Italia. 22 de septiembre de 1848
Italia.

* Tras la suspensión del parlamento napolitano, los lazzaroni realistas se alzaron con gritos de triunfo por el rey absoluto. A estos se enfrentó el partido constitucional de los lazzaroni, y a él se sumó un número de ciudadanos de sentimientos liberales. La disputa se tornó tan violenta que intervino el ejército. El resultado es que Nápoles se encuentra de nuevo en una especie de estado de sitio.
Con la toma de Mesina, la soberbia del partido reaccionario no conoce ya límite alguno. En Sicilia se trabaja en el levantamiento en masa del pueblo. Cuando en Palermo, el 3 de septiembre, se comunicó a las cámaras el comienzo de las hostilidades, diputados y senadores se alzaron como un solo hombre y juraron sacrificarlo todo por la libertad y no tolerar jamás de nuevo la dominación de los Borbones en la hermosa isla. Ante la propuesta de un diputado de otorgar al ministerio plenos poderes dictatoriales: éste declaró no necesitar tal poder. Quería más bien apoyarse por completo en el patriotismo y la aprobación de las cámaras. Se acuerda además un empréstito del 7 por ciento y se destinan como garantía del mismo toda la vajilla de plata y oro, así como todas las demás cosas preciosas de las iglesias, monasterios y demás corporaciones religiosas. Sólo en Palermo hay 30 000 sicilianos bien armados y disciplinados; 100 000 voluntarios están también provistos de armas. El Rey Fernando puede hacer lo que quiera: jamás volverá a conquistar la isla con sus propias fuerzas.
Carlos Alberto llegó por fin el 14 del corriente a Turín. En una proclama agradece a las guardias nacionales, a cuya protección había confiado a su familia, su digna conducta, y termina con algunas hermosas frases sobre su infinito amor por la libertad y la independencia de Italia.