Italia. 2 de septiembre de 1848
Italia.
* La noticia del estallido de una insurrección en Roma, dada anteayer por algunos periódicos italianos, no ha sido hasta ahora confirmada ni desmentida. Ciertamente, hoy recibimos periódicos de Roma; pero son de fecha anterior a ese supuesto estallido, que a lo sumo podría resultar un motín sin resultado. Desde que en Milán, etc., reina de nuevo el “orden” austríaco, la expedición de los periódicos de Roma, Florencia, etc., adolece de un desorden que está íntimamente vinculado con aquel hermoso “orden”. La Lombardía, por rica que sea en recursos naturales, tiene que sucumbir en poco tiempo bajo el sistema seguido por Radetzky y sus satélites. Lo que el sardo y sus partidarios constitucionales no lograron llevar a cabo, lo lleva a término la escuela austro-galitziana. Así como antaño las hordas de Luis XIV devastaron el Palatinado e infligieron a esta parte de Alemania heridas incurables durante largo tiempo, así proceden ahora los mercenarios de Radetzky en Lombardía. Las ciudades han sido abandonadas por la mayoría de sus habitantes; sin los croatas, bohemios, estirios, tiroleses, etc., estarían muertas como el sepulcro. Numerosos fueron los fugitivos que en diversas épocas abandonaron su patria, Polonia; incomparablemente más numerosas son las masas de lombardos que huyen del gobierno “paternal” de Radetzky para ponerse a salvo en países vecinos.
* Finalmente, Carlos Alberto ha sido obligado por la voz pública a poner en disponibilidad a sus cómplices en la traición, el teniente general Salasco, jefe del Estado Mayor, y Federici, último comandante de Peschiera, y a conceder la licencia absoluta al conde Bricherasio, comandante de Piacenza —que firmó la conocida capitulación ignominiosa con los austríacos—, así como al caballero Ferrere.