Italia.

* La reacción en Módena prosigue alegremente su curso. El ejército austríaco maltrató a un miembro de la Guardia Cívica. Varios de sus compañeros acudieron en su ayuda. Por el otro lado, acudió una multitud de soldados y se llegó al derramamiento de sangre. El gobierno finge desaprobar estos incidentes; pero es harto sabido que los provoca mediante sus agentes secretos. El objetivo es la disolución de la Guardia Cívica. El estado de ánimo del pueblo se puede ver en que cada mañana aparecen escritas en todas las paredes las palabras: «¡Abajo Francisco V., abajo el mal gobierno!». Cuando el 1 de septiembre se leyó en la gran plaza el decreto sobre la Comuna, al escuchar el nombre «Nosotros, Francisco V., etc.», se alzó tal silbido, siseo y gruñido que los numerosos gendarmes y esbirros de toda clase allí presentes se sintieron muy inquietos. – El comisario del gobierno enviado a Livorno, Cipriani, ve todos sus proclamas desgarrados en pedazos, incluso el último sobre el cierre de todos los clubs, a pesar de haberlo hecho custodiar por soldados. Incluso el cartel en el palacio del gobierno, protegido por 20 soldados, ha sido arrancado por el pueblo. El comisario mandó fijar de nuevo el cartel y situar allí una fuerza militar mayor. Entonces el furor del pueblo llegó a ser tan violento que consideró más sabio desistir de su propósito. Esto sucedió el 2 de septiembre. Según noticias de Marsella, al día siguiente se produjo un nuevo estallido y un violento combate entre el pueblo y el ejército, y al zarpar el vapor la victoria aún seguía indecisa.

En Génova continúa la agitación; la Guardia Cívica se ha visto obligada, para apaciguar al pueblo, a encarcelar al sacerdote Ricci, un espía de la policía de la camarilla – como se desprende de los papeles incautados al asaltar el edificio de la policía –