41 Regent’s Park Road, N. W.

Mi querido Plekhanov:

Todo quedó arreglado hace ocho días. Vera me escribió diciendo que estaría encantada de que la tratara Freyberger. Él fue a verla hace ocho días ayer, y desde entonces ha ido dos veces más. Descubrió que tenía un caso grave de bronquitis y le ha recetado los medicamentos necesarios. Sin embargo, dice que lo que más necesita es una dieta diferente.

Debe comer carne en lugar de jaleas de frutas y otros alimentos vegetales. Freyberger está fuera en este momento, de modo que volveré a la cuestión de su salud antes de terminar esta carta.

Ahora bien, puesto que usted me ha hecho más o menos responsable del estado de su salud, tiene que decirme si necesita dinero. Si lo necesita, le pediría que me permitiera ofrecerle algo para ella, por poco que sea, al menos durante su enfermedad. Le enviaré, digamos, cinco libras para empezar, que usted podrá persuadirla de que acepte como procedentes de usted, de modo que yo no aparezca en absoluto. Podría decirle que le ha enviado este dinero para quitarle toda excusa para negarse a cambiar de dieta, y que Freyberger ha dicho que debe hacerlo. O tal vez pueda encontrar otra excusa.

No tendré tiempo de leer la reseña crítica de mi libro en *Russian Heritage*. Ya he visto bastante sobre este asunto en el número de enero de 1894. En cuanto a Danielson, me temo que no hay nada que hacer con él. Le envié por correo el material ruso de *Internationales aus dem Volksstaat*, y en particular el apéndice de 1894, que fue escrito, en parte, pensando directamente en él. Lo ha recibido pero, como usted ve, es inútil. No hay manera de discutir con esta generación de rusos a la que él pertenece, y que todavía cree en la misión comunista espontánea que distingue a Rusia, la verdadera Santa Rusia, de los demás pueblos profanos.

Por lo demás, en un país como el suyo, donde la gran industria moderna se injerta en la comuna campesina primitiva, y donde todas las etapas intermedias de la civilización están representadas simultáneamente, en un país que, además, está rodeado más o menos eficazmente por una muralla intelectual china erigida por el despotismo, apenas sorprende que se produzcan las combinaciones de ideas más extrañas e imposibles. Ahí tiene al pobre diablo de Flerovsky, que imagina que las mesas y las camas piensan, pero no tienen memoria. Es una fase por la que el país debe pasar. Poco a poco, con el crecimiento de las ciudades, el aislamiento de los hombres de talento desaparecerá, y con él estas aberraciones mentales causadas por la soledad, la incoherencia del saber fragmentario de estos curiosos pensadores, y también un poco, en los *Narodniki*, por la desesperación de ver evaporarse sus esperanzas. De hecho, un ex terrorista *Narodnik* acabaría muy apropiadamente por convertirse en un zarista.

Para participar en estas polémicas tendría que leer una vasta literatura, mantenerme al día y responder. Esto me ocuparía todo el tiempo durante un año entero, y el único resultado útil sería que probablemente sabría ruso bastante mejor de lo que lo sé ahora, pero se me pide que haga lo mismo para Italia sobre la cuestión del ilustre Loria. ¡Y ya estoy abrumado de trabajo!

Jaurés va por buen camino. Está aprendiendo marxismo, y no hay que apresurarlo demasiado. Sin embargo, ya ha hecho buenos progresos, muchos más de lo que me había atrevido a esperar. Por lo demás, ¡no exijamos demasiada ortodoxia! El partido es demasiado grande, y la teoría de Marx se ha difundido demasiado como para que personas de cabeza confusa, relativamente aisladas, puedan hacer demasiado daño en Occidente. En su parte del mundo es diferente, como lo fue para nosotros en 1845-1859.

Comparto su opinión en lo que respecta a Nicolás. El *Zemsky Sobor* vendrá a pesar de este pequeño caballero.

Freyberger acaba de regresar y me dice que Vera está mucho mejor, y que hasta ahora no ha descubierto nada más que un catarro bronquial crónico y desatendido.

Suyo,  
F. E.