Londres, 20 de mayo de 1894
Muy señor mío:

Por su carta del 10 del corriente observo que usted ha hecho y ya enviado a la imprenta una traducción rusa de mis trabajos sobre Rusia que aparecieron recientemente en Berlín, tal como lo hizo anteriormente con otros escritos de Marx y míos.**

Debo señalarle que, con arreglo al Convenio de Berna,°°’ la *Introducción a Trabajo asalariado y capital* de Marx (1891), así como los trabajos arriba mencionados, son de mi propiedad literaria y que sus traducciones a lenguas extranjeras no pueden publicarse en los países de la Unión sin mi permiso. Aun cuando la cuestión de los honorarios desempeñe solo un papel subordinado o ninguno en casos como estos, o en los de verdaderas empresas de partido, me veo, sin embargo, obligado a hacer valer mis derechos en interés de la causa, pues de lo contrario ello significaría asumir yo la corresponsabilidad por la publicación de traducciones realizadas por personas no cualificadas o incompetentes. Y como ya me he comprometido con un tercero, estoy bajo una doble obligación.

Hasta donde yo sé, ha sido costumbre hasta ahora en el partido, incluso en el caso de traducciones de obras no protegidas por el Convenio de Berna, mostrar consideración hacia el autor solicitándole autorización. Pero cuando una obra está comprendida en los términos del Convenio de Berna, esto no es una simple formalidad cortés, sino un deber ineludible del traductor. Usted ha optado por ignorarlo. Por la presente protesto contra su conducta y me reservo todos mis derechos.

Mi objeción a la publicación de una traducción rusa no autorizada de mis trabajos sobre Rusia de *Internationales aus dem ‘Volksstaat’* es tanto mayor cuanto que ya he cedido los derechos de traducción al ruso de estos y otros trabajos, a saber, a la señora Vera Zasulich.

Esto resuelve de una vez por todas su consulta acerca de mi prefacio.

Le saluda atentamente.