Italia. 10 de septiembre de 1848
Suplemento
Italia.

Bajo el título: «Italia y Austria», el periódico turinés «La Concordia» demuestra que la excelsa Casa de Austria, con el dominio del reino lombardo-véneto, no sólo satisfacía su orgullo, sino también otra pasión, la avaricia, la insaciable sed de oro. Al considerar Lombardía-Venecia como país conquistado, impuso a estas provincias un yugo más pesado que a cualquiera de las demás… Lombardía pagaba anualmente, deducidos los gastos de recaudación, 60 millones, y Venecia unos 30 millones de liras austríacas en impuestos; por consiguiente, para ambas provincias anualmente alrededor de 100 millones. Si se descuentan los 50 millones que requería la administración, quedan otros tantos que anualmente eran enviados a Viena. Si se suman estas sumas en efectivo extraídas del país desde 1815, resultan unos 1.650 millones que los clementísimos emperadores austríacos y sus partidarios se han tragado a costa de Lombardía-Venecia. En las actuales circunstancias, tampoco conviene pasar por alto el estado de la deuda pública austríaca en 1815 y cómo se hallaba en 1847. En 1815, la deuda pública ascendía, en números redondos, a 298.820.000 florines (los intereses = 5.381.000 florines), y en 1847 la deuda pública había aumentado a 1.060 ½ millones de florines, cuyos intereses ascendían anualmente a 33 ½ millones. En 22 años de paz, la deuda pública había aumentado, pues, en 767 millones, y los intereses correspondientes en unos 27 millones de florines. Dado que las fuentes impositivas han sido ya aprovechadas al máximo en todas partes, e incluso agotadas, la bancarrota de Austria es inevitable, y, si no se desmoronara por razones políticas, el edificio de esta monarquía tendría que derrumbarse por causas financieras. Pero Lombardía-Venecia es la que menos inclinada se siente a apuntalar de nuevo este edificio asumiendo varios cientos de millones de esa deuda. Los italianos están convencidos de que ya han pagado bastante cara la tiranía metternichiana con su censura, sus espías y esbirros, sus altos impuestos y vejaciones de todo tipo, y de que, si pudiera hablarse de indemnización, ésta sólo podría ser prestada por Austria a Italia.

* Las cámaras romanas han sido, en efecto, repentinamente aplazadas el 26 de agosto, aplazadas hasta el 15 de noviembre. La sorpresa fue grande. El ministerio Fabbri ha jugado un juego muy falso y, precisamente por ello, muy arriesgado. Ha engañado a los diputados, pero será muy pronto tan engañado por el partido más extremo de la reacción que a él se le abrirán los ojos, mientras que al pueblo se le abrirán los ojos para ver que es sustituido por un ministerio a la Bozzelli, pero que al mismo tiempo será colgado junto con él del farol, a menos que el pueblo romano no haga que la gracia prevalezca sobre la justicia y relegue a toda la camada reaccionaria por algunos meses al Castillo de Sant'Angelo y más tarde a una región agradable de Abisinia o algún lugar por el estilo. El ministerio ha tenido que emplear mucha hipocresía, mucha astucia e intrigas para alcanzar su meta; ha alcanzado la primera meta, el aplazamiento de las cámaras; pero con ello, según todas las apariencias, ha llegado él mismo a su fin.

* Sobre el inesperado aplazamiento de las cámaras romanas dice el «Contemporaneo»: «La Cámara de Diputados estorbaba ahora considerablemente; había que enviarla a casa por algún tiempo. De su seno podían fácilmente surgir revelaciones sobre cosas que se desea mantener encubiertas; en ella podían producirse leyes y votaciones que no habrían correspondido a la política que ahora se persigue. Por eso se urdió precisamente la intriga cortesana. Pero una responsabilidad enorme pesa sobre los futuros ministros, y son o bien necios o bien desvergonzados en grado sumo si creen poder desafiar a la opinión pública en estos momentos decisivos.»

* Los austríacos, al menos, se han retirado ahora de Bondeno. En Florencia, fuertes interpelaciones en la Cámara de Diputados a causa de Livorno. Guerrazzi exige la revocación de los poderes dictatoriales concedidos a los ministros a partir de informes mentirosos. En vano. En lugar de ello, el 30 de agosto todos los clubes políticos de Florencia han sido clausurados. Numerosas patrullas recorrieron las calles aún durante toda la noche. La diputación livornesa regresó a su patria el 30 de agosto y dio a conocer, mediante cartel público, el resultado de su misión. Todas las demandas de los livorneses han sido, según eso, concedidas, y el gobierno ha hecho además otras promesas. En cambio, exige la devolución de los fusiles que han sido sacados del arsenal y del fuerte.