Italia. 24 de septiembre de 1848
Italia.
* «Los acontecimientos de Sicilia», dice l’Alba, «son la prueba más concluyente de la confianza que se ha de depositar en los gobiernos y, al mismo tiempo, de lo que es capaz un pueblo decidido a defender su libertad hasta el último extremo. ¿De qué ha servido a Sicilia el saludo de los cañones franceses e ingleses? ¿De qué han valido las insinuaciones pacifistas de lord Palmerston y lord Minto? ¿De qué la elección apoyada de un rey? El día de la prueba ha descendido sobre Sicilia, y nadie le ha dirigido una palabra que señalara el peligro cercano y que hubiera advertido contra el engaño de la diplomacia. La expedición del rey de Nápoles cayó como del cielo sobre Messina, y los cañones que saludaron a la Sicilia independiente no tuvieron para los mercenarios de la tiranía el menor acento amenazador. Aquellos satélites pasaron, por el contrario, sin ser molestados, entre los barcos de una república y los de un gobierno constitucional, para destruir en la isla el edificio de esas libertades políticas que se han convertido en derecho de toda la humanidad. – Quien aún confiara en la lealtad diplomática y en los gobiernos, para ése la catástrofe de Messina es una cura segura; el derecho de gentes aparece en este acontecimiento como traición y la civilización como mentira. Tras semejantes sucesos, toda confianza en la lealtad de los gobiernos ha llegado a su fin. Francia e Inglaterra actúan en la cuestión de la independencia italiana como mediadoras sólo porque sus intereses las obligan a ello.»
Ahora, después de haber sido convertida Messina en un montón de escombros, llega la diplomacia franco-inglesa y exige que Fernando se dé por satisfecho por ahora con esta hazaña. Entretanto, el general Filangieri escribe a Nápoles que necesita por lo menos otros 30.000 hombres para poder seguir atacando a los sicilianos. Las pérdidas que debe de haber sufrido se desprenden del hecho de que ha concertado un breve armisticio que los sicilianos fueron bastante necios como para conceder. Los buques de guerra napolitanos han zarpado en su mayor parte hacia el sur para ensayar en miniatura en aquellas costas lo que se ha llevado a cabo con respecto a Messina.
En Florencia, el 9 de septiembre, los diputados venecianos lanzaron un llamamiento a todos los toscanos para que se impusieran un impuesto nacional voluntario, a fin de apoyar así a Venecia y pertrecharla para la resistencia ulterior contra Austria.
* Génova, 14 de septiembre. La municipalidad se reúne hoy en sesión extraordinaria para deliberar acerca de un empréstito de un millón de liras en favor de la acosada Venecia. En los dos clubs se han instalado urnas con la inscripción: «Auxilio para Venecia». Si el ejemplo de Génova es imitado también en las restantes ciudades de Italia, el empréstito de 10 millones que Venecia considera indispensable podría verse reunido en breve. Además se han formado aquí comisiones que recogen contribuciones para los numerosos prófugos lombardos. Estas últimas suman ya ahora cantidades muy considerables.
Milán, 12 de septiembre. El mariscal de campo Radetzky llevaba ya varios días tras la pista de una insurrección contra el ejército que los fanáticos de las ciudades y de la propia capital proyectaban al expirar el armisticio. Ya el día 10 corrieron los rumores más graves, y algunos ataques a militares mostraron harto claramente el estado de ánimo exasperado. En consecuencia, el 11 por la noche y el 12 por la mañana se ocuparon todas las salidas de la ciudad con cañones y baterías de morteros, y en este momento Milán entero está amenazado desde fuera con artillería pesada para seguridad del ejército.