A Laura Lafargue y Eleanor Marx-Aveling  

Mis queridas niñas:  

Tengo que dirigiros unas palabras con respecto a mi testamento.  

Primeramente, veréis que me he tomado la libertad de disponer de todos mis libros, incluidos los recibidos de vosotras después de la muerte de Mohr, en favor del partido alemán. El conjunto de estos libros constituye una biblioteca tan única y, al mismo tiempo, tan completa para la historia y el estudio del socialismo moderno y de todas las ciencias de las que depende, que sería una lástima volver a dispersarla. Mantenerla unida y ponerla al mismo tiempo a disposición de quienes deseen utilizarla ha sido un deseo que me expresaron hace tiempo Bebel y otros dirigentes del Partido Socialista Alemán, y, como en realidad parecen ser las personas más indicadas para ese fin, he accedido. Espero que, dadas las circunstancias, perdonéis mi proceder y deis también vuestro consentimiento.  

En segundo lugar. He discutido muchas veces con Sam Moore la posibilidad de disponer en mi testamento, de algún modo, en favor de los hijos de nuestra querida Jenny. Por desgracia, la ley inglesa lo impide. Solo podría hacerse en condiciones casi imposibles, en las que los gastos devorarían con creces los fondos que se trata de salvaguardar. Así pues, he tenido que renunciar a ello. En su lugar, os dejo a cada una de vosotras tres octavas partes del remanente de mi patrimonio, después de haber satisfecho los legados, etc. De ellas, dos octavas partes están destinadas a vosotras mismas, y la tercera octava parte deberá ser retenida por cada una de vosotras en fideicomiso para los hijos de Jenny, para que sea utilizada como vosotras y el tutor de los niños, Paul Lafargue, consideréis más conveniente. De este modo quedáis liberadas de toda responsabilidad ante la ley inglesa y podéis actuar según os dicten vuestro propio sentido moral y vuestro amor por los niños.  

El dinero que debo a los niños por las participaciones en los beneficios de los escritos de Mohr está anotado en mi libro de cuentas y será pagado por mis albaceas a la persona que, conforme a la ley inglesa, sea el representante legal de los niños.  

Y ahora, adiós, mis queridísimas niñas. ¡Ojalá viváis largos años, con salud de cuerpo y alma, y los disfrutéis!  

Frederick Engels  

Tussy tendrá que comunicar a Meissner, Dietz y a la Vorwärts Buchhandlung de Berlín que, de ahora en adelante, deberán pagarle a ella directamente todas las sumas adeudadas a los herederos de Karl Marx en concepto de honorarios, etc. En cuanto a Sonnenschein, eso tendrá que resolverse de algún otro modo, pues el acuerdo sobre El Capital es entre él y yo.  

F. E.