios. Diariamente
llegan aquí numerosos carros con heridos; se dice que proceden de las
alturas de Varese, donde tuvieron lugar algunos combates con Garibaldi.
Garibaldi se ha... con los compañeros que