Italia. 31 de agosto de 1848
Italia.
Génova, 21 de agosto. La escuadra francesa ha recibido por telégrafo la orden de navegar hacia Venecia y, en caso de que los buques sardos se retiren, defender aquella ciudad contra la flotilla austriaca. Al difundirse hoy el rumor de que los trabajos de demolición de las fortalezas opresoras de aquí habían sido suspendidos por orden superior, estalló una excitación extraordinaria. Una inmensa muchedumbre se precipitó hacia los fuertes Castelletto y San Giorgio y demolió con pólvora, etc., una gran parte de estas fortalezas construidas por la tiranía. Al atardecer se contrató a una multitud de obreros que continuarán la obra de destrucción durante la noche; para pagarles se organizan colectas de dinero en las plazas públicas. Los habitantes más notables de Parma, Piacenza y Módena han protestado contra la ocupación de su territorio por los austriacos y han comunicado su declaración a los embajadores inglés y francés.

* Turín, 24 de agosto. La sesión de ayer del club político local «il Circolo Nazionale» contó con la asistencia de la mayoría de los antiguos ministros y estuvo sumamente agitada. Gioberti acusó abiertamente a la camarilla de traición; dio varias pruebas de cómo se había contrarrestado, de todas las maneras imaginables, al ministerio saliente. Interesante fue la revelación de que el ministerio no había tenido el menor conocimiento de la oferta de mediación anglo-francesa, sino que todo había sido negociado en secreto exclusivamente por el entorno del rey. Gioberti concluye con el llamamiento al pueblo: ¡A las armas! Por Génova nos llegan informes de Roma que hablan del estallido de una revolución y añaden que tres cardenales han sido apuñalados y los restantes han huido a Civita-Vecchia, donde los recogió a bordo un vapor inglés. Esta noticia es puesta muy en duda. Por lo que respecta a la corona siciliana, ha sido rechazada por el duque de Génova, como ya se podía prever.
Según la Dieta Italiana, la delegación pontificia ha concertado con Radetzky el siguiente acuerdo: El ejército austriaco evacuará de inmediato las Legaciones. Conservará una guarnición en la ciudadela de Ferrara, que permanece en posesión del emperador.
Algunos destacamentos de tropas austriacas permanecerán en las orillas del Po hasta que el país esté completamente tranquilo.
El papa no toma ya parte alguna en ninguna guerra contra Austria.
La delegación que concertó este sucio tratado estaba compuesta por el cardenal Marini, el legado de Forlí, el príncipe Corsini, senador de Roma, y el caballero Guarini, ministro de la Guerra.