Italia. 6 de agosto de 1848
Italia.
* Milán, 30 de julio. Carlos Alberto ha expedido el 28 de julio desde su cuartel general de Bozzolo una proclama muy jactanciosa a sus soldados. Dice así:
«¡Soldados! Las admirables pruebas de vuestro valor en los encuentros, la perseverancia en las fatigas de los últimos días, me han conmovido profundamente. El enemigo pagó caro la conquista de su nueva posición; en nuestra retirada llevamos con nosotros 2.000 prisioneros; no puede vanagloriarse de un solo trofeo. Ante el espectáculo de vuestras privaciones causadas por la falta de víveres, ante el pensamiento de tener que dejar la Lombardía expuesta a incursiones bárbaras, me dejé mover a buscar un armisticio, pero las condiciones que se me propusieron fueron de tal índole que cada uno de vosotros se sonrojaría de aceptarlas. El honor del ejército resplandece en toda Italia y en toda Europa; nadie podrá arrebatárselo, y vuestro rey será siempre su celoso sostén. Dentro de pocos días volveremos a hacer frente a este enemigo, a quien tan a menudo hemos visto huir ante nosotros (?); dentro de pocos días le haremos arrepentirse de su audacia. Los pocos que habían abandonado sus filas irregularmente reingresaron de inmediato. Cuento con confianza en vosotros, selectos hijos de la patria, que derramáis vuestra sangre por la independencia de Italia.»
Milán, 30 de julio. Algunos hombres valerosos ponen todo su empeño en combatir el desaliento que ha cundido. El comandante de la legión Garibaldi, regresado de Montevideo, ha lanzado el 27 un llamamiento urgente a la juventud para que empuñe las armas. El mismo día, también el republicano José Mazzini emitió uno semejante. El 28, el cuartel general estaba en Bozzolo, pero Carlos Alberto con sus 45.000 hombres