Italia. 17 de agosto de 1848
Italia.
Nr. 77/78, 17 de agosto de 1848
* – Los periódicos de Turín, Génova, etc., se quejan en voz alta de que la causa de la libertad y la independencia de Italia ha sido traicionada precisamente por quien y por quienes, hasta el último momento, juraron repetidamente querer vencer o morir por Italia. Lo que antes sólo expresaba un pequeño número de hombres, a saber, que Carlos Alberto es un traidor, lo repiten ahora en voz alta y a diario la masa y todos los periódicos que no se han vendido por completo al pérfido rey sardo. La comprensión dará más tarde sus frutos; por esta vez, desde luego, llega demasiado tarde. Desde los combates de Goito y Mozzambano, se hizo cada día más claro para muchos que el sardo o bien meditaba la traición o era pura y simplemente incapaz de llevar a cabo la obra que había emprendido. Cayó en una completa inactividad, y lo que sucedió iba contra todas las reglas del sano entendimiento humano, de la política y del arte de la guerra. Hace ya mucho que se agolpaban una multitud de preguntas, cuya respuesta se ha dado ahora en parte de hecho, y en parte saldrá pronto a la luz. ¿Quién ha paralizado sin cesar, por ejemplo, los preparativos para armar a toda la población? ¿Quién ha distribuido y diseminado al ejército italiano en tantos puntos, omitiendo la formación de una línea de reserva, de modo que cada derrota había de conducir a la ruina inevitable? ¿Por qué no avanzó Carlos Alberto hacia Vicenza? ¿Por qué le faltó pan al ejército en Valeggio? ¿De dónde provino la deserción de los modeneses? ¿Cómo fue que los voluntarios lombardos no encontraran un solo cañón en las orillas del Mincio? ¿Cómo ocurrió que los cartuchos distribuidos durante la batalla a varios cuerpos piamonteses no pudieran utilizarse en absoluto por ser las balas excesivamente grandes? Y, por último: ¿cómo se atrevió ese Carlos Alberto, que ya hacía tiempo estaba decidido a la retirada, a dejar destruir todavía una masa de casas en los arrabales de Milán, por valor de 30 millones de liras? A estas preguntas no hay más respuesta, si no se quiere presuponer la más miserable e increíble incapacidad, que la de que Carlos Alberto ha obrado en 1848 de un modo tan traicionero y pérfido como en 1821, cuando traicionó ignominiosamente a sus compañeros de conspiración y ayudó a entregarlos a la horca, a las galeras y al destierro.
* – El periódico “la Suisse” reproduce los siguientes pasajes de la carta de un oficial superior que sirvió en el ejército de Carlos Alberto y presenció los últimos acontecimientos de Milán. «¡Traicionados, traicionados! por este rey perjuro... Combatimos ante las puertas contra el enemigo; el rey estaba con nosotros. Mandó fortificar la puerta de Vercellina; tenía su ejército de 45.000 hombres bajo las murallas de Milán. Toda la población estaba en armas; en todas las calles, barricadas terribles; 30.000 guardias nacionales dispuestos a defender la ciudad. La campana de alarma resonaba por todos lados; la población del Piamonte y de Génova se alzaba en masa para acudir en auxilio de Milán. Comienza el ataque; retumban los cañones; nosotros respondemos al fuego; alegría en toda la ciudad, confiando en la victoria... Después de un día de lucha y de incendio de casas, el rey nos anuncia que ha capitulado con Radetzky, que se retira al Piamonte sin disparar un solo tiro más. La ciudad está cercada por los austriacos. El pueblo grita: ¡Traición! Quieren matarnos a golpes en las calles, a los que vestimos uniforme, como cómplices de Carlos Alberto. El pueblo ha detenido a varios generales; yo he tenido la suerte de escapar.»
* – Los periódicos de París comunican que el enviado francés ante la corte papal, el Sr. D’Harcourt, inmediatamente después de recibirse la noticia de la entrada de los austriacos en las Legaciones, partió hacia el cuartel general del general austriaco para actuar allí como mediador.
Por la misma vía ha llegado la noticia de que Radetzky se ha apoderado de los 75.000 fusiles que Francia, a cambio de dinero y buenas palabras, ha encajado a Italia, como único auxilio para la causa italiana.
El Borbón de Nápoles revive ahora por partida doble y está decidido a declarar la guerra a Carlos Alberto por haber aceptado éste la corona de Sicilia para su hijo.
– Han llegado varias compañías italianas al cantón del Tesino con todos sus bártulos y tres obuses. Piden marchar a través de Suiza hacia Francia. El número de las burguesas