[Borrador]
Londres, mediados de octubre de 1892

Mi querido Bonnier,
He recibido el de Protot* — gracias. Pero ante todo, una corrección.
Dices:

«mientras los socialistas franceses protestan contra la alianza rusa y no quieren oír hablar de una guerra con Alemania, Bebel en particular y tú mismo estáis bastante dispuestos a aceptar la idea de una guerra defensiva contra Francia y Rusia en la que tomarían parte los socialistas alemanes», y que «esas acusaciones, que hallan buena acogida en Francia, irritan a Guesde».

Si los socialistas franceses no discuten expresamente el caso de una guerra defensiva en la que estarían dispuestos a repeler un ataque del Emperador Guillermo’, ello se debe a que es algo bien sabido, reconocido y aceptado que

* Natalie Liebknecht ° Hans Müller — ° E. Protot, Chauvins et réacteurs. — ‘ Guillermo II

no hay necesidad de hablar de ello. No hay un solo socialista en Alemania que dude de que, en tal caso, los socialistas franceses no harían sino cumplir con su deber defendiendo su independencia nacional; no hay uno solo que se lo reproche; al contrario, los aplaudirían. Ese es precisamente el punto de vista de mi artículo. Si no partiese yo de la idea de que, ante un ataque extranjero, los socialistas franceses tomarían las armas para defender sus hogares, todo mi artículo sería un absurdo. Lo que reclamo es el beneficio del mismo principio para los socialistas alemanes en caso de un ataque ruso, aun cuando esté apoyado por la Francia oficial. Lo mismo vale para los discursos de Bebel. Las personas que en Francia se sirven de esto para dirigir acusaciones contra nosotros pertenecen a esa clase que dice: quod licet Jovi gallico non licet bovi germanico; hacerles entrar en razón es, me parece, tarea de los socialistas franceses, y no presenta grandes dificultades.°

° F. Engels, El socialismo en Alemania. — lo que es lícito para el francés no lo es para el bóvido alemán. — ° Las frases siguientes aparecen tachadas en el borrador de la carta: «Que esas estupideces chovinistas irriten a Guesde, lo creo perfectamente, pero no es culpa mía ni de Bebel. Por lo demás, cuando envié mi artículo a París, advertí a mis amigos del peligro, expresando mis temores debidos a las susceptibilidades nacionales; pero se me contestó que, al contrario, era precisamente lo que se necesitaba».

También os advierto que lo que el Sr. Protot cita de mi artículo no es más que burda falsedad.

Dices que el folleto está bien hecho. Yo lo encuentro muy flojo; el final, en que este bromista se las da de economista es más que grotesco. Si tiene un lado fuerte, es el desdén regio que derrama sobre sus lectores. En efecto, hay que suponer que los lectores sean idiotas incurables para atreverse a ofrecerles semejante colección de falsedades palmarias (de las que vos sólo veis retazos) y de mentiras que se contradicen unas a otras. ¿Acaso basta con ponerse una máscara de Déroulède para persuadir a quienes forman la opinión pública en París de que traguen todo lo que se quiera? ¿Ha sobrevivido el boulangismo a Boulanger hasta el punto de ser más poderoso que en vida de Boulanger?

Semejante colección de mentiras y falsedades es, de hecho, irrefutable. Harían falta 3.200 páginas para restablecer la verdad frente a estas 32 páginas. No hay una sola cita de algún significado que no esté descaradamente tergiversada; sólo después de comparar varios textos pude calibrar el descaro del Sr. Protot.

En cuanto al estilo literario, lo encuentro lamentable, en sorprendente contraste con la asiduidad con que ha reunido su material. Evidentemente, aquí ha trabajado otra mano. Desde luego, no la de Protot.

Tampoco es, como cree Vorwärts, uno de los Unabhängiger. Su manifiesto (La lucha de clases, de Hans Müller) se caracteriza por la falta de esmero que ha puesto en la selección de los textos de apoyo.

Tampoco es la policía francesa; se nota que ha metido mano, pero no es ella la que tanto se ha interesado por la política exterior de los socialistas rumanos.

Si el Sr. Protot acusa a estos últimos de ser enemigos de la Santa Rus, si cita en dos ocasiones el Munca (El Trabajo) de Bucarest, y divulga que Nadejde de Jassi es «Zingaro», es porque actúa en interés de la embajada rusa, que debe de haber suministrado estas informaciones, y probablemente también las noticias sobre los socialistas alemanes, recogidas en Berlín por algún agregado de dicha embajada.

Así, pues, el libelo de Protot no sólo responde a los intereses de la policía, sino también a los de Rusia; forma parte integrante de esos esfuerzos frenéticos que Rusia está haciendo para asegurarse una alianza con Francia. Es Rusia, en realidad, quien necesita a Francia. Está tan completamente agotada por la desorganización social causada por la transformación económica que viene experimentando desde 1861, por los estragos de la deforestación, por la ruina de la agricultura y de la industria doméstica, por el hambre y el cólera, que no podría llevar una guerra hasta el fin. Sus finanzas y su crédito se hallan en un estado de colapso que recuerda al de Francia en 1788; si el público occidental sigue manteniendo cerrada su bolsa, no quedan más que tres alternativas: 1) la bancarrota, 2) la convocatoria de una asamblea nacional que sancione un nuevo empréstito, que entonces podría tener éxito en Occidente; 3) la guerra como medida desesperada — y en este último caso Francia es necesaria: una vez declarada la guerra, empeñado el ejército francés, diez contra uno, el zar llegaría a un acuerdo con Guillermo’ y Francisco José’, quienes se apresurarían a reunirse con él, y la belle France pagaría los gastos del banquete de reconciliación.

’ Guillermo II.