Italia. 23 de julio de 1848
Italia.
* Turín, 14 de julio. La libertad de prensa está de hecho suprimida en Nápoles. Bandas de soldados asaltan las imprentas y las devastan; los periodistas son maltratados y asesinados por ellos. Es «l’Unione», uno de los periódicos más moderados, quien lo cuenta. Al mismo tiempo comunica que, a consecuencia de ese infame proceder que acabamos de describir, se ve impedido de seguir apareciendo. Estamos, dice este periódico, en vísperas de un estado de sitio que será mucho más terrible que el recientemente levantado; para expresarnos con más claridad, tememos que se repitan las escenas que precedieron a las cinco jornadas de Milán. Después de describir más detenidamente la situación actual de Nápoles y de referirse a la insurrección de Calabria así como al movimiento amenazador en las cinco provincias confederadas, concluye La Concordia, de la cual tomamos prestadas estas palabras: «tal es el estado de cosas. Tal vez en el momento en que escribimos esto, también en las cinco provincias confederadas la insurrección ha estallado por completo. Tal vez ahora en las calles de Nápoles se está librando la última lucha. Ojalá que tantas desgracias lleguen por fin a su término, que cese semejante derramamiento de sangre fraterna, quitando de en medio la infame causa (Fernando “por la gracia de Dios”) y que las armas de los ciudadanos alcancen completa victoria.»
(De que en la “libre” Alemania en nada nos quedamos a la zaga de la censura del sable de los esbirros napolitanos, puede el lector convencerse en la sección: Alemania.)
* Turín, 14 de julio. Ayer llegaron aquí procedentes de Venecia los dos diputados Paleocapa, Pietro y Reali, portadores del acuerdo de incorporación de la República al nuevo reino italiano. – En Génova hubo ayer otra vez una gran manifestación popular contra un clérigo conventual y superior de un convento. Quizás hubiera tenido graves consecuencias si un padre, muy querido por el pueblo a causa de su franqueza, no hubiese prometido la pronta partida del aborrecido por sus sentimientos reaccionarios. Se dice que este último abandonó al día siguiente tanto el convento como Génova.
* Turín, 14 de julio. – La Cámara de Diputados se ocupó ayer de la propuesta de Bixio relativa a la demolición de los fuertes de Génova, que están dirigidos exclusivamente contra el pueblo. Bixio toma primero la palabra y lee el informe de la comisión designada para examinar su propuesta. En él se dice, entre otras cosas: Maquiavelo escribió en su tiempo: «El príncipe que teme más a su pueblo que a los extranjeros, debe construir fortalezas; pero quien teme más a los extranjeros que al pueblo, debe dejar de hacerlo. ... La mejor fortaleza es no ser odiado por el pueblo. Pues aunque tengas fuertes y fortalezas, si el pueblo te odia, no te salvarán, porque a los pueblos, una vez que han tomado las armas, nunca les falta ayuda extranjera.» En la actualidad, prosigue el ponente, en que varios príncipes de Italia se han propuesto combatir por la libertad, salta a la vista que todos los fuertes que no están destinados a la defensa de las ciudades contra enemigos exteriores deben ser transformados en establecimientos que redunden en provecho de los ciudadanos. En cuanto a los dos fuertes del interior de la ciudad de Génova, la comisión considera necesaria su demolición inmediata; en lo que respecta a otros fuertes en las cercanías de la ciudad, que se lleve a cabo un examen preciso y que se modifique y destruya tanto de ellos como se estime peligroso para la libertad de los ciudadanos. En lo que atañe al fuerte de San Giorgio en Génova, la comisión opina que el lado occidental podría permanecer como bastión, pero que el resto podría acondicionarse como cuartel, el cual, no obstante, debe permanecer abierto y accesible por todos lados para que nunca más pueda ser utilizado como fortaleza opresora contra el pueblo. La comisión propone, por tanto, una ley en 3 artículos, conforme a la cual todos los fuertes no destinados a la defensa de las ciudades contra un enemigo exterior sean puestos fuera de estado de defensa y transformados en establecimientos de utilidad civil. Esto debe hacerse inmediatamente con el «Castelletto» de Génova, el cual será convertido en un cuartel y entregado a la guardia cívica para su propio uso. El fuerte de San Giorgio será parcialmente demolido y, por otra parte, acondicionado de nuevo para la defensa hacia el exterior. Respecto a todos los demás fuertes de todo el Estado, se encargará a una comisión, que habrá de nombrarse compuesta por oficiales y ciudadanos, de examinarlos y de formular propuestas sobre su demolición, transformación o conservación.
Un miembro desea el aplazamiento del debate hasta que el nuevo ministerio