Italia. 2 de agosto de 1848
Italia.

* En el número de ayer de este periódico publicamos el boletín de victoria del gobierno provisional de Milán y mencionamos luego los partes de victoria contrarios procedentes de Botzen en la «Augsburgerin» y de Trieste. Consideramos más fidedigno el primero porque la noticia contenida en el boletín que nos llegó directamente de Milán fue confirmada al mismo tiempo por informes de dos ciudades distintas de Suiza, Zúrich y Basilea, las cuales mantienen con Milán múltiples relaciones comerciales y una comunicación geográficamente rápida. Pero lo que a todas luces debía ser decisivo para el juicio era el hecho de que los partes de victoria austríacos llevaban una fecha anterior y hablaban del combate del día 23, mientras que el boletín de Milán se refería al 24 y al comienzo del 25 de julio. Estas circunstancias coincidentes no nos permitieron dudar de la exactitud de la victoria de los italianos. A ello se añadía que los austríacos ya habían publicado anteriormente partes de victoria, por ejemplo sobre una victoria en Curtatone, que luego resultó ser precisamente una derrota para los austríacos, y que era precisamente la «Augsburgerin» la que había glorificado esa supuesta victoria. Una comparación de los informes de ambas partes muestra que los italianos obtuvieron en efecto una victoria, pero que les fue arrebatada por las tropas austríacas que acudían de refresco. Si algo hubiera podido desorientarnos, habría sido la ambiciosa pero completamente incapaz personalidad de Karl Albert, sobre la cual ya habíamos expresado repetidamente nuestra opinión con anterioridad. A pesar de todas las malas cualidades de esa «espada de Italia», quedaba siempre la posibilidad de que por lo menos uno de sus generales, favorecido por posiciones tan extraordinariamente ventajosas, hubiera poseído la destreza militar para encadenar la victoria a la causa italiana.
La realidad demuestra que no es así. Con esto queda sellada la suerte de Karl Albert. Incluso su trono actual, y no digamos el visionario de toda Italia, tendrá que derrumbarse en breve. Como vencedor, podía esperar durante algún tiempo la satisfacción de su ambición; vencido, muy pronto será arrojado a un lado por los propios italianos como un instrumento inservible. Italia, tras muchos sacrificios sangrientos, vencerá de todos modos y demostrará que no necesita de la miserable personalidad del rey de Cerdeña para alcanzar su libertad e independencia nacional.

* Milán, 27 de julio. Tarde. Al boletín de victoria de ayer ha seguido hoy otro, del cual se desprende que la lucha entre los dos ejércitos enemigos se ha reanudado. Los austríacos fueron reforzados con nuevas masas de tropas y, tras un combate verdaderamente mortífero para ambas partes, los italianos tuvieron que retirarse a Goito. El boletín que acaba de publicar el gobierno provisional dice así:
«Recibimos informes oficiales sobre la batalla librada en los tres últimos días. El enemigo, reforzado con tropas frescas, intentó un ataque en toda la línea, apoyándose en las tres fortalezas de Mantua, Legnago y Verona. El domingo (23 de julio), los destacamentos avanzados en Rivoli y Sommacampagna, abrumados por el número, tuvieron que abandonar esas posiciones sólidas tras una resistencia honrosa. El lunes (24), el rey Karl Albert acudió apresuradamente de Marmirolo a Villafranca, y los nuestros conquistaron de nuevo las posiciones de Sommacampagna. La lucha fue larga y sangrienta, las pérdidas del enemigo mayores que las nuestras, y la jornada terminó con perspectivas de una victoria completa para el día siguiente. Pero el martes, mientras nuestra artillería tronaba desde las alturas de Sommacampagna, apareció un nuevo cuerpo enemigo, que al mando de Radetzky había partido de Verona, donde se había concentrado procedente de Legnago y Vicenza, y cayó sobre la espalda de los nuestros. Tras una resistencia mortífera para el enemigo, se reconoció el peligro de mantener estas posiciones tan expuestas y extendidas, y el ejército se retiró a Villafranca, desde donde, durante la noche, llevando consigo 2.500 prisioneros y sin que el enemigo se atreviera a perseguirlo, se replegó a Goito para reponerse de los extraordinarios esfuerzos de esta lucha de tres días y volver a unirse con los cuerpos de reserva en la línea del Mincio. Peschiera es defendida valientemente por el ala izquierda del ejército, bajo el mando del general Sonnaz.»